La Soraida: la laguna del momento para el pejerrey

En sus 9.000 hectáreas, este espejo ubicado en Villa Cañás, Santa Fe, brinda piezas en abundancia. Sus ejemplares llegan a los 750 gramos.

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Explicar cómo terminamos en la laguna La Soraida no es difícil. Estamos en otoño, los pescadores deportivos revisan sus equipos para una de las pescas que cultiva más adeptos: la del pejerrey. A través de los años me di cuenta de que va cambiando la afluencia de pescadores a diferentes pesqueros. Enseguida, por las redes sociales y el boca a boca, se sabe qué pesquero está rindiendo. La calidad, el acceso y los servicios que ofrecen hacen que el de esta nota sea uno de los preferidos.

 

Laguna populosa

La Soraida es una laguna que recibe únicamente agua de lluvia, es decir que no tiene ni entrada ni salida de agua. Se formó en campos inundados y, de acuerdo con la cantidad de lluvia que recibe, se va agrandando. Su cubeta original es de 7.000 ha y hoy ya llega a las 9.000 ha; la profundidad media es de 3 m y su fondo es barroso en el centro y de tosca en su contorno. Tiene juncales tupidos en una parte y ralos en otra; sus costas  son de suave declive hacia el centro, tiene mucha comida de panzones y morenas y una de sus características es que no hay dientudos.

Diego Guapper, amigo y guía del lugar, me convocó. En años anteriores encontré buena pesca en la laguna; los pejerreyes desaparecieron por temporadas pero, en la actualidad, estaban activos. Fui con mi amigo el Chino Cacase, viajando desde la Capital Federal hasta la provincia de Santa Fe.

El acceso se realiza por la RP 94, donde el monumento al gaucho anuncia el desvio de tierra. Un cartel que dice “Pesquero Rovea” marca el rumbo, por un tramo de 15 km de camino rural que se mantiene en buen estado de conservación. Al llegar al lugar, me sorprendí por la importante cantidad de embarcaciones, autos y pescadores que se concentraban allí.

Este pesquero tiene una buena bajada de lanchas y un canal de acceso a la laguna bien profundo, con una proveduría y venta de carnada, con lugar para limpieza de pescado a un costado, que es amplio. Se pueden alquilar embarcaciones con o sin motor, con guía,  con una oferta generosa.

Despues de los saludos correspondientes, Diego me comentó que el pesquero estaba recibiendo mucha demanda porque la pesca era más que interesante y que había flechas de plata en todas las profundidades, cualidad que atrae especialmente a los cordobeses que pescan a fondo con balancín, aparatito o paternóster. La calidad del pescado a esa profundidad es más chico, oscila en los 28 cm pero hay mucho. Su recomendación fue usar una línea convencional de tres boyas con brazoladas de alrededor de 30 cm, buscando pejerreyes más grandes.

Tenía la embarcación preparada, a la que subimos con gran expectativa, y nos adentramos a la laguna. Había viento regular del Este en un día soleado. Previamente habíamos desplegado nuestras cañas, colocándole un reel frontal cargado con nylon de 0,25 mm y mis compañeros usaron multifilamento de 0,16 mm, que es bien resistente y flota, a diferencia del nylon que hay que colocarle flotalínea para que no se hunda. La diferencia radica en el estiramiento. Como pesco con una caña de acción de punta potente, necesito que, al clavar, que el nylon se estire para no revolearlo ya que, en la clavada, el ángulo de la caña es de 90º. En el caso de Diego, que usa multifilamento, la caña es más de acción parabólica y menos potente. El pesca con el reel abierto, dándole hilo para que su línea se aleje de la embarcación; en el momento del pique, deja que el pejerrey lleve su boya para accionar la caña en el momento oportuno con un movimiento suave clavando al pez.

De tolete

La idea era empezar a pescar anclados, porque tendríamos el sol de espaldas, pudiendo divisar las boyas muy bien. Atamos las líneas de tres boyas en madera balsa palito desigual Critero 8 y 8/0 y cometa 5/0, todas con purpurina, separadas entre sí a 1,40 m y dejando en la boya un juego de 20 cm armadas con nylon de 0,35 mm. Le coloqué brazoladas cortas de 25, 30 y 35 cm de largo.

Anclamos la embarcación de tolete para pescar más cómodos, arrojando la línea a favor del viento. Al caer al agua, la acomodamos juntando el excedente de nylon para alinearla, es decir, dejándola perpendicular a la embarcación. La técnica que utilizamos era darle hilo o nylon para que las boyas, por acción del viento, se pusieran de costado alejándose del bote, buscando al pez, siempre muy bien alineadas. Cuando se produce el pique, la boya se desordena –en la mayoría de los casos hacia los costados– arrastrando la boya.

Diego accionó su caña que se arqueaba comentando: “es grande”. Fue acercando la línea a la embarcación y, al ver su presa, realmente era grande: pesaba alrededor de 750 g, gorda y combativa. Pese a que los piques no eran continuos, y había que hacer derivar la línea para encontrarlos, los pejerreyes fueron todos buenos. Los más chicos midieron 30 cm y el promedio fue de 36 cm, con varios de más de 500 g. Tomaban la carnada parando la boya, girando a su alrededor y haciendo borbollones mientras se acomodaban la carnada en la boca. Al clavarlos, explotaba el agua, una imagen que queda grabada en la mente del pescador .

 

Al mediodía resolvimos garetear porque el sol se había corrido y no molestaba. Lo hicimos con la embarcación atravesada y con el mismo ancla invertido. La idea era pasar al costado de unos juncales ralos pero tuvimos muy pocas respuestas, por lo que decidimos volver a anclarnos. A es altura habíamos conseguido unas 60 piezas buenas entre las tres cañas, por lo que volvimos hacia el pesquero donde nos esperaba un rico asado.

Resumiendo, este pesquero me sorprendió por la calidad de sus pejerreyes, la muy buena disposición de la gente que lo atiende y sus instalaciones . Es muy recomendable hacer una pasada porque no lo defraudará.

 

Nota completa en Revista Weekend del mes Mayo 2018 (edicion 548)

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