Qué se siente al experimentar la microgravedad

El término se conoce desde los comienzos de la aviación, pero no comenzó a practicarse de manera habitual hasta la llegada de la carrera espacial.

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En 1959 la NASA comenzó un programa pautado de vuelos de microgravedad como parte del entrenamiento de los astronautas para el programa espacial Mercury. A día de hoy es perfectamente posible contratar un paquete turístico que incluya una de estas experiencias, pero dista mucho de ser barato. Su precio oscila entre los 2.500 y los 5.000 dólares o euros. Además de despegar desde Cabo Cañaveral, hay vuelos de este tipo que salen desde Burdeos (Francia), Suiza o Rusia, entre otros lugares.

En esencia, consiste en poner un avión en vuelo parabólico extremo. En primer lugar, se alcanza una altura mínima de operación que varía entre los 3.000 y los 6.000 metros según el tipo de avión. A continuación, el piloto pone los motores a toda potencia y eleva la aeronave en un ángulo de 45 a 47 grados. La subida es tan brusca que multiplica por dos la fuerza de la gravedad. De repente, sientes como si una fuerza invisible te aplastara contra el suelo. Al segundo siguiente, tu estómago da un vuelco bestial y te encuentras flotando en el aire. Bienvenido a los vuelos de microgravedad, una de las experiencias físicas más extremas que puedes llegar a vivir sin salir al espacio.

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