Caminatas gourmet por San Luis y Córdoba

Actividades en un microclima energizante, con diferentes circuitos para aventurarse mientras se descubren las delicias y los personajes locales.

Habíamos llegado a Villa de Merlo, en la provincia de San Luis, para hacer base allí y experimentar esta nueva propuesta turística: por un lado tenía que ver con el turismo activo a través del trekking y también un poco de mountain bike. Por el otro, descubriríamos las rutas gastronómicas locales, que agregan a lo tradicional un toque moderno y refinado.

A estos dos atractivos se sumaban los elementos históricos y culturales, siempre tan ricos en el norte argentino. En esta región estamos en el conjunto más oriental de las Sierras Pampeanas, constituido por tres cordones paralelos entre sí y situados en su mayoría dentro de la provincia de Córdoba, aunque con prolongaciones en Santiago del Estero (Sumampa y Ambargasta) y San Luis. El oriental es el de las Sierras Chicas; el occidental (más hacia el lado de la cordillera) está formado por tres cadenas principales: Guasapampa, Serrezuela y la Sierra de Pocho; y también existe el Central que, como su nombre lo indica, corre entre los dos anteriores.

Este último cordón –el Central–, a su vez se divide en tres sectores: el primero es la Sierra de Gaspar, que termina hacia el norte en las inmediaciones de Cruz del Eje y hacia el sur pierde altura y se ensancha en la Pampa de Olaen y de San Luis. El segundo está más hacia el sur, con las Sierras de Achala que llegan hasta el Champaquí, donde  finalmente comienzan las Sierras de Los Comechingones, cuyo filo es el límite entre las provincias de San Luis y Córdoba. Estas sierras constituyen magníficos escenarios para iniciarse en el trekking de montaña, una actividad que comenzó en los Alpes europeos y que se ha vuelto popular en todo el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Alas para los caminantes

Lo primero que hicimos para sacarnos las tensiones del viaje fue salir a caminar. Lejos de cansarnos, algo le daba alas a nuestros pies… ¿Qué era eso que nos daba inusual energía? ¿Eran acaso el aire y el clima del lugar?  En contacto con ese ambiente serrano pudimos comprobar que así era: conocimos y sentimos los beneficios de un fenómeno singular que se conoce como microclima merlino (ver “Secretos del…”).

 

Por el bosque de molles

 

Para darle un eje temático a los trekkings, entre todas las opciones que presentaba el Grupo NTG elegimos los senderos que nos llevarían hasta saltos de agua rodeados por paisajes paradisíacos. En Pasos Malos, a 1.250 m de altura, hay un bosque de molles entre los cerros con senderos que bajan hasta un arroyo. Bordeando sus márgenes se puede llegar hasta la Cascada Escondida. El aire es puro y fresco, ideal para hacer trekking y observar los paisajes del valle.

Rincón del Este también tiene escenarios de vistas hermosas. Remontando el arroyo El Molino se llega hasta el famoso Salto del Tabaquillo. Con el guía Toni Yvañez hicimos una salida más larga para meternos en el corazón de las sierras y llegar hasta la provincia de Córdoba. La actividad combina una travesía en una Defender 4×4 que, saliendo desde Merlo, hace un imperdible recorrido atravesando los paisajes del Camino del Filo.

Hay, al final, un tramo fuera de pista hasta llegar al punto donde comenzamos a caminar. El trekking tiene poca dificultad, salvo en el último tramo, donde hay un descenso abrupto. Al final de la bajada se llega al espectacular Salto del Tigre. La vuelta es un poco más difícil por la subida inicial pero todo el programa nos llevó una tarde. Una opción es hacer el camino de ida por la mañana y quedarse durante el mediodía para un picnic en el bello salto, antes de regresar.

Alto Rumbo ofrece otra alternativa: saliendo también desde la Villa de Merlo, llegan hasta el Puesto de Tono Albornoz para descender hasta la quebrada del Pueblo Escondido, visitar ese poblado fantasma y conocer su historia. Hay un programa de tres días que incluye, además del trekking al Salto del Tigre, un ascenso al Cerro Blanco y un campamento para ver la inmensidad de las estrellas en la Aguada del Bosque, un lugar increíble y muy pintoresco.

Otra propuesta del operador es viajar a conocer un nuevo refugio, una construcción única en la Argentina formada por un gran doble domo (70 y 40 m2) sobre una pequeña meseta serrana que domina el Valle del río Tabaquillo, en el corazón de las Sierras Grandes. Tenemos que hacer un transfer por el Camino de las Altas Cumbres que nos llevará hasta la cumbre del cerro Los Linderos, a 2.720 m de altura, cerca del pico de la montaña más alta de Córdoba, el cerro Champaquí. Allí se baja del vehículo en lo alto de Los Linderos, para descender por una ruta poco frecuentada hacia el refugio de los domos, ubicado muy cerca del campamento Rancho de Luna.

Los caminos de las delicias

Y como todo tiene que ver con todo, como siempre dice el gran Pancho Ibáñez, a mayor actividad física, más apetito. Y justo hay grandes rutas gastronómicas para disfrutarlo a pleno.

Siguiendo con la crónica del viaje, de vuelta en la Villa de Merlo nos subimos a las mountain bikes y tomamos el camino de Circuito Chico para llegar a Pasos Malos y conocer un lugar emblemático dentro de la Ruta Gastronómica del Chivito: un restaurante gourmet y parador de montaña que se llama No Tire Godoy. Funciona durante el día pero no a la noche, porque la red de energía no llega hasta lo alto de las sierras y tienen que generar electricidad propia con paneles solares. El paisaje circundante es un elemento importante en la experiencia, belleza de la naturaleza que alimenta el espíritu.

Y, para alimentar el cuerpo, la especialidad es el chivito, que se prepara de varias maneras. Hay una gran construcción separada de la principal del restaurante, el territorio que domina Lucas Meleiro, quien nos explicó todos los pasos para lograr sus exquisitos chivitos al asador. Cada uno es importante, desde la selección de la leña (los troncos elegidos llevan un sello de aprobación), pasando por cómo se van rotando los chivitos sobre el fuego o los condimentos de la carne, que incluyen hierbas de la propia huerta como romero, tomillo, menta, melisa, orégano y salvia.

En la cocina del restaurante, el cheff Brian Ianini prepara varias delicias, una de ellas son las empanadas que se sirven como entrada: gigantes, con una masa frita seca y crujiente y un relleno de cordero cortado a cuchillo.

Siguiendo el camino del Circuito Chico se llega a Piedra Blanca y la casa de té Merlín. Allí sirven la infusión en muchas variedades, como té verde, naranja y jengibre; con arándanos; de coco; de jazmín; con frutos rojos; de menta o chocolate y naranjas. Mario Scardapane, el dueño de la primera y muy pintoresca casa de té de la Villa y un aficionado al ciclismo de buen nivel, nos mostró un par de circuitos en la zona, que hicimos sin gran esfuerzo gracias a ese mágico aire merlino.

Mario nos contó que otros dos clásicos para recorrer son el Camino del Filo o, tomando la Ruta 1, pedalear hasta el Km 25 donde está el dique Piscu Yaco. Al final del Circuito Chico, la Avenida del Sol es una arteria con puntos gastronómicos para probar. Por ejemplo, La Lomitería convierte su variedad de sandwiches de lomito en platos gourmet, por sabor y presentación. En El Tono también se pueden pedir delicias regionales como empanadas o tamales. El lugar tiene una ambientación temática relacionada con la vida y obra del poeta Antonio Esteban Agüero y, por la noche, hay peña folklórica.

 

El parque temático Yucat

 

No hay que dejar de visitar este lugar único. La experiencia muestra una gran fidelidad histórica y es, a su vez, muy amena y hasta divertida en el final. Es un emprendimiento familiar dirigido por Alberto Segade.

La misión de Yucat es que sus visitantes se trasladen en el tiempo a un pueblo comechingón, recorriéndolo como si estuviesen realmente en el siglo XVI –alrededor del año 1550–. El parque temático está recreado a tamaño real y usando materiales de la época. Diversas escenografías reproducen distintos aspectos de la vida de los comechingones, una etnia aborigen que habitaba parte de Córdoba y San Luis al momento de la llegada del conquistador.

Para el final dejamos otra visita impostergable, que une naturaleza y cultura. Tomamos de nuevo el Circuito Chico hasta Piedra Blanca, donde está el Algarrobo Abuelo. El árbol es imponente y tiene más de 1.000 años, posiblemente unos 1.200. Pertenece a la especie Prosopis chilensis, una variedad de algarrobo blanco.

Hace unos 280 años se convirtió en un preciado tesoro para los Agüero, una familia de origen hispánico. El árbol familiar fue fuente de inspiración para uno de los grandes poetas de la Argentina: Antonio Esteban Agüero (1917-1970), quien le escribió la Cantata del Abuelo Algarrobo.

Ir a ver este espécimen de por sí es una linda salida, más aún si se encuentra en el lugar su último dueño y sobrino del poeta, Vicente Orlando Agüero Adaro. Si se tiene la suerte de charlar un rato con él, la conversación no sólo puede ser sobre el árbol familiar, quizás derive hacia muchas cosas más, porque además de filósofo, profesor universitario de arte y artista plástico, Orlando fue montañista, piloto de avión, minero, buscador de oro y es navegante de altamar. De hecho, está armando un velero para viajar al Mar Caribe y luego seguir por los siete mares. Un personaje fascinante para rematar nuestra aventura.

 

Nota completa en Revista Weekend del mes Mayo 2018 (edicion 548)

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