Primavera en la selva misionera

Más allá de sus íconos turísticos de fama mundial, la provincia de Misiones atesora muchas propuestas que combinan la naturaleza, la historia y la protección del ambiente. Cómo descubrirlas.

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Un estruendo. Cae un árbol. Se lo limpia de ramas. A tronco desnudo se precipita barranca abajo. Un tronco atado a otro y a otro y otro y así hasta armar una balsa gigante: una jangada. Llegan camiones con más troncos al puerto, nuevas jangadas. De esa manera se transportaban los troncos aprovechando la fuerza de la corriente del río Paraná hacia grandes centros de consumo. Los Bemberg, pioneros en la zona, fueron desmontando selvas nativas con un gran lema: “Cada árbol sacrificado debe ser reemplazado por 100”. Una historia que se inicia en 1888 cuando Otto Pedro Bemberg junto con su hijo compran tierras en Misiones. De la industria azucarera que realizaban en las cercanías de San Ignacio Miní pasan a ser pioneros en la explotación de yerba mate gracias a Carlos Thays, que en 1895 descubre el método para reproducir yerba mate que utilizaban los jesuitas. Venden las tierras del ingenio y compran en el Alto Paraná, donde hoy es Puerto Bemberg. Un desmonte que abrió tierras para la plantación de yerba mate. Llegó a ser el yerbal más importante del mundo, audaz en sus innovaciones industriales y sociales.

Producción de tung, yute, ananás, té, naranja, pomelos y limones se sumaron a la producción. En 1945 llegaron a tener 3.000 empleados. Las construcciones para las viviendas de todas esas familias ya arraigadas en la zona es parte del trazado de Puerto Libertad, incluyendo escuela, atención médica y hospital. En la década del 50, por una conjunción de economía y política, este proyecto pujante se extingue.

En 2007 nace una nueva etapa en Puerto Bemberg, con la restauración y apertura al turismo. Un abrir para compartir y conservar. 300 hectáreas a la vera del río Paraná, una reserva privada que protege la selva atlántica. Un vivero de plantas autóctonas que diariamente permite participar en repoblar selva, y que además están a la venta para otros destinos. Allí se producen 20 especies diferentes, entre ellas: cedro misionero, guatambú blanco, guayabo, lapacho negro y amarillo, palmera, palmito, incienso, timbó, etc. Todos árboles que atraen a la fauna silvestre y a las aves, y que permiten mantener un equilibrio del ecosistema.

Historia natural

Mirando fotos satelitales salta a la vista cómo la selva paranaense se encuentra más protegida en la provincia de Misiones que en los países vecinos, si bien requiere de cierta restauración. Puerto Bemberg apostó a ella creando una reserva, refugio de mamíferos como coatíes, tatúes, monos cai, hurón mayor, serelepes y variedad de murciélagos, entre otras especies. A estos mamíferos se suma una gran diversidad de aves, habiéndose registrado 300 especies: carpintero cara canela, arasari chico y banana, águila crestuda negra, atajacaminos coludo, lechuzo mocho chico y los carismáticos bailarines que encantan con su baile, entre otras aves.

Los edificios han sido renovados: la posada, la casa, la capilla diseñada por Alejandro Bustillo y con unos vitrales blanco y negro traídos de Francia que son de una gran belleza. En la capilla antiguamente se celebraba misa y los los feligreses participaban desde los botes. Hoy sigue siendo una capilla elegida para casamientos, celebraciones y bautismos en un ambiente de selva a orillas del río Paraná. La historia del lugar sigue viva. La Jangada ya no es un grupo de troncos atados que bajan el río, sino una excursión de medio día que propone Puerto Bemberg para ahondar en la historia de la familia, conocer los trabajos del reconocido naturalista Andrés Johnson (que tiene su casa homenaje donde solía vivir mientras estudiaba las orquídeas), volver a las raíces, compartir las vistas del Paraná. Ideal para quien se aloja en Iguazú sin tiempo de sumar noches en Posada Puerto Bemberg. Un complemento a la visita de Iguazú y, sin duda, una parada obligada en una ruta de la selva. Compromiso social y natural reconocido por Rainforest Alliance, organización no gubernamental internacional que trabaja para conservar la biodiversidad y asegurar medios de vida sostenibles.

Hoja de ruta

La ruta que invita a seguir los pasos de aquellos primeros pioneros, a conocer la cultura guaraní y los usos y costumbres de las diferentes comunidades de colonos descendientes de inmigrantes de los más variados orígenes: polacos, alemanes, suizos, ucranianos, escandinavos, etc.

Con las grandes mejoras en las rutas misioneras, hoy se puede cumplir una buena hoja de ruta sin necesidad de arriesgarse a atravesar caminos de tierras rojas que en días de lluvia complican la circulación, incluso para buenos volantes de 4×4. Mucho es asfalto y no por ello resta aventura. Por supuesto hay opciones buenas para salir del asfalto, llegando a Andrecito por la ruta que atraviesa el Parque Nacional Iguazú, o realizando un desvío entre Andrecito y El Soberbio para visitar el Parque Provincial Cruce Caballero, que protege un bosque puro de araucarias angustifolias con un sotobosque de helechos arborescentes con cinco metros de altura. Conviene ir con tiempo, ya que hay varios senderos para recorrer. San Sebastián de la Selva, ubicado cerca de Andrecito, en el corazón del Corredor Biológico Urugua-i Foester, es un emprendimiento privado de protección y restauración de selva. Posee instalaciones sencillas que permiten vivir el afuera: el fogón cerca del agua, la hamaca paraguaya para pasar las horas de calor antes de salir a recorrer los 10 km de senderos. Un lugar donde los buenos avistajes de aves están asegurados.

La reserva de la biosfera Yabotí, desde donde se visitan los Saltos del Moconá, es una formación bien particular. Se trata de una falla geológica que forma una canaleta natural por donde corre el río Uruguay. Así parte del cauce continúa en paralelo por el costado, volcándose sobre sí mismo para formar un salto de 3 km de ancho. Salto que se deja ver según el nivel del agua del Uruguay, río que marca la frontera natural Argentina-Brasil. La reserva natural Osununu (suena y resuena, en guaraní) es un área protegida de Temaiken que se encuentra cerca de San Ignacio Miní, sobre el río Paraná. Grandes paredones de piedra rojiza se precipitan al río. Lindas vistas de verdes con manchones rosas cuando el lapacho está en flor, anunciando la primavera que en esas latitudes se adelanta al menos un mes.

De paso

Recorremos etapas de una hoja de ruta a través de la selva misionera, cumpliendo un circuito que permite recorrer estos corredores verdes y oxigenarse bien los pulmones, que se suman a los destinos más conocidos de Iguazú y las Misiones Jesuíticas. Si el rumbo es la selva misionera, atravesando la Mesopotamia hacia el destino elegido, resulta imperdible realizar un stop en Iberá para conocer todo sobre el nacimiento del Parque Nacional Iberá, el área protegida más grande de la Argentina. Qué mejor que ir a las fuentes y descubrir el proyecto desde la Reserva y Hostería Rincón del Socorro, desde donde Conservación Land Trust ejecuta un ambicioso proceso de restauración de medio ambiente, incluyendo la introducción de grandes mamíferos como el oso hormiguero, el venado de las pampas y el yaguareté. La Mesopotamia argentina con sus ríos, saltos, esteros, bañados y caminos que se pierden al infinito, invitan a sentarse frente al volante y recorrerla. Un destino para las cuatro estaciones del año.

Nota completa publicada en revista Weekend 541, octubre 2017.

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