El sueño de volar… solo con el cuerpo

El wingsuit flying comenzó a practicarse en Argentina a principio de los 90, y hace aproximadamente unos diez años que se combina con el salto base. Galería de imágenes.

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Los que se animaron a pegar el salto aseguran que wingsuit es la sensación de vuelo humano más pura que existe. “Nada se compara con la sensación de libertad que te brinda el traje aéreo mientras planeás por el cielo, sentís la velocidad y la sensación de avance”, advierte Alejandro Montagna (47), paracaidista experimentado que desde hace una década practica esta disciplina en su faceta tradicional en la Escuela de Paracaidismo de Lobos (www.skydivelobos.com).

La práctica del wingsuit flying (vuelo en traje aéreo) deriva del paracaidismo, y se divide a su vez en dos grandes disciplinas con perfiles de riesgo muy distintos. En la primera de sus formas, la más tradicional, se salta desde aviones; la segunda combina wingsuit con salto base o proximity, como se llaman los saltos que se realizan desde un punto fijo y elevado sobre la tierra. En los que se completan exitosamente, los saltos culminan con la apertura de un paracaídas casi al final del vuelo. Aunque no siempre las cosas salen como fueron planeadas. “Mi instructor, Daniel Esquivel, falleció con un salto de wingsuit”, sigue Montagna, especialista en su versión más tradicional, donde asegura volar a una velocidad de entre 150 y 240 kilómetros por hora.

Vale aclarar que en términos estadísticos el paracaidismo es un deporte seguro, menos peligroso de lo que a menudo se cree, aunque los números se desmoronan con los practicantes de wingsuit que realizan salto base. Sobre una muestra de 1.000 pilotos activos de wingsuit en 2016, murieron 30”, asegura Montagna, quien además es ingeniero industrial y que luego de un posgrado en Harvard se dedica a las finanzas.

Cifras escalofriantes

Según las estadísticas publicadas por la United States Parachute Association (USPA), en Estados Unidos se realizan unos tres millones doscientos mil saltos de paracaidismo tradicional por año, de los cuales 500 mil se efectúan en tándem (es decir, enganchados de un instructor). El promedio de muerte de la última década es de 22,4 por año. Algo así como un accidente cada 125 mil saltos. Sin embargo, se estima que combinado con el salto base es una diez veces más peligroso que el salto común. El wingsuit tradicional comenzó a practicarse en la Argentina a principio de los 90’, y hace aproximadamente unos 10 años se empezó a combinar con el salto base, es decir, desde los cuatro objetos fijos que permiten saltar al vacío con un paracaídas: building (edificios); antenna (antenas); span (puentes) y earth (acantilados/montañas). Claro que a diferencia del salto tradicional desde aviones, las estadísticas de mortalidad son superiores.

Montagna explica que el factor principal para que haya más mortalidad es la distancia al piso. “Los saltos base arrancan de paredes de 1.000 metros hasta paredes de 100 metros, mientras en un salto tradicional de paracaidismo, lo mínimo que saltás es de 1.500 metros, y un salto normal es de 3.000 metros”, apunta.

En cualquiera de los casos, quienes se aventuran a probar esta disciplina deben enfrentarse a dos tipos de problemas cada vez que efectúan sus saltos.

Incidentes más comunes

El primero es un incidente que se denomina “de barrena”, y consiste en lo que en la jerga se conoce como flat spin, o pérdida de control del traje. “Tal vez por algún movimiento que hiciste mal el traje no vuela derechito y se produce el incidente, un giro sin control, muchas veces cabeza abajo, que te hace girar como la hélice de un helicóptero. Empezás a girar de espalda al cielo rotando como una licuadora. Existe un método para salir de ese incidente. Yo he tenido dos, uno de los cuales demoró 15 segundos hasta que pude controlar nuevamente el traje”, cuenta Montagna como la cosa más natural del mundo.

El segundo incidente se denomina “rosca de cuerdas” o mala apertura del paracaídas principal, y se presenta al momento de abrir el paracaídas. Habitualmente los saltos estándar de caída libre se realizan a unos 4 mil metros, y al llegar a los mil se abre el velamen. El incidente que se produce con el traje es que llegado ese instante de abrir el paracaídas, las posibilidades de tener cuerdas enredadas es bastante mayor. “A muchos se les enredan las cuerdas y no les gusta. Después, con cancha, le vas agarrando la mano, podés tratar de desenredarlo, y si no lo lográs, tenés que desprenderlo y usar el de emergencia.”

En la Argentina

En estos años la disciplina ha evolucionado mucho, impulsada por los principales fabricantes de trajes que compiten ferozmente por el mercado de pilotos, para ver quién logra el diseño más rápido. Hoy en día, un traje ronda los U$S 2.000, por lo que no es para cualquiera. Si bien Argentina cuenta con algunos aeródromos donde se practica, no es una actividad abierta al público, sino exclusiva para especialistas en paracaidismo.

Los primeros saltos se realizan con un monitor y una vez afianzados se puede iniciar la propia aventura en solitario.  Eso sí, antes de intentarlo por primera vez se requiere un mínimo de 250 saltos en un paracaídas tradicional.

Nota completa publicada en revista Weekend 544, enero 2018.

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