Capturas sin tregua en el Amazonas

A bordo del barco médico Doutores das Aguas, el río Tupana nos ofreció una muy buena cantidad y calidad de tucunarés.

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Tucunarés en una reserva indígena, una excelente propuesta para justificar un viaje al Amazonas. Mucho más si se pesca en un río que nunca hemos visitado y si el centro de operaciones es el Doutores das Aguas, barco insignia de una ONG del mismo nombre, que lleva médicos y paramédicos que atienden sin cargo a los ribereños de estas remotas regiones de la selva brasileña.

Con un grupo de 12 entusiastas, llegamos al mediodía a Manaos y lo primero que hicimos fue disfrutar de la hermosa piscina del hotel Tropical. Obviamente, las charlas giraron en torno a la pesca. Más tarde, a pesar de que había 35 grados, fuimos a dar una vuelta a uno de los shopping de esta capital provincial y, por supuesto, terminamos en una casa de pesca. Entiéndannos, estábamos en el estado de Amazonas y, al día siguiente muy temprano, tomaríamos un hidroavión para llegar al barco que nos esperaba en el río Tupana. Este curso desemboca en la orilla noroeste del Madeira, margen en la que, curiosamente, habitan tucunarés cichla temensis, los más grandes del mundo. Los ríos de la ribera de enfrente tienen al cichla pinima, el segundo en tamaño.

La mañana empezó con un desayuno frugal, liviano, para disfrutar mejor de la sensación de volar en un aparato que se posa sobre el agua. El hidroavión voló bajo, lo que nos permitió ver cómo se juntaban las aguas de los ríos Solimoes y Negro, una mezcla de dos colores que dan forma al caudaloso Amazonas.

Tras media hora de vuelo divisamos el barco. Dimos un rodeo, aterrizamos y amarramos. Los botes de aluminio donde pescaríamos los próximos seis días se acercaron a buscarnos. No tardamos mucho en bajar las valijas, que estaban livianas para no exceder los 15 kilos que permite el avión; sólo llevamos dos mudas de ropa, algunos productos de tocador, cámaras fotográficas y los elementos de pesca.

Preparativos

Pescaventura, la agencia de turismo de Rubinho, amigo personal y periodista, opera en exclusividad este cómodo barco, que cuenta con camarotes para cuatro o dos personas, dependiendo si navega en misión sanitaria o para una salida de pesca. Además, está perfectamente equipado con aire acondicionado y baño en suite.

A la mañana siguiente nos reunimos en el comedor de popa a las 5:30, desayunamos y, media hora más tarde, empezamos la pesca.

El tucunaré es un pez territorial que aprovecha los obstáculos para cazar, por lo que los mejores lugares suelen ser puntas, troncos, piedras y drop off, especie de vallecitos más hondos en los bancos de arena. Se lo puede pescar con carnada natural, mosca y señuelos. Nosotros elegimos esta última modalidad.

Mauro Almeida Prado, primo de Rubinho, comandó la operación. A la llegada nos dijo que, en la última semana, el río Tupana había bajado más de tres metros. Los tucunarés solían picar en medio de los árboles, donde casi siempre cortaban las líneas. Ahora todos estos lugares estaban secos, por lo que hubo que salir a buscar e insistir bastante.

Debido al bajo caudal del río, tuvimos que ir alternando en el uso de artificiales de superficie y subsuperficie. De los primeros, los que dieron los ejemplares más grandes fueron las hélices. No se recomiendan los que se usan habitualmente para las tarariras, porque al tucunaré le gustan los de 14 centímetros de largo, como mínimo, con una o dos hélices, que son muy ruidosas y se deben recoger con muchas velocidad, para que el agua salpique y deje un surco a la pasada. A veces se recomienda hacer una paradita de dos o tres segundos entre cada golpe de caña, mientras se guarda el multifilamento en el reel, momento en el que suele llegar el ataque.

Cantidad y calidad

El trabajo con hélices es tan rendidor como cansador, especialmente porque no lo solemos practicar seguido; además hay que sumarle el calor, que apretaba bastante. Al final optamos por cambiar los señuelos y probar con paseantes, artificiales muy atractivos que se mueven en superficie y se inclinan a un lado y otro, provocando ataques muy violentos. Aunque la cantidad de la pesca era realmente buena, aún no estábamos conformes con los tamaños. Con un colega, Marcos, llegamos a sacar más de cien piezas el segundo día pero, aún así, empezamos a probar zigzagueando la línea un poco más hundidos. El resultado fue que Marcos rompió dos artificiales por tantos piques, con ejemplares que oscilaron entre los 3 y los 5 kilos.

De los seis días de pesca, uno solo bajamos a tierra firme. Con Mario subimos un pequeño albardón, donde encontramos una laguna de costa bastante firme que no tardamos en aprovechar. Los piques también se dieron a media agua, aunque en este sitio sacamos varias tarariras.

Para llegar a la costa de enfrente, una pequeña isla en el centro del espejo, le pedí que colocara un minnow específico para ganar más distancia, con el cual obtuvimos varias taruchas y hasta un tucunaré mediano. Entre los árboles de enfrente, nuestro guía tuvo dos piques muy explosivos pero le resultó imposible sacarlos porque la maraña de palos sirvió como guarida para los tucunarés.

Debido a la pronunciada bajante y el riesgo a encallarse, el barco no navegó de noche. Aun así, durante el día fuimos encontrando nuevos lugares sin explotar, donde sufrimos cortes por parte de peces que superaron los cinco kilos.

Un solo día nos tocó un fuerte y corto aguacero. Los demás fueron de sol pleno y con muchísima acción, destacándose especialmente las puntas costeras, lugar favorito para el acecho de las piezas de mejor tamaño. Durante cada almuerzo y cena, el intercambio de opiniones nos ayudó a mejorar. Hasta tuvimos la notable compañía de don Fernado, padre de Mauro y tío de Rubinho quien, con sus 93 años, pesca con la misma emoción de un iniciado.

En la última jornada, con un dejo de tristeza, abordamos el hidroavión y revivimos ese mágico despegue, cuando parece que la nave nunca levantará vuelo hasta que pica sobre la copa de los árboles. Atrás quedó el Doutores das Aguas, una inolvidable embarcación que no sólo brinda muchas alegrías a los pescadores, sino que también se ocupa de todos los ribereños que necesitan una mano.

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