Aventura pura: En camper de Alaska a Ushuaia

En esta segunda etapa llega la hora de remontar los caminos y vivir la vida nómade. Una travesía con todos los condimentos para una aventura inolvidable. Galería de imágenes.

Por

La búsqueda de la chata, y su posterior armado, mayormente en la Florida, sumada a la decisión del camper correcto y el viaje de casi 2.000 km al corazón de EE.UU. (Iowa) para encontrarme con él y colocarlo. Y las últimas adecuaciones de carga extra (rueda de auxilio, tanques de combustible auxiliares y algún que otro detalle), me mantuvieron bastante ocupado y enfocado durante un período mayor a un mes.

Al finalizar ese arduo proceso de armado y “adecuación”, sentía que de tanto en tanto me inventaba alguna nueva necesidad, o excusa,  para retrasar mi partida al nuevo formato de vida. Una vida 100 % nómade y autosuficiente. Mi chata, a la que apodé Mula por su inquebrantable voluntad de avanzar y su gran capacidad de carga, se encontraba expectante y lista para rodar a la aventura. Y en su mansa espera, yo pienso que ella se decía…: “Vamos amigo, soltá el ancla y remontemos los interminables caminos de la américas…”.

Y así fue… Estando entre Iowa e Illinois, decidí que el camino más interesante a seguir sería ir en dirección Este, para remontar la cadena de las montañas Rocallosas. Dirección Norte desde Colorado, pasando por Wyoming y Montana para, finalmente, cruzar al vecino  Canadá. Teniendo en cuenta que mi gran interés estaba en visitar Parques Nacionales y todo tipo de reservas naturales, la ruta tentativa me llevaría por Grand Teton National Park, Yellowstone y el Parque Nacional de Los Glaciares (Montana). Una vez en el estado de Colorado, al este de Denver, mi chata tuvo el primer contacto con la nieve. Una nevada liviana y amable que dio paso a la última gran tormenta de la primavera en la región. Al día siguiente tuve que desenterrarla de unos 50 cm de nieve que la cubrían en su totalidad. No creo que le haya causado mucha gracia, pero fue una suerte de prueba de fuego, o quizás de nieve. Con la templanza de una guerrera, puso a trabajar sus 390 ponies furiosos y sorteó los caminos atestados de nieve.

Los parques nacionales que fui recorriendo y sus paisajes me parecieron como expresiones máximas de la naturaleza. Se necesita tiempo y dedicación para asimilar tanta magnitud y belleza. Los picos de aguja, en Grand Teton NP, que se alzan blancos e imperturbables, rompen el azul intenso del cielo y son testigos del largo y paciente trajinar de los grandes ciervos en época de brama. Las manadas interminables de bisontes pastan en las praderas verdes de Yellowstone, y avanzan con total naturalidad a las áreas del parque donde se encuentran el centro turístico, alojamientos, restaurantes, etc. Estoy en una tierra donde los géiseres, de colores imposibles de describir, escupen desde las entrañas de la tierra su ancestral historia frente a los turistas absortos.

Canadá

En la tardía primavera de Montana pude apreciar cómo el agua de los elevados glaciares del Glaciers NP bajaba en forma de hilos de plata formando lagunas y lagos de color turquesa y esmeralda, donde especies como ciervos, alces, osos y cabras de montaña abrevaban por las tardes. En éstos tres Parques Nacionales mencionados, y todos los que siguen hacia el norte en Canadá y Alaska, el tema de los osos es central. Se sugiere tomar las máximas precauciones y caminar siempre con un spray para osos. Las administraciones entregan una serie de folletos que indican cómo actuar en caso de cruzarse con ellos o en caso de ataque. Y en los sitios de camping se extreman las medidas con cajas de metal para guardar alimentos y claras indicaciones de no dejar nada al alcance de ellos. Ni siquiera un shampoo que podría captar su atención. Si por culpa de turistas distraídos o descuidados, un oso visitara los campamentos en reiteradas oportunidades, los guardaparques podrían matarlo para salvaguardar a los acampantes. También cabría una altísima multa a quien haya desobedecido las claras indicaciones.

El patrullaje de los Park Ranger (guardaparques) es continuo, minucioso e implacable. Cero tolerancia en excesos de velocidad, manejo de residuos y comportamiento por parte de los visitantes en el parque en general. Tienen la autoridad de la policía y si es necesario podrían arrestar a alguien o poner elevadísimas multas de miles de dólares. Los guardaparques gozan de una excelente reputación en Estados Unidos y Canadá. El largo viaje por las Rocallosas y sus mágicos rincones me acercaban a la frontera norte de Estados Unidos. En las últimas millas de Montana, a lo lejos, en el paso fronterizo, divisé la bandera de Canadá y su hoja de Arce roja. Pensé que la Mula también la había divisado, y, de
ésta manera, terminaba de entender que su tierra natal, la Florida, con sus playas soleadas, sus Ferraris y pequeños biquinis había quedado atrás.

Nota completa publicada por revista Weekend 541, octubre 2017.

Temas en este artículo: , , ,

Deja un comentario