Corvina de… ¡ 47 kilos !

Increible pesca lograda en España por un lector de aquellas latitudes. Se cree que seria record de la zona. Galería de imágenes.

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El sábado día 16 de septiembre amaneció como un día espectacular en Isla Cristina, Huelva, España, por eso decidí salir a pescar en kayak, solo, a eso de las 8 de la mañana. El mar se presentaba muy tranquilo, realmente tentador, con un agua a 22 ºC y un viento del norte de 16 km/h que fue amainando con el correr de la jornada. Después de pasar la rompiente, lancé la línea al agua para hacer curricán (en Argentina le dicen trolling: arrastrar una cuchara por popa para atraer con su movimiento y brillo a los peces). Mientras remaba disfrutaba del espléndido día, pero no picaba nada. Apenas era remar, así que a las 12 del mediodía, como no había cogido nada, decidí irme para casa.

Bastó comenzar a remar hacia la orilla, cuando a unos 200 m antes de llegar a la costa noté como si la caña (una Intrepid Boat de 1,85 m de longitud y acción 5-30) se hubiese enganchado en algún sitio. Así que empecé a recoger el nailon (de 0,30 mm), pero la caña seguía como si estuviera enganchada. De repente, el carrete del reel Duraflo 4000 empezó a soltar hilo,  y ahí me di cuenta de que no se había enganchado en ningún sitio, sino que lo que había conectado del otro lado era un pez. Tuve una lucha constante e intensa durante dos horas, en las cuales el pez me paseó desde una playa a otra, hasta que conseguí ver lo que era: una corvina bastante grande. Para esto mis brazos echaban humo de tanto recoger, aflojar y, a la vez, remar. El trabajo del freno del reel fue impecable. Ponerlo justo para que no se rompiera el sedal y, a su vez, se mantuviera la tensión de la línea, resultó la clave del éxito.

Cuando pude acercarla al kayak la tomé de costado y la saqué por la boca. Bastó para que el señuelo Storm se soltara justo en ese momento: dos de los triples se partieron. ¡Menos mal que la tenía agarrada! Inmediatamente tomé una cuerda, se la pasé por la agalla, la amarré a un lateral de mi kayak de 4,85 m de eslora, empecé a remar para la orilla y en la segunda palada pegó un cabezazo para sumergirse que casi me da vuelta. Había zafado de caerme, pero tenía mucha agua adentro.

Al no llevar equipos para esta clase de pescado (como una navaja, cuchillo o bichero) no podía matarlo, y tuve que sujetar la cuerda a mi mano para poder amortiguar los tirones y evitar que me volcara. Como pude, con  la otra mano cogí el remo y empecé poco a poco a remar hasta llegar a la orilla. ¡No llegaba más!  Ya eran  como las 3 de la tarde.Al arribar,  todos   los  bañistas se  asombraron de ver semejante corvina. La balanza mostró  que superaba los 47 kilos. Lo más llamativo es que por esta zonas no se suelen pescar corvinas de estas dimensiones, es más bien un lugar de róbalos, bailas y chovas. Quién iba a decir que de un día casi perdido de pesca me iba a llevar semejante trofeo.

Nota completa publicada en revista Weekend 542, noviembre 2017.

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