Jáchal: Un recorrido por las tradiciones de San Juan

A 180 km de la capital se encuentra la ciudad que es la cuna de la costumbre, de los membrillos y de la poesía sanjuanina. Un circuito imperdible para no perderse de nada.

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Hacemos un alto para comprar semitas: unos panes crujientes por fuera y esponjosos por dentro que tiene el inigualable sabor que le dan los chicharrones. Además, están tibios, lo que los convierte en un bocado fantástico, adictivo e ideal para acompañar con mates. Estamos en el pueblo de Niquivil, rumbo a Jáchal, ciudad sanjuanina muy tradicionalista y cuna del famoso poeta y periodista Buenaventura Luna. Será por eso que nos recibe el Tata Díaz, maestro rural jubilado y un gran decidor de poesías, que saluda con estos versos: “Viejo poncho sanjuanino/refugio de mi osamenta/cuando azota la tormenta/al alto poniente andino”.

Así comienza nuestro recorrido por Jáchal. Lo primero que hacemos es ir a tomar un trago en el Bar Garcés, que mantiene toda la impronta de lo bello y antiguo: la barra de madera, la caja registradora, la campana de vidrio bajo la que descansa un patay. Luego, la recorrida por la iglesia que alberga a un cristo negro del siglo XVIII y la contemplación, en la plaza principal, de una escultura de Narciso Laprida hecha con el talento de Lola Mora.

 

 

 

 

 

 

 

Trigo hecho harina

“Nos esperan en el molino”, nos dicen, haciendo referencia a un molino harinero construido en 1876 que posee la categoría de Monumento Histórico Nacional (junto con otros que también hacen al circuito) y que aún está en funcionamiento. Sí, este molino con el antiguo sistema de noria y molienda a piedra procesa 600 kilos de harina por día, 6 meses al año. Es conmovedor recorrer sus niveles y vericuetos, ver desde el agua que pone en acción la maquinaria hasta el trigo convertido en una harina blanca, suave, sedosa, que se cuela entre los dedos. “Trabajé aquí toda mi vida”, dice Manuel, que sigue a cargo del Molino y es el mejor de los guías para mostrar sus secretos mientras nos cuenta que las familias quedan fascinadas luego de la recorrida. “Esta es la historia misma de Jáchal”, explica con orgullo.

A unos minutos de los molinos visitamos a la asociación La Faldeñita, dedicada a la elaboración de cosas ricas como dulce de melón, de damasco, tomate y de sandilleja, una fruta que por fuera es idéntica a una sandía… pero que al final no es y cuyo dulce es algo diferente a todo. “En este salón recibimos a los turistas y les damos una merienda gratuita de yerbiao (mate cocido) y sopaipillas (tortas fritas) –describe Alicia– y, además de los dulces, también hacemos arrope de chañar y café de algarroba”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Comino y cerveza

Camino a Huaco pasamos por el camping sobre el río del mismo nombre y por el área protegida La Ciénaga, de 9.600 hectáreas, donde abundan los algarrobos blancos y negros, y posee una gran riqueza ornitológica. Cerca de allí nos recibe el grupo de turismo rural El Cardón, que ofrece actividades de trekking en la montaña, biciturismo, comidas al horno de barro y participar de actividades rurales como la producción de comino.

Al caer la tarde, volvemos a la ciudad de Jáchal y terminamos la jornada en el Mil Ochocientos, un pub con estilo vintage que ofrece cervezas y buenos acompañamientos. Ideal para esa hora crepuscular donde dan ganas de sentarse en una mesa en la vereda y hacer un balance del día.

Sabores cuyanos

En nuestra segunda jornada sanjuanina, la premisa es hacer recorridos cercanos a la ciudad. Comenzamos visitando la titánica belleza del Teatro del Bicentenario con un hall de 1.500 m cuadrados con una instalación artística llamada “Preludio y fuga”, que impacta con su presencia: partituras que cuelgan del techo hasta el piso… o al revés: música que se eleva de la tierra hacia el cielo. Todo depende de cómo se mire. La visita guiada es minuciosa y recorremos el teatro por todos sus espacios: salas de ensayo, palcos, plateas, mientras nos explican los criterios de su construcción y los detalles de su belleza (por ejemplo, cuenta con arañas de policarbonato ultralivianas, de apenas 13 kilos cada una).

“Vamos a probar tomates”, nos apura Renato, el guía. En Pocito, a 8 kilómetros de la ciudad, nos esperan en un establecimiento donde se producen tomates y berenjenas secados al sol. Allí nos enteramos de que cada tomatito seco que uno consume alegremente es la mitad de un tomate fresco y que, de un cajón de 20 kilos, se saca sólo uno de seco. “Estamos muy cerca de las rutas del Vino y del Olivo, así que es ideal hacer un alto para degustar tomates”, dice Renato. Y tiene razón. Además, maridan muy bien con las berenjenas. Y sí, hay algún queso y pan crocante.

En el departamento de Zonda visitamos la bodega Fincas Sierras Azules, donde la propuesta consiste en recorrer los viñedos, ver el proceso del vino y terminar con la clásica degustación donde el sommelier nos lleva de la mano para vislumbrar sabores, aromas, colores y densidades. Como hace calor, el rosado, fresco, se lleva todos los premios. Marida muy bien con frutos secos.

 

Punta de espalda

El último momento de nuestro recorrido es con el plato fuerte o, mejor dicho, el plato tradicional sanjuanino: un corte vacuno llamado punta de espalda que, además de ser exclusivo del lugar, hasta tiene una forma parecida a la provincia. “Así es -nos cuenta Mauricio Tereszko, cocinero especializado en preparar este corte de todas las formas imaginables-. “Es una carne sabrosa, versátil y que nos identifica”. Mientras esperamos que llegue, brindamos con un rico vino nacido y criado en esta tierra del sol.

 

Nota completa en Revista Weekend del mes Mayo 2018 (edición 548)

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