Un proyecto en defensa de las aves

Una propuesta de investigadores del CONICET para mejorar el estado de conservación de diferentes aves y reducir el grado de contaminación en las playas.

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Enmarcado en un proyecto que busca mejorar el estado de conservación de diferentes especies de aves marinas y costeras, integrantes del Grupo Vertebrados del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Universidad Nacional de Mar del Plata-CONICET) instalaron en la Reserva de Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires, dispositivos especiales para que los pescadores depositen en ellos las tanzas, líneas de pesca y anzuelos de descarte. El proyecto está avalado y acompañado por la Secretaría de Medio Ambiente de Mar Chiquita y cuenta con el apoyo del Fondo para la Conservación Ambiental de Banco Galicia.

Qué es el monofilamento

El monofilamento es la materia con la que se hace una línea de pesca, que normalmente consta de un filamento individual, fuerte, de plástico flexible y que muchas veces suele ser transparente. Su composición química lo convierte en no biodegradable, por lo que puede permanecer en los ambientes marinos por más de 600 años hasta degradarse por completo. Es un material que el sol lo va resecando y se va quebrando cada vez en partículas de menor tamaño. El monofilamento es un material utilizado a lo largo y ancho del globo por los pescadores. Cuando este material es perdido o desechado por los usuarios en los ambientes costeros se torna perjudicial para la vida silvestre y por esto se ha convertido en una preocupación creciente durante los últimos años.

Colectores

La reserva de Biósfera Parque Atlántico Mar Chiquita (Reserva de UNESCO) es un ambiente de usos múltiples, que además de ser un sitio importante para la recreación y pesca deportiva en la costa bonaerense, es usado por muchas especies de aves marinas y costeras migratorias durante todo el año. Es por esto que surgió el interés de trabajar con la comunidad de pescadores deportivos en busca de generar una reducción en los descartes que generan durante la actividad.

Como integrantes de un proyecto que estudia la ecología y conservación de aves marinas venimos trabajando en Mar Chiquita desde hace casi dos décadas. A fines del 2016 formamos un equipo que cuenta no sólo con biólogos, sino también con sociólogos y comunicadores. Nos enfocamos en lograr instalar unos colectores de PVC para que los pescadores depositen en ellos el monofilamento (tanzas, líneas y anzuelos de descarte). A principios del año 2017, comenzamos a realizar un monitoreo de los residuos antropogénicos en varias de las playas de Mar Chiquita. Nos permitió evaluar no sólo residuos en superficie (o sea aquellos que se ven) sino también en sedimento (aquellos que no se ven). La idea de este monitoreo fue poder tomar una foto inicial y representativa de los residuos que se disponen en las playas bajo estudio. Actualmente estamos en el proceso de clasificación y caracterización.

A mediados de octubre de este año logramos instalar por todo el paseo que utilizan los pescadores un número representativo de colectores de monofilamentos. La respuesta por parte de la comunidad de pescadores fue muy buena. Para esta nueva etapa, esperamos continuar con el monitoreo de residuos en las playas y en los dispositivos instalados. Además de seguir difundiendo el programa de reducción de residuos dentro de la comunidad que vive y visita la reserva. A partir de mediados del 2018 el municipio de Mar Chiquita se hará cargo del programa de reducción de monofilamentos en playas.

 

Especies amenazadas

Uno de los desencadenantes de este proyecto fue la amenaza que está sufriendo una especie endémica que visita las playas de Mar Chiquita durante su migración invernal. Conocida vulgarmente como gaviota cangrejera o de Olrog, se asocia a los pescadores deportivos haciendo uso del descarte y subproductos de la pesca generados por ellos. Esta interacción negativa resulta muchas veces en la mutilación de alguna de las extremidades o incluso la muerte de los individuos. Las gaviotas suelen enredarse en líneas de pesca o ingerir anzuelos con carnadas abandonados. Es por esto que se generó la idea de trabajar de manera interdisciplinaria con la comunidad de pescadores en un programa de manejo responsable de accesorios y líneas. La instalación de los colectores de monofilamentos está acompañada de señalética y folletería educativa para abordar el problema. De esta manera, buscamos mejorar la práctica por parte de los pescadores, lo cual hará reducir la cantidad de accesorios y líneas disponibles para las aves en una de sus principales áreas de alimentación y descanso. Sin duda, un gran proyecto que otros municipios también podrían copiar.

Nota completa publicada en revista Weekend 545, febrero 2018.

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