Truchas por el norte neuquino

Una muy buena salida por varios lagos y lagunas del norte neuquino que nos regaló grandes jornadas con hermosas truchas en cantidad y calidad. Todos los detalles. Galería de imágenes.

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Con nevadas récord como no se registraban en muchos años, nuestra expedición al norte neuquino se programó para inicios de diciembre. Este retraso tuvo sustento en la geomorfología de la cuenca del río Neuquén. Mientras la del  Limay, por dar un ejemplo próximo, cuenta con casi 40 lagos en sus cabeceras (1.149 km2), la sumatoria de los del Neuquén apenas alcanza los 48 km2 (un 4 %). A ello se le agrega la ausencia de bosques que dosifiquen los aportes hídricos. Por encima del lago Aluminé, la cordillera se eleva y pierde gran parte de sus valles transversales, dificultando el paso de los vientos húmedos del Pacífico. Las consecuencias son un clima más seco, escasez de vegetación arbórea y precipitaciones muy estacionales, que hacen a un sistema más inestable. Esta ausencia de lagos, que ofician como gigantescas piletas de decantación, generan una persistente turbidez durante el deshielo de inicio de temporada.

Lo teníamos todo calculado, salvo algo inesperado: una sucesión de tormentas, algunas con pedradas, que nunca dejaron que los ríos se limpiaran. Así, hubo que reformular completamente el viaje, originalmente planificado para secas, ninfas y ríos chicos. De los casi 500 km de ríos disponibles en esta inmensa área, apenas teníamos 15 o 20 de aguas claras restringidos a las cabeceras de los pocos lagos. Se le sumó que todos los pescadores terminaron hacinados en los mismos pesqueros. En otra zona hubiera sido una sentencia de muerte, y que aun así haya respondido tan bien nos habla de su enorme potencial. Cuando lean esta nota, de seguro los ríos correrán impecables, descansadísimos y sin presión de pesca alguna. Los envidio, y no sanamente, ¡porque harán unas pescas finas monumentales!

Varvarco

Arribados a la ciudad de Andacollo, partimos a un campamento de alta montaña (2.000 m.s.n.m): el sistema  de las lagunas Varvarco. Organizado por el guía y amigazo Juan Carlos Carreras, junto a Diego Bravo y el inefable Manolo Orellana. Nada hubiera sido sin la tremenda actitud que le pusieron a circunstancias tan adversas para sacar la nota adelante. Realmente se pasaron muchachos, y fueron excelentes anfitriones. Nos envolvió un paisaje monumental, con un imponente Cajón de los Chenques digno de una novela de Tolkien. Furtivas visones de la mole nívea del volcán Domuyo, el techo de la Patagonia con sus 4.709 m de altura, y con los pastores trashumantes llegando a las veranadas con apretados piños, y los arbustos explotados de flores por la bonanza de agua. Si hasta los mallines parecían de un color verde flúo.

El sistema lacustre conocido como Varvarco es el más importante de la cuenca del río Neuquén y su fuente de alimentación más septentrional. También es conocido como Lagunas los Cerrillos, debido a unas curiosas formaciones geológicas similares a pequeños cerros redondeados. El sistema está integrado por dos lagos, Varvarco Campos y Varvarco Tapia, unidos en rosario por el río Varvarco. Esta vez nos concentramos en la laguna Varvarco Campos, y los tramos adyacentes del río  Varvarco, con truchas arco iris de 1 y 2,5 kg. En parte coloradas saliendo del desove, y en otra  plateadas y robustas como guindas de rugby, muy combativas y literalmente imparables en aguas rápidas.

 

El primer día nuestras prácticas comenzaron en la boca y los  tramos iniciales del río Varvarco, sobre el desagote de Varvarco Tapia. Con equipos entre 4 y 6, shootings de hundimiento, corredor de nylon y streamers en anzuelos entre 8 y 4, la pesca fue muy abundante. Resaltaron las variantes de Rabbit y Marabou, en colores negros y naranjas. Al otro día decidimos visitar una laguna casi desconocida, llamada la Escondida. Tras una terminada trepada, le dedicamos una mañana de pesca. Una laguna sumamente peligrosa para caminar, y repleta de truchas pero pequeñas. En su mayoría arco iris, dieron no menos de 20 piques por caña.

El plato fuerte del viaje fue la pesca al hilo (Spanish nymph) en el río Varvarco. Con su combinación de aguas rápidas, fondo de piedra laja y arco iris plateadas misilísticas, hacia rato que un río no me humillaba tanto. De los 9 peces buenos que clavé solo pude sacar 3, incluida una arco iris digna del Correntoso, que me llevó a cococho unos 60 metros ríos arriba en una corredera  chorro de soda, y sin control alguno hasta que se sacó la ninfa restregando el hocico entre las piedras. Con pequeños anzuelos sin rebaba hubo muchas zafadas: mientras con seca se pierden pocos peces por el mínimo peso de la mosca y la tensión continua de la línea, con perdigones y ninfas de tungsteno pasa lo contrario: un peso muy concentrado y la conexión 100 % nylon hacen que vuelen por los aires tras saltos y frenéticos cabezazos.

Hasta el momento siempre usé 0,20 mm en el reel y 4X en el codal, ideal para peces buenos en Patagonia. Bastante más reforzado que el estándar español que es 0,16 mm en el reel y 6X en el codal. En Varvarco pesqué con 0,20 mm (3X) todo derecho, y no alcanzó para nada, aun con la elasticidad de una caña 2 de 10 pies. De volver usaría 0,25 mm en el reel y 2X en el codal.  Anclas más pesadas, canjeando una menor eficiencia en los piques por robustez.

Lagunas Epulafquen

Se conoce como lagunas Epulafquen a cinco espejos conectados, entre los que sobresalen las lagunas Las Chaquiras, Negra, Epulafquen Superior y Epulafquen Inferior. Se las llama lagunas, pero en realidad se trata de lagos profundos de origen glaciario. Rodeadas de fantásticos bosques de ñires y roble pellín que impulsaron la creación de una reserva turística y forestal de casi 7.500 hectáreas.

Concentramos nuestro esfuerzo en la Epulafquen Inferior donde se derraman extensos mallines cargados de nutrientes. Así dimos con arco iris y marrones en abundancia, pero que no superaron 1,5 kg. La pesca la realizábamos muchas veces en bajos con línea de flote, pescando al golpe sobre el veril y con estripadas rápidas que generaban piques furiosos. Lo más interesante era pescar a vista en los innumerables spring creeks, de agua negra, que nacían de los mallines cargados a tope.

Nota completa publicada en revista Weekend 544, enero 2018.

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