Salidas nocturnas

Cómo distribuir las luces cuando se marcha en grupo durante la noche. Qué tipo de linterna ilumina más. Precauciones y consejos.

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Se viene el calorcito y vuelve un clásico para nosotros: las “nocturnas”, esas salidas que tienen un magnetismo diferente, tanto si rodamos un par de horas como si lo hacemos hasta que amanece. Pero para disfrutarlas y encararlas sin riesgos es fundamental la buena iluminación. Por eso, cada biker deberá llevar una luz “tipo minero” en el casco para alumbrar los costados del camino y, también, para autoiluminarse si tiene que realizar algún ajuste en la bici o buscar algo dentro de su mochila o Camelbak. En el manillar de la bici colocaremos otra y, por último, una de color rojo en la parte trasera de la bici o de la mochila.

Equipos. La potencia y la calidad lumínica dependen de los modelos de luces que utilicemos y, de acuerdo a esa característica, conformaremos el grupo antes de salir a rodar. Siempre contaremos con que la noche será “una boca de lobo” y no podemos dejar nada librado al azar: cada tres bicis llevaremos una luz de repuesto, varias pilas AA y también battery packs. Estos últimos son los que utilizamos para recargar celulares, que también sirven para las luces. Lo ideal es que superen los 4.000 miliamperes/hora.
Posiciones. Al salir a rodar irán adelante las bicis con buena iluminación, en el medio las que tienen poca potencia lumínica, con alguna potente intercalada, y detrás las que tienen reflectores, como la Cateye Volt de 1.200 lúmenes. ¿Por qué dejar lo mejor para lo último? Porque la potencia de estas luces de última generación hacen que la claridad abarque todo el grupo y se forme un “cono de luz” gigante que nos beneficiara a todos. Otra ventaja de las luces, aparte de la potencia, autonomía y calidad de la iluminación, es que muchas poseen foco variable, por lo que a algunas las podemos graduar con un haz ancho para barrer los costados del camino.

La oscuridad engaña. Ya sabemos que la percepción al pedalear de noche es distinta: una sombra en el camino puede ser un charquito inofensivo o una lagunita de medio metro, y el ritmo de marcha siempre es tranquilo; si fuéramos muy rápido las luces no llegarían a alumbrarnos con tiempo para frenar o esquivar un obstáculo. Personalmente, utilizo una Cateye de 700 lúmenes recargable en el manillar, una de minero de 500 lúmenes con foco variable en el casco, y dos rojas traseras: una de LED chica en el casco y otra debajo del asiento.
Dos precauciones. Cuando paremos a descansar es fundamental no apuntarnos a la cara, ya que la luz de minero de nuestros cascos nos cegará y nuestra vista tardará en volver a aclimatarse a la oscuridad. En las salidas diurnas es normal que el grupo se disgregue y se formen dos o tres pelotones, separados por no mucha distancia, pero en las nocturnas nos manejaremos diferente. Siempre circularemos juntos y si alguien tiene un percance o retraso todos le haremos el aguante, por eso el uso de handys también se hace casi imprescindible en estas salidas. Tampoco será raro toparnos con fauna silvestre que se quedará “congelada” por nuestras luces, por lo que deberemos frenar y esperar que la liebre, comadreja o zorrino se corran de nuestro paso. Si hay luna llena, el camino está bueno y nos animanos, podemos apagar todas las luces y pedalear “en blanco y negro”. Que nos guíe la luz de la luna es imposible de describir.
En la imagen, distribución correcta de luces en el pelotón: adelante (C) irán las linternas de buena potencia; en el medio (B) las que menos alumbran, más alguna potente intercalada; y al final los reflectores bien fuertes. Todos los ciclistas llevarán, además, linternas de cabeza.

Nota completa publicada en revista Weekend 543, diciembre 2017.

 

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