Cuáles son mejores formas de remolcar una bicicleta

Cuando un compañero lo necesita, por problemas técnicos o de agotamiento, el remolque presta un eficaz auxilio para que la salida termine bien. Cómo realizarlo de manera correcta.

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Una característica del cicloturismo y del mountain bike en todas sus disciplinas es que “nadie queda tirado”. Ya sea por motivos físicos o mecánicos, y cuando a pesar de ponerle toda la garra no podemos arreglar un componente roto o levantar a un camarada cansado o golpeado, jamás lo dejaremos solo. Podremos dividir el grupo para hacerle el aguante hasta que se tome un tren, o alguien venga en auto a buscarlo si la bici se rompió. O impondremos un ritmo de marcha menor. O si no recurriremos a la infaltable cuerda.

A tiro. En cada salida debemos tener siempre dos o tres cordines elásticos de 2, 50 metros, dependiendo de la cantidad de bikers. Y cuando uno de ellos no da más físicamente a pesar de hidratarlo y asistirlo, lo llevaremos “a tiro”. ¿Cómo? Ataremos el cordín al portaequipaje o el caño portasilla de nuestra bici y lo enroscaremos –sin atarlo– al manillar del camarada en apuros. Si la bici que tracciona tiene portapaquetes, se puede amarrar el cordín a él. De lo contrario lo ataremos al caño portasilla, pero si es de carbono resulta preferible atar el cordín a la mochila o a la cintura del biker, ya que este material reacciona diferente al aluminio por la diferente tracción. Si no tenemos cordines, la cámara de repuesto también nos servirá. No es tan larga como un cordín, pero si unimos dos con un nudo nos arreglaremos perfectamente.

La fijación. No es conveniente atar el cordín porque ante una mala maniobra, las dos bicis pueden terminar en el suelo. Sólo debemos efectuarle una pasadita por el manillar, y el biker remolcado apretará el extremo contra el mismo. De esa manera, ante un imprevisto sólo tiene que aflojar la tensión y la bici quedará suelta.

Cómo desplazarse. El tema es coordinar con el biker que tracciona. Lo ideal es arrancar los dos tirando juntos y una vez vencida esa inercia que el biker a remolque no pedalee. Pero debe estar atento al camino: camas de polvo/arena o alguna trepada pueden necesitar que de unos palancazos para no perder envión. En el caso de que el cansancio no fuera extremo puede pedalear acompañando el movimiento pero “sin matarse”. Recordemos que al venir a rueda (chupado atrás del compañero), el viento no lo frena y ya tiene un factor menos de fatiga. Y hablando de viento, a todos nos ha comido las piernas. A veces no necesitamos recurrir a la cuerda, con sólo resguardar al biker podrá llegar por sus propios medios. Si el trayecto que falta es largo o muy duro, resulta conveniente ir haciendo postas para remolcar al compañero en problemas. El recurso de empujar por la espalda lo debemos dejar para bikers muy experimentados, ya que se corren más riesgos de enredarse y rodar por el piso. Y también hemos encarado trepadas con una bici a tiro. A medida que perdían velocidad nos fuimos sumando empujándolos en la espalda. Y también con el práctico recurso de que se nos cuelguen con una mano del correaje del Camelbak… cinco bicis en equipo llegamos a lo alto en el summun de la cooperación.

Camaradería. Me ha sucedido de remolcar a otro biker por 30 km de caminos arenosos, pero también salir hecho una locomotora y volver “a tiro” convertido en una babosa. La camaradería imperante hace que en la bici sea un “hoy por ti, mañana por mí”. Y obviamente que al llegar ya sabemos quién paga la cerveza.

Nota completa publicada en revista Weekend 540, septiembre 2017.

 

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