Siguiendo las huellas de Marx

Un recorrido por los puntos de Londres en los que comía, vivía o charlaba el escritor y político durante su exilio. También el recorrido desde Tréveris hasta su muerte en la capital de Inglaterra.

Por

Karl Marx y Friedrich Engels eran bastante amigos. En su exilio común en Londres se veían diariamente. La distancia entre sus casas era solo diez minutos andando. Hoy, los turistas todavía pueden recorrer ese camino e imaginarse la brecha de
prosperidad entre el filósofo, que muchas veces estaba sin empleo, y
el hijo rico de un industrial.

La casa de Engels, perfectamente conservada, se encuentra en la calle
Regents Park 122, en el carísimo barrio de Primrose Hill. En ese
distrito están pegados unos a otros tiendas y cafés elegantes. El
parque homónimo Primrose Hill ofrece una magnífica vista de Londres.

El camino que va a la casa de Marx pasa por un viejo puente de hierro
y atraviesa la empinada colina Haverstock, que une el centro de
Londres con el área de Hampstead. Un camino corto con pocas calles
pero que separa dos mundos diferentes. El sitio donde vivió Marx es
hoy un lugar triste. La casa de cuatro plantas en la calle Maitland
Park en la que el autor de “El Capital” pasó los últimos ocho años de
su vida ya no existe. En su lugar aparecen viviendas sociales habitadas por inmigrantes, como también lo fue Marx.

Londres fue la estación final de una vida que había comenzado muy
lejos de la capital británica, en Tréveris, en el oeste de Alemania.
Una visita a esta ciudad pone en evidencia que el propio Marx, el
principal teórico del comunismo, no era un proletario. Basta con
echar una mirada a su casa natal de estilo barroco y aspecto
señorial.

Actualmente, el edificio de la calle Brückenstraße alberga un museo que,
desgraciadamente, ya no tiene la decoración original y ofrece
principalmente paneles informativos llenos de textos. Para el 5 de
mayo próximo, el bicentenario del nacimiento de Marx, está previsto
la reinauguración del museo con un nuevo diseño. El propio Marx nunca
tuvo recuerdos de esa casa porque, un año después de su nacimiento,
la familia se mudó al callejón Simeongasse.

A la edad de 18 años, Marx abandonó su ciudad natal y se mudó a Bonn
para estudiar. En el museo universitario del castillo de Bonn se
exponen documentos originales que certifican que Marx alguna vez fue
encerrado en una celda de la universidad “por embriaguez y por haber
causado ruidos molestos durante la noche”.

A causa de este curioso detalle de su biografía, el museo se
ha convertido en una suerte de lugar de peregrinación para turistas
de la República Popular China. “A ellos les divierte esta historia”,
cuenta el director del archivo del museo, Thomas Becker.

Como sus publicaciones le causaron rápidamente problemas
con las autoridades prusianas, Marx se mudó en 1845 a Bruselas.
Tampoco en la capital belga hay que buscar las huellas del autor del
”Manifiesto comunista” en los antiguos barrios obreros. El camino
va directamente a la Grand Place, en el centro histórico de la ciudad.
En esta plaza se encuentra el bar, instalado en una casa gremial,
donde Marx solía debatir con otros exiliados alemanes. El edificio en el número 9 de la plaza, con su magnífica fachada, es fácil de reconocer por el cisne barroco que cuelga sobre la entrada.

Un bloque de viviendas sociales se erige hoy donde antiguamente estuvo la casa en la que Marx pasó los últimos ocho años de su vida

El año de la revolución en Europa, 1848, lo pasó Marx sobre todo en
Colonia, una ciudad liberal ya en aquel entonces donde el filósofo
editó el periódico “Neue Rheinische Zeitung”. Desgraciadamente, la
redacción de la publicación, en la plaza Heumart, fue destruida en
un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando el ímpetu de la revolución se esfumó en 1849, Marx abandonó su
patria y nunca más volvió a Alemania. Junto con su mujer, Jenny von
Westphalen, que pertenecía a la nobleza, y sus tres hijos pequeños, se
mudó a Londres. Su primer domicilio en la capital británica se
encontraba en el Soho, un barrio bohemio en la actualidad. En la
calle Dean Street 28 hay una de las placas azules con las que la
ciudad recuerda a sus habitantes más famosos.

En el museo universitario en el castillo de Bonn se exponen documentos originales

En 1856, gracias a una pequeña herencia de Jenny, Marx pudo
permitirse el traslado a una zona mejor de Londres, a Hampstead.
Primero vivió en el número 46 de la calle Grafton Terrace, cuya
fachada se ha mantenido intacta. Después de recibir más herencias,
los Marx incluso alquilaron en 1864, muy cerca de allí, una casa individual con
un gran jardín, Modenas Villas número 1, en la calle Maitland Park.
Esta casa hace tiempo que quedó reducida a polvo. Finalmente, la
pareja se mudó en 1875 a una casa más pequeña, en Maitland Park Road
41.

Todos los días, Marx viajaba en un autobús tirado por caballos a la
British Library (Biblioteca Británica), en cuya sala de lectura se
quedaba desde la mañana hasta la noche. Allí trabajó en lo que llamó
”mierda económica”, en alusión a lo que sería su gran obra, “El
Capital”. Los domingos, Marx y su familia se relajaban en Hampstead
Heath, un área de bosques y prados que hasta el día de hoy sigue
siendo uno de los destinos recreacionales más populares entre los
londinenses.

En el número 46 de la calle Grafton Terrace, en el barrio londinense de Hampstead, vivió Marx entre 1856 y 1864.

Marx vivió en Londres de 1849 hasta su muerte, en 1883. Sin embargo,
casi exclusivamente se relacionaba en esta ciudad con compatriotas y
nunca perdío su fuerte acento alemán. A principios de los años 1880,
su salud comenzó a resquebrantarse. Cuando Engels hizo una de sus
visitas habituales a la casa de Marx en Maitland Park Road, en la
tarde del 14 de marzo de 1883, lo encontró muerto en su sillón
favorito junto a la chiminea. Tres días después, Marx fue enterrado
en el vecino Highgate junto a su mujer Jenny, fallecida 15 meses
antes.

Una visita al encantador cementerio es el colofón de un viaje
siguiendo las huellas de Marx. El cementerio está lleno de cruces
ladeadas, lápidas desmoronadas medio cubiertas de árboles y arbustos,
y, de repente, aparece ahí la cabeza de un gigante barbudo. El
mastodóntico monumento funerario se instaló en la década del ’50 y
presenta a Marx como icono, como héroe del socialismo.

Foto: dpa

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