Bike: 6 estaciones de tren en un día

Recorrido de 65 km en los alrededores de Luján, que une varias estaciones de ferrocarril con tramos de aventura.

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Estratégica, así podríamos definir la ubicación de la ciudad de Luján. Con accesos rápidos por ruta y autopista, y caminos rurales hacia los cuatro puntos cardinales, es un lugar ideal para disfrutar la bici. Aprovechando esa ventaja, el grupo Oeste MTB crece y fomenta el uso de la bici desde hace varios años.

Hacía tiempo que teníamos ganas de pedalear junto a ellos que tienen rastrillados todos los caminos. Y la salida “Seis Estaciones” fue la excusa inmejorable. A los bikers nos gusta pedalear en manada, disfrutamos los caminos de tierra y nos encantan las viejas estaciones de ferrocarril. Para empezar a tono nos juntamos en una plaza que se llama Estación Basílica. Pensé que era anecdótico, pero mi amigo Mario Vega me contó la historia: “Se llama así porque un ramal del ferrocarril se desviaba hasta allí para llevar los materiales con que se construyó la Basílica. Luego de terminada la obra, el ramal se desactivó”.

Los cuarenta y pico de bikers partimos hacia el Norte y en pocos kilómetros ya estábamos disfrutando la polvareda en un día nublado, la incógnita era cuando iba a asomar el sol. En realidad, éramos 40 bicis y Poroto, el perro de Alejandro que nos acompañaba en la bici de su dueño. Cruzamos el río Luján y ni dudamos de descolgar las bicis por un terraplén para orillearlo por un par de kilómetros. El cuidado principal de todo el día fue esquivar las chuzas de acacia negra. Esta especie extranjera forma la mayoría de los bosques por los que transitamos y una rama caída nos podía “pinchar hasta la llanta”, como dijo algún biker, con sus espinas de 4-5 cm.

Sin contratiempos llegamos a la estación N°2: Cabred. Como fue actualizada no se podía apreciar bien la construcción original, pero nuestros amigos nos dieron dos tips locales: el pueblo tiene dos restaraunts donde se comen excelentes pastas caseras. Antes de que mi estómago se diera cuenta, nos fuimos. Víctor Monchietti, el líder de Oeste MTB me dijo que venía un tramo de trekking, pero no lo entendí hasta ver a que se refería: un camino rural abandonado al cual los árboles, arbustos y yuyos se lo habían comido. Y espinas, obviamente, por todos lados. Bici a upa… y a caminar. Una precaución –aparte de no cortarse– es prestar atención a la compu y luces que llevamos en el manillar, porque con cualquier ramazo se pueden desprender y ni nos enteraremos. Por suerte mi bici es liviana y llegué entero después de cargarla al hombro por 1,2 km; bueno… entero si no contaba un chuzazo en la pantorrilla.

Con 23 km llegamos a la abandonada estación Echegoyen del FF.CC. General Urquiza. Enfrente está ubicado un típico almacen de campo cerrado, duros testigos de que la desaparición del tren condeno el caserío al olvido. Siguiendo las vías y con el cielo plomizo sin miras de abrir, un coro de “cuando paramos a comer” se hizo sentir desde las cuarenta bicis. “¿Paramos en Torres?”, dijo Víctor, y nuestra respuesta fue unánime: “Seeeeeee!!!”. La estación Torres está muy bien mantenida y en el prolijo césped armamos el almuerzo grupal. En este caso habíamos preferido llevar vianda para almorzar rápido, ya que con la opción de comer en algún restaurant o fonda la fiaca siempre nos ataca.

Atacó igual

Un par de bikers se recostaron  y en minutos roncaban, tarea para Poroto que a lametazos impidió la siesta. Realmente me sorprendió lo bien que se adaptaba el perrito a la salida, su dueño lo llevaba en una mochila tipo morral en su pecho. Y cuando partimos hacia la próxima estación y el camino no era duro, apoyaba las patas delanteras en el manillar con el hocico levantado al viento. Estábamos haciendo ese tramo cuando… salió el sol, y al ratito tuvimos que parar a desabrigarnos para llegar a Carlos Keen con los brazos al descubierto. Allí era una fiesta: humo de asados, decenas de lugares para comer, venta de artesanías. Y Víctor nos llevó hasta un lugar estratégico en forma de food truck, donde venden licuados de fruta. Una verdadera delicia que saboreamos mientras caminábamos por los stands.

Siempre con un ritmo tranquilo de 22-24 km/h fuimos en busca de la última estación y los Oeste MTB nos decían: “Cortinez viene con premio”. ¿Cuál era el premio? Salame y cerveza artesanal y/o chocolate con pastelitos, motivo por el cual la velocidad se incrementó notablemente. ¿Puede parecer una exageración salir muy bien desayunados, almorzar bien, tomarse un licuado y seguir teniendo hambre? Sí, por llevar un pulsómetro Polar FT 7 en muchas salidas sé que en un recorrido como el que estábamos realizando quemaríamos unas 3500 calorías  como mínimo.

Y nuestros amigos les ponían la ficha a los pastelitos: “Son los mejores del universo”, decían. Con Walter, Ezequiel y Mario nos mirábamos dudando. ¿Sería para tanto? La calidad de un equipo se mide también por la logística: pegados a la estación de Cortinez estaba parte del staff con un gazebo, olla gigante con chocolate, barril de cerveza y unos salamines que pedían guerra. Como langostas en un campo atacamos todo y tuvimos que reconocerlo: los pastelitos eran una verdadera delicia junto al chocolate. Y el salame y cerveza me tentaban, pero me controlé (confieso que mis amigos no), porque ya no daba más.

Ultimo tramo

Panza llena, sol cayendo en una vieja estación y esa hermosa sensación del cuerpo fatigado por la pedaleada, sumado a la camaradería, quedaron grabados en mí como otro grato momento que nos da la bici. Pero se nos iba la luz y solo faltaban 12 km, por lo que bordeamos las vías un poco más para subir a un camino rural en mejor estado que nos permitió… correr. A las chapas quemamos lo que nos quedaba hasta llegar a la bicisenda de la ruta provincial 192, y allí ya más sosegados llegamos a Luján. Pero aún nos faltaba algo: por handie pregunté: ¿“Cristian, me copiás?, nos falta la foto grupal, donde la hacemos?, cambio”. Él respondió: “Aldo, frente a la Basílica, obvio”. “Copiado”, respondí.

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Nota completa publicada en revista Weekend 541, octubre 2017.

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