Camet Norte: A dos cañas sin parar

Una variada de mar, embarcado en kayak, en plena costa del Mar Argentino. Se utilizó carnada fresca y artificiales. Galería de imágenes.

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Recibí la invitación de Daniel Muszalski para pescar en Camet Norte desde nuestros kayaks. Enseguida coordinamos para encontrarnos a las 9 de la mañana, pero esa ansiedad que todos los pescadores tenemos hizo que ambos estuviéramos expectantes un rato antes. Llegamos con nuestros vehículos por la calle Libres del Sur a la costa escarpada de Camet, dejamos los autos en un estacionamiento público a solo un par de pasos de la bajada a la playa, descargamos los kayaks y reunimos los equipos. Para esta pesca variada de mar usamos cañas de 15-30 lb, de 1,98 m de largo, tanto con reeles rotativos como frontales y nylon del 0,40 en una y multifilamento blue camo de 30 lb en la otra.

A mi me gusta pescar con líneas de variada de un anzuelo, brazolada de 50 cm de largo, de nylon del 0,80 mm y anzuelo entre 3/0 y 6/0. Como particularidad, sustituyo el plomo de la línea con un jighead de 80 g, a la que le coloco un pulpito de goma. El jighead es un anzuelo con cabeza de plomo que viene en distintos tamaños, formas, colores y pesos.

Daniel prefirió usar una línea de dos anzuelos y ambos llevamos una caña para pescar con carnada y, en esta oportunidad, utilizamos langostinos, camarones y anchoas.

También llevamos una segunda caña para pescar con artificiales. Usamos un sabiki (línea compuesta por una madre a la que se le agregan varios anzuelitos) entre números 12 y 14 pero, en vez de colocar un plomo en el final de la línea, le pusimos un jig de 40 g o más, dependiendo de la correntada. Hay que tener en cuenta que el movimiento debe ser vertical.  Si la correntada se lleva el aparejo, debemos cambiar por uno más pesado.

Pesca anclada

Con todo listo, los equipos perfectamente atados o bien dentro del acceso interior del kayak, descendimos por los acantilados. Es una maniobra que hay que hacer entre dos personas, con cuidado de no patinar y caer por el salto, que tendría 1,50 m de altura.

Primero trasladamos la embarcación de Daniel. Al llegar al salto, él bajó primero y, desde abajo, fue recibiendo el kayak. A medida que yo lo soltaba de a poco desde arriba, Daniel guiaba la punta hasta apoyarla en el arena. Luego restaba bajar la segunda parte pero, con un punto apoyado, el peso era mucho menor. Repetimos la maniobra con el otro kayak y, una vez abajo, observamos por unos instantes la rompiente, esperando que pasara la serie de olas altas y así lanzarnos al mar ¡Adentro de una vez por todas!

Remamos un buen rato hasta un point en el que Daniel había estado pescando hacía unos días. Serían unos 800 m en línea recta, donde dejamos caer el fondeo y constatamos que había 9 m de profundidad con un suelo de arena. Para saber la profundidad, tengo marcas en el cabo a cada metro y las voy contando a medida que el ancla baja.

También es importante llevar una buena cantidad de cabo. En este caso, usamos un ancla paragüita de 2,3 kg y con un metro de cadena; 25 m de cabo de 6 mm de espesor, más 3 m de cabo elástico del mismo grosor y una boya para indicar hacia qué lado estábamos fondeados. También sirve para soltarnos del fondeo y volver al mismo lugar sin necesidad de recoger.

Desde este lugar pudimos estar anclados los dos kayaks, conectados entre sí por un cabo elástico. Enseguida pusimos las líneas en las cañas, la carnada, y no fue más que tocar el fondo para comenzar a recibir los primeros piques. Al principio salieron corvinas chicas pero en mucha cantidad. Daniel obtuvo un par de dobletes. El pique estaba difícil, no tomaban firmemente y descarnaban bastante. No daban una segunda oportunidad. Tuvimos que comenzar a atar la carnada con el hilo elástico.

Cambiando de aparejos

Me sorprendió un pique en particular, más aserruchado que el de las corvinas. Había encarnado con una cola grande de langostino para ver si tentaba a un pez mayor. Fue una gran sorpresa cuando pude ver que era una brótola. Y no fue la única, también Dani sacó un par. Ya con el pique firme, decidimos armar el segundo equipo con el sabiki y el jig. Se puso más que entretenida la jornada.

El pique con carnada era instantáneo aunque con artificiales costaba un poco más. En muchas oportunidades, dejando una caña apoyada mientras atendíamos la otra y con el simple movimiento que el kayak hacía al subir y bajar, los peces tomaban solos el artificial. Así apareció la primera pescadilla que sacó Daniel.

Tengo un pique, pego el cañazo pero lo pierdo y vuelvo a dejar la línea unos instantes más sobre el fondo. Sabía que era muy posible que no volviera a tener otro ataque porque había encarnado con langostino y no lo había atado. Pero el arrebato fue instantáneo. Volví a cañar ¡y esta vez lo tenía bien firme! Luego de una linda pelea, tuve la gratificante sorpresa de ver que era un gatuzo. Y no había tomado la carnada, el anzuelo estaba pelado. Se había prendido del jighead con el pulpito. De esta manera, maximizando el plomo de la línea con este jighead, también pude capturar una linda corvina rubia.

El mejor momento

En un momento nos encontramos complicados, no sabíamos qué caña atender primero. Es que, realmente, cuando el pique está tan activo, lo mejor es dejar una caña de lado y seguir pescando con una sola. Pero la ilusión de sacar algo grande con carnada o la posibilidad de capturar otras especies cazadoras con los jigs, no nos dejaban tomar la decisión de descartar uno de los dos equipos.

En un momento, tuve una llevada violenta con una caña, un pique en la otra y escuché la estrella de Daniel que chillaba sin parar. Estábamos en el mejor momento de la jornada: ¡pescadillas, brótolas, gatuzos y corvinas nos hicieron vivir un pescón terrible! Las horas se nos pasaron volando y ya era momento de volver.

Así como la ansiedad nos hizo encontrarnos una hora antes de lo previsto, la emoción de la pesca nos demoró una más de lo planeado. Guardamos los equipos, aseguramos bien todo en los kayaks, levantamos el fondeo y volvimos remando lentamente, viento en contra, reservando nuestras energías para salir a toda velocidad una vez que llegáramos a la rompiente. Buena tarde para disfrutar de las playas cercanas a Santa Clara del Mar.

Nota completa publicada en revista Weekend 546, marzo 2018.

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