Grandes sorpresas en Cayastá

En un hermoso entorno natural, la zona brindó una excelente salida con dorados que superaron los 6 kilos. Galería de imágenes.

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Las tierras de Cayastá dieron origen a la primera fundación de la provincia de Santa Fe. A la vera del río San Javier y la pintoresca ruta provincial N° 1, muy cerca de las ruinas del primer emplazamiento donde fue el nacimiento de esta provincia, se encuentra el Complejo de Cabañas Cayastá. Ubicado a unos 560 kilómetros de distancia de la Ciudad de Buenos Aires, dentro de un pueblo tranquilo de pescadores, con calles de arena y costumbres que perduran a través del tiempo, este complejo se encuentra rodeado por una impactante belleza natural, enmarcada por una destacada flora y fauna dignas de admirar.

Luego de una cálida bienvenida, acompañada por una magnífica cena, nos alojamos en una de las cabañas para descansar y así a la mañana siguiente estar listos para recorrer los diferentes circuitos de pesca que ofrece este majestuoso lugar.

La pesca y equipos

Con la embarcación preparada, nos acercamos hasta el muelle flotante, muy amplio y cómodo, que es de uso privado del complejo. Allí nos esperaba Sergio Leguizamón, que sería nuestro guía para iniciar la jornada de pesca. Utilizaríamos cañas de 2,10 m, de 15 a 35 libras (1 libra = 0,453592 kilo). Reeles frontales y rotativos cargados con multifilamento del 0,28 mm. Líneas con bajada de acero de 40 lb, y anzuelos 8/0 y 10/0. Carnada viva, morena de mediana a grande y mojarrones y dientudos obtenidos del lugar. Para la modalidad de trolling, señuelos de profundidad y media agua, en diferentes gamas de colores y con sistema rattlin (sonoro).

Con los equipos armados daríamos paso a navegar unos 20 minutos hasta el primer arroyo, el Ubajay con sus caídas, en donde comenzaríamos a realizar los lances iniciales con carnada en las correderas y pozones. Luego de varias pasadas y piques fallidos, agregamos en la línea un plomo de 20 g para que la carnada llegara más rápido al fondo. Volvimos a pasar por la misma corredera y sin ninguna demora empezamos a concretar los piques con dorados que rondaban los 4 kilos de peso y palometas de buenos portes. Después de un buen rato dimos por concluida la pesca en ese lugar, para tomar rumbo a otros pesqueros.

Sergio nos comentaba que navegaríamos unos 15 minutos para dar con el arroyo El Malo, que tiene  amplias correderas para buscar su rica variada.

Empezamos con los tiros y mantuvimos la misma modalidad con carnada. Nicolás, Ariel y Sergio concretaban buenas piezas de pico de pato, bagres y lindos dorados. Por mi parte, comencé a probar sobre una de las correderas con señuelo de media agua tirando cerca de unos palos sumergidos. Tras varios lances concreté el pique con un ejemplar de dorado de buen porte, que me permitió disfrutar los saltos y corridas que este batallador nos dejaba a la vista, cerca de la embarcación. Fotografías de por medio y el beso de despedida antes de la liberación a su hábitat natural. La cosa se ponía más que interesante y entretenida, coronando varios ejemplares de dorados que superaban los 6 y 7 kilos de peso.

Se viene la tormenta

Siendo las 13 horas y con una magnífica pesca, y a su vez una tormenta que se nos acercaba, decidimos parar a almorzar en una de las islas con abundante sombra de timbó (árbol autóctono de la zona), donde nos juntamos con Mario y otro grupo de pescadores a compartir una excelente mesa a la vera del río, mientras escuchábamos las melodías de las aves. Dimos por concluido el día de pesca luego del almuerzo, pues nos corría una tormenta más que amenazante y emprendimos rumbo al complejo para descansar y recargar energías para comenzar temprano al día siguiente.

Siendo las 7 am estábamos instalados en el muelle flotante, a la espera de que Sergio nos pasara a buscar con la embarcación para empezar una nueva jornada. El día amanecía con un sol radiante, alta temperatura y un viento norte suave. Al arribar, Sergio nos comentó que navegaríamos y pescaríamos en distintos arroyos y correderas, como el Montenegro, el Pozo de la Chancha, el Rincón de los Toros y el De las Piedras. Arrancaríamos con una pesca variada y la intención era dar con algún  cachorro de surubí. Sergio nos marcaba unos cuantos pocitos habitualmente muy rendidores, y sin demora alguna encarnamos con morena y mojarrones a la espera de encontrarlos.

Dorados y un lindo cachorro

De inmediato dimos con palometas de atractivo tamaño y buenos picos de pato. Y entremezclados salían dorados de menor porte. Nos desplazamos, variamos de lugar y buscamos más actividad de movimiento de agua. Navegamos 10 minutos y encontramos una importante corredera donde anclamos la lancha y pescamos a favor de la corriente. Cambiamos los plomos en la línea por unos de mayor peso, para que bajara más rápido la carnada. Y los piques llegaron a la brevedad, con corridas y llevadas muy fuertes. Los portes de dorados cambiaron rotundamente, con ejemplares que llegaron a los 8 kg.

Fueron muchos piques, prácticamente uno tras otro. Caía la carnada al agua y era impresionante ver cómo atacaban, cazando con total voracidad. Optamos por seguir los consejos de Sergio y cambiamos de lugar para poder dar con algún cachorro de surubí. Y fue así que Ariel logró un magnífico cachorrito de surubí, culminando una exitosa jornada.

Por último, Sergio nos llevó a  hacer unas pasadas de trolling. Opté por poner señuelo de profundidad, y luego de unos intentos fallidos pude dar con un enfático tigre, coronando estas dos jornadas inolvidables en lugares únicos y que tienen muy poca presión de pesca.

Nota completa publicada en revista Weekend 544, enero 2018.

 

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