Batalla en la profundidad

Baradero ofrece muchas lagunas y desbordes que permiten conseguir tarariras muy combativas y de gran porte. Un lugar ideal para realizar kayak fishing. Galería de imágenes.

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Desde Santiago de Baradero, la ciudad más antigua de la provincia de Buenos Aires, fundada en 1615, recibimos la invitación de Kayaks Baradero para compartir una pesca de tarariras.Ellos, como locales, conocen la zona a la perfección y realizan las pescas en la isla que se encuentra entre el río Baradero y el río Pinto.  Luego de ver en el grupo de Facebook fotos de las capturas que venían haciendo, respondimos a la invitación con un rotundo sí y allá fuimos!

También se pueden pescar carpas, bogas, dorados, toda la variada de cuero y hasta con suerte algún cachorro de surubí. El panorama tan prometedor y un fin de semana caluroso, precipitaron nuestras ansias de ir.  Cargamos kayaks, equipos y partimos a las 6 de la mañana para ir y volver en el mismo día.

Nos encontramos con Diego Jankowiec, del grupo Kayak Baradero, y también con su amigo Lucas Baigorria. Ellos nos explicaron que teníamos dos posibilidades. Una era cruzar el río y luego arrastrar los kayaks unos 300 m por los bañados hasta ir dando con los desbordes y lagunas que se van formando. Pero la mejor opción es cruzar frente a la planta Atanor, bajar unos mil metros por el río y, pidiendo permiso en un campo, entrar por un pequeño arroyo solo navegable desde un kayak.

Diego, que frecuenta este lugar,  nos guió hasta la entrada, donde saludamos a un gaucho a caballo que amablemente nos advirtió de no tocar el boyero que encontraríamos unos metros más adelante. Tuvimos que sortear un puente, arrastrando nuestros kayaks por la tierra solo unos 5 metros. Los volvimos a bajar y fuimos remando por un estrecho canal zigzagueante hasta la mejor zona de pesca.

Una jornada ventosa

Con mis amigos Gustavo, Cristian y Luis nos mirábamos las caras desbordantes de alegría, inmersos en una aventura taruchera y desesperados a ver quién hacía el primer lance. No podíamos decidir dónde,  todos los lugares eran prometedores. Nuestros guías nos llevaron aún más adentro, a una zona donde los desbordes del arroyo y las lagunas les habían regalado los mejores piques en oportunidades anteriores. Pero el viento no daba tregua, unos 20 km/h con ráfagas más fuertes ondeaban toda la superficie del agua y no lográbamos obtener ningún pique. El ambiente sólo nos permitía probar con ranas antienganche y también con algunos paseantes.

Se hizo el mediodía y no conseguíamos ningún ataque, por lo que volvimos al arroyo que contaba con mayor profundidad. Algunos varaban sus kayaks contra los camalotes, pero también se puede anclar clavando la cuchara del remo en el barro de manera vertical y luego sosteniendo la pértiga con el elástico provisto del kayak para sujetar el remo. Con esta técnica podemos anclar nuestro kayak cuando los fondos son barrosos y en aguas someras donde la profundidad no sea mayor al largo del remo, que ronda generalmente entre los 2 y 2,30 m.

Diego y Lucas desembarcaron para hacer lances desde la tierra. Ahí fue cuando Diego clavó la primer tarucha. Nos revolucionó a todos, hacía rato estábamos intentando y no conseguíamos ni un ataque. Ahora estaba confirmado, en este día ventoso, estaban escondidas en las profundidades.

Bien abajo

Con la certeza de que estábamos en el lugar indicado, comenzamos a buscar más a fondo. Las ranas antienganches lastradas con una cucharita giratoria adelante hacían la diferencia. Se las podía traer rascando el fondo y los portes comenzaron a mejorar.  En una oportunidad, mientras traía un señuelo tipo pececito con jighead tocando el fondo, sentí un ataque y luego lo  perdí. Entonces esperé, dejé el señuelo quieto por dos segundos y recogí nuevamente. Pero a la media vuelta de reel, se trabó en el fondo. Tironeé y no sentí más que un enganche.

Voy molesto por tener que abandonar mi lugar, estropear el área de pesca remando en dirección contraria a donde estaba trabado el señuelo, para tirar y desprenderlo. Pero cuando hice fuerza con la caña, arqueándola totalmente, no se movió en absoluto. Entonces, resignado a perder el señuelo en el enganche, metí la mano debajo del agua, tomé el multifilamento y tiré verticalmente con toda mi fuerza de manera progresiva para desprenderlo o cortar. Fue ahí cuando se desenterró. Terrible taruchón salió enfurecido, sorprendiéndome, desprendiendo energía, salpicando todo, pegando contra el kayak y arremetiendo nuevamente hacia el barro. Solté el multi y comenzó la pelea, ya con la caña en mano. Pude sacarla, verla completamente embarrada, foto e inmediata devolución. Escuché el llamado por VHF de Gustavo y remé hacia donde él estaba. Lo encontré intentando domar a una hermosa y enorme tararira. También Luis, Lucas y Diego seguían sacando una detrás de la otra.

Sorpresa para el final

Cristian, que estaba en una parte más profunda, nos sorprendió con una captura de bagre sapo que se tragó la rana con cucharita ¡hasta el estómago! Nos juntamos para hacer un corto almuerzo. Formamos un círculo, tomamos algo fresco, sándwiches,y también algunas frutas. Luego de dejar descansar las zonas por un rato volvimos a intentar en los mismos lugares, obteniendo nuevamente buenas capturas. En un momento escuché a Lucas y Gustavo a los gritos. Estaban viendo como una tararira gigante se encontraba cruzando por la tierra, desde un bañado a otro. Por suerte pudieron contenerse de ir a cazarla con el copo. Luego de 7 horas de muy buena pesca, no nos quedó otra alternativa que volvernos para emprender el viaje de regreso a casa, súper felices y ya planificando nuestra próxima visita a la zona de Baradero.

Nota completa publicada en revista Weekend 543, diciembre 2017.

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