Cómo funcionan las transmisiones en el MTB

En los últimos años aparecieron innovadores sistemas que vuelven difícil la elección de relaciones. Diferencias, usos y recomendaciones.

Por

Para los bikers, durante años la propuesta de transmisiones para el MTB se mantuvo inalterable: el clásico rodado 26, tres platos o coronas y 21, 24 o 27 velocidades. Un poco complicado para los nuevos, pero efectivo. Cuando llegó la 3×10 fue casi una sorpresa, a los pocos días apareció el rodado 29 y, casi inmediatamente, aterrizó el 27,5. Para poner todo más divertido, descubrimos las primeras bicis biplato 2×9 o 2×10. Y, cuando los bikers más o menos habíamos digerido semejante parafernalia, ¡llegaron las 1x11y 1×12!

No siempre se puede actualizar

Sin duda, una locura de tecnología mecánica aplicada a la bici que, además de disparar los costos, complica a quien recién se inicia en elegir el modelo que necesita. Es importante aclarar que los últimos cambios de transmisión son tan radicales que no permiten modificaciones en una bicicleta de hace dos o tres años.

Es decir, podemos llevar una MTB con transmisión 3×9 o 3×7 a 3×10, dependiendo del diseño de las vainas traseras y cambiando masa de atrás, shifters, cables y, lógicamente, platos y piñones. Lo mismo y menos complicado y caro es convertirla a biplato 2×9. ¿Y llevarla de triplato a monoplato? Sólo si pasamos a 1×9, que nos quedaría bastante corto en muchos recorridos; pero, si la intención es convertirla a 1×11 o 1×12, hay que olvidarse. Los cambios son tan significativos que sería más económico cambiar la bici.

Reflejo adquirido

Ahora, si no compite en carreras, ¿qué diferencia tiene una transmisión 3×9 clásica, una biplato 2×9 o una monoplato 1×11 para un biker que hace cicloturismo y un poco de sierras o montaña? Las disparidades son notorias pero no excluyentes; es decir, no es imprescindible un misil 1×11 para divertirse si con esa transmisión no se puede viajar cargado con alforjas.

La principal diferencia del 1×11 es la falta de shifter del lado izquierdo: nuestros dedos se encontrarán huérfanos al faltarle la palanquita que sube y baja los platos. Todo el trabajo lo tendrán ahora el pulgar e índice derechos, que gatillarán constantemente para acomodar la torta de piñones al pedaleo. Cuando más pedaleados estemos, más rápido nos aclimataremos a este cambio y nuestras piernas lo sentirán. Lo que antes solucionábamos subiendo un plato o corona, ahora significará gatillar dos o tres veces para utilizar el piñón correspondiente. Pero es intuitivo: antes que nos demos cuenta tendremos el reflejo adquirido a las nuevas relaciones.

Ya que las monoplato son nuevas y más especializadas, nos vamos a olvidar de ellas un rato y vamos a ver cómo utilizar un triplato clásico en una salida de cicloturismo. No hace falta aclarar que siempre es bueno calentar un poco los músculos, así que arrancaremos tranquilos y, si hace frío, hasta podemos caminar empujando la bici por un rato.

Una vez sentados, debemos seleccionar una relación que permita movernos pero sin exigir los músculos, por lo que sería ideal el plato chico y piñón grande (gráfico 1). De esa manera nos moveremos lento, pero las piernas no sentirán el esfuerzo. Recién después de unos 500 metros podremos pasar al plato del medio. Y ya con la musculatura en caliente, bajamos un par de piñones para tener un ritmo de marcha parejo.

Sin el cuchillo entre los dientes

Recordemos que en una salida de cicloturismo tranquila no sirve matarnos de entrada, las claves son ganar resistencia y disfrutar de la pedaleada, por lo que mantener el ritmo de marcha es lo que nos irá fortaleciendo. Tenemos que evitar salir con el cuchillo entre los dientes en frío, ya que puede exponernos a una distensión o desgarro.

Cuando el terreno se ponga pesado por el polvo o por una pendiente, volveremos al piñón grande y, si notamos el esfuerzo en las piernas, no dudemos en colocar el plato chico para generar más torque: el famoso revoleo.

Pero como todo lo que sube, baja: los descensos se disfrutan el doble. Entonces debemos tener en cuenta que la cadena no flote, por lo que pasaremos al plato grande e iremos gatillando con el índice derecho hasta colocar el piñón del medio o el más chico (gráfico 2), si la pendiente es pronunciada. Esa relación permitirá tomar más velocidad y, al llegar a la parte plana, habrá que bajar nuevamente al plato del medio.

¿Qué puede suceder si queremos arrancar con esa relación (piñón chico/plato grande)? La bici prácticamente no se moverá y deberemos pararnos sobre los pedales para tomar carrera, algo nada recomendable si tenemos pocos kilómetros rodados y los músculos están fríos.

El viento en contra es similar para el cuerpo que una pendiente en ascenso, por lo que si se da el caso utilizaremos el plato del medio y los dos o tres últimos piñones (los más grandes). Si cargamos demasiado la bici con el plato grande, gastaremos demasiada energía. Y, obviamente, nos apilaremos al manillar todo lo posible para no generar tanta resistencia al avance.

Combinaciones de platos

Un tema a tener en cuenta es evitar cruzar la cadena, es decir que nunca –pero nunca– debe estar en el plato grande y piñón grande o plato chico y piñón chico. La cadena sufre al trabajar de esa manera, puede haber roce con el desviador delantero y los dientes de los mecanismos se deteriorarán con facilidad.

Obviamente que una mountain bike monoplato de última generación es un universo distinto, pero no siempre es imprescindible tener lo último. Un tema es la competencia, donde se necesita una bici liviana y veloz en el pase de los cambios –y hasta se cambia el plato de acuerdo con las características de la competencia– pero para hacer cicloturismo, entrenar o sólo salir a desenchufarse, nos podemos arreglar –y disfrutar– con la clásica transmisión triplato o biplato. Y, aún así, no es determinante esta tecnología de punta. En la bici la frase: “es el indio, no la flecha”, se comprueba en cada kilómetro rodado.

Nota completa en Revista Weekend del mes Mayo 2018 (edicion 549)

Temas en este artículo: , ,

Deja un comentario