Las bogas están en su mejor momento

Con un arribo tardío a los malecones de Berisso, las damas del río están en franco ascenso y prometen que lo mejor aún está por venir. Galería de imágenes.

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Sobre la hora. Así salió esta nota porque las invitadas centrales, las estrellas de este artículo, se demoraron bastante en llegar a la fiesta. Hablamos de las bogas grandes, reinas de los malecones de Berisso, que en un diciembre atípico tardaron en hacer su arribo masivo, hecho que felizmente se dio casi al cierre de esta edición. En un diciembre matizado por la extensión de la temporada de bagres de mar que tuvo a muchos guías locales ocupados en eso y sin relevar los malecones, sumado a que en los mismos proliferaban bogas chicas de apenas un kilo o menos, la posibilidad de dar con los bogones más famosos del Río de la Plata parecía desvanecerse. Pero finalmente las damas del río hicieron sentir su presencia fuerte en estas largas escolleras de piedra cargadas de mejillón asiático que son su alimento predilecto. Eso y el maíz con que cada guía ceba sus palos favoritos, claro.

Por eso la permanencia constante de los profesionales cebando el ámbito mantiene una presencia firme de estos omnívoros en la zona. Y tras ellos, claro, van sus predadores naturales: los dorados, que entretienen cuando se arman las correderas fuertes entre las piedras durante la creciente. Volviendo a nuestro foco de atención, podemos decir que la posibilidad de dar con varios bogones de 4 kilos en una jornada está latente. Pero una cosa es tener los piques y otra sacar los pescados. Ahí entran en juego variables que van desde la pericia del pescador a la utilización de elementos correctos, que en este caso pasan por cañas con punta blanda para marcar bien los piques, pero que a su vez tengan una resistencia suficiente para pelear el pez amortiguando el impacto de sus cabezazos y buceos bruscos. Por ello optaremos por cañas de bait de 2,40 metros de acción media, ideales para arrojar un peso de hasta 90 gramos (las plomadas tipo palito uruguayo son las que se usan en las piedras pues evitan los enganches) y líneas de uno o dos anzuelos tipo Chinu 5 –de gap abierto y pata corta– en los que pondremos un par de granos de maíz fermentado como cebo o una variedad de pastas a gusto del consumidor.

Ceba, punto clave

Nuestro guía en esta oportunidad fue Joaquín Hasaín, quien pese a sus juveniles 23 años cuenta con amplísima experiencia en el agua y resulta fiel heredero de un apellido célebre en la zona, ya que su padre fue el gran Beto Hasaín, uno de los pioneros en el sur del riopla junto con Daniel Favrot y Héctor Hall. Su sapiencia se vio clara de entrada cuando nos cantó de antemano cómo sería la jornada boguera: “Por cómo vienen dándose los resultados, lo mejor es cebar bien una zona y quedarse a hacerle el aguante”.

Así, uno de sus ayudantes, Matías, arrojó maíz del lado interno del canal. Luego el guía maniobró con pericia para pasar la lancha entre los palos hacia el lado sur del río abierto, y tras alejarse unos 50 m, otro de sus guías, Agustín, echó un ancla por popa para luego acercar la lancha y sujetarla por proa arrojando un grampín a las piedras de los malecones. Esta sujeción permitió pescar con la embarcación bastante estabilizada. El resto fue esperar a que la ceba hiciera efecto y tras lograr unas cuantas bogas menores, más una regia carpa de unos tres kilos, una grande sorprendió a Agustín que la perdió tras una brava pelea donde apenas pudimos verla. Como la cosa no mejoraba, pasamos nuevamente hacia el lado interno del canal, donde repetimos la maniobra de anclado, pero ya dentro un de un agua planchada que hizo muy placentera la pesca. Cabe destacar que tanto de un lado como del otro, las líneas siempre trabajaron la misma zona que cebamos de entrada.

Fue esperar unos minutos y empezar a tener piques constantes de bogas de 2 kilos que no conformaban a nuestro guía. Finalmente, después de las 14 se dieron las que fuimos a buscar: bogones de 4 kilos que no se encuentran en ningún otro lado del riopla en tanta concentración y que le han valido a Berisso la fama bien ganada de paraíso boguero. Otras lanchas se movían constantemente, mostrando pobreza de resultados. Como dijo nuestro guía, el acierto era cebar bien y esperarlas.

Final ultraliviano

Ya con media docena de ejemplares de novela decidimos cerrar nuestra visita practicando spinning ultraliviano. Este programa que me retrotraía a mi infancia y a mis inicios con el spinning. Cañitas de hasta 10 lb (1 libra = 0,453592 kilo) de resistencia, micro reeles con multifilamento fino o nailon, leaderes hechos con multifilamento y mosquetoncitos y esmerillones mínimos y un arsenal de señuelitos de tamaños menores a 10 cm fueron nuestros aliados para disfrutar de esta pesca.

“Acá en menos de tres tiros sacan un dorado”, dijo el guía con tono casi fanfarrón, pero que se hizo verdad cuando al segundo tiro un doradito de un kilo me tomó una cuchara con pescadito de cuerpo duro. Los acrobáticos saltos de los doradillos en relación a su pequeño tamaño, agregan un condimento visual muy lindo a la situación de pescarlos con equipitos exigidos al máximo. Por supuesto, todo fue devuelto a su medio tras las fotos de rigor y nos fuimos hacia la marina con el motor ronroneando y poniéndole música de gloria a una tarde feliz donde Berisso, una vez más, nos regaló sus dones. Y lo bueno es que, como dijimos, lo mejor está aún por venir.

Nota completa publicada en revista Weekend 544, Enero 2018.

 

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