Fascinante aventura: de España a Japón en bicicleta

Una rosarina radicada en España y su novio comenzaron un viaje en bici que tiene como meta llegar a Tokio, desde España. Los detalles de esta apasionante aventura. Galería de imágenes.

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Todos tenemos sueños, la diferencia puede radicar entre quienes los llevan a cabo y los que los dejan guardados. Julia Ciancio es de la primera categoría, una rosarina que a los 6 años tuvo el sueño de hacer un viaje en bici. Las vueltas de la vida la llevaron a radicarse en España… y de ahí partió en bici hacia Tokio junto a su novio Benjamín Salcedo.

Weekend: ¿Cómo mantuviste tu sueño vivo? ¿Tu familia también es amante del aire libre y los viajes?
Julia Ciancio: Desde que a los 6 años soñé que iba a la Patagonia en bici, siempre me interesé de gente que hacía viajes en bicicleta. Cuando tenía 10 años un amigo de mi tío vino desde Colombia en bici, lo que me hizo comprobar que viajar así era posible. Cuando era chica, y por más que mi papá al aire libre lo disfruta desde su sofá, solía comprar la revista Weekend, y las expediciones que mostraban iban siempre alimentando más mi imaginación. Ya de adulta, viviendo en Barcelona, me animé: hice el Camino de Santiago en bici. Me prometí que desde ese momento sólo haría viajes con ella.

W: ¿Por qué razón el destino final es Tokio?
J.C.: Al planificar el viaje, Benjamín y yo nos planteamos llegar lo más lejos que se podía en bicicleta. Queríamos descubrir la Ruta de la Seda, pero terminar el viaje en China no nos tentaba mucho. Por otra parte, hacía mucho que queríamos visitar Japón, pero nos parecía muy lejos y caro. Así, solo tomando un ferry, llegamos de una forma diferente y más económica a Japón. Viajar en bici te permite un ritmo adecuado para pararte donde quieras, y al mismo tiempo recorrer distancias importantes, un buen equilibrio entre experimentar la vida como un local y viajar. La gente suele ver al viajero en bicicleta como una persona indefensa, por lo que el contacto es muy natural y el intercambio cultural aun mayor. ¿Viajando en qué otro modo de transporte la gente se pararía con los autos para bajar la ventanilla y regalarte comida o agua?

W: ¿Cuál es el momento en que te decidís por la bici y junto a tu novio efectúan el primer viaje?
J.C.: Cuando nos conocimos, Ben estaba organizando para hacer un finde en solitario en la montaña, en algún lugar de Cataluña. Me preguntó mi opinión sobre posibles rutas y finalmente su plan cambió radicalmente: salimos los dos juntos con nuestras bicis desde la ciudad a cruzar los Pirineos. ¿Qué mejor para un primer viaje en pareja? Igualmente, el trekking es una actividad que seguimos disfrutando.

W: ¿Benjamín también tenía ese sueño compartido o lo arrastraste a la aventura?
J.C.: Con Ben compartíamos el sueño de tomar un año sabático para descubrir el mundo, aunque él lo imaginaba más a mochila o en moto. Ya habíamos hecho varios viajes en bici y fue fácil para mí convencerlo de elegirla. Y en marzo de 2016 pusimos fecha: saldríamos a Japón exactamente en un año.

W: ¿Qué bicis utilizan?
J.C.: Tenemos el delirio de pasar por la remota ruta de Los Pamires, en Tajikistan, la segunda ruta más alta del mundo y que tiene muy mala reputación por sus tramos de piedras. Necesitábamos entonces bicis bien resistentes y nos decidimos por la Surly Long Haul Trucker, un modelo norteamericano de acero con excelente reputación. Lo más gracioso de todo es que durante el viaje coincidimos con gente que hacía el mismo recorrido que nosotros con bicis que uno usa para andar por la ciudad. Nos ha hecho sentir a veces un poco ridículos con nuestras bicis de precio de oro.

W: ¿Recibieron asesoramiento para el equipamiento necesario?
J.C.: La mayor parte de la información la encontramos en la web, y recabando datos en los negocios de bici que visitamos. Es increíble cómo al interesarse en un tema, un universo que desconocemos se abre. Esta fue la sensación que tuvimos al meternos en el mundo de los viajes en bici, donde uno pedalea cada kilo. Tanto Ben como yo transportamos 25 kg de carga cada uno, más los 16 kg de la bici. Después de 4 meses en la ruta, nos damos cuenta de que 2 o 3 kg tampoco nos cambian la vida, aunque nuestras piernas nos lo agradecieron al principio.

W: ¿Antes del viaje entrenaron en forma especial?
J.C.: ¡En absoluto! Antes del viaje hubo una seguidilla de Navidad y después un mes de vacaciones en Argentina, yendo de asado en asado y ganando kilos. Llegamos al día de partida con una bici nueva, unos kilos de más y cero entrenamiento. ¿Buen comienzo, no?

W: ¿Cómo deciden el itinerario final?
J.C.: La idea general es seguir la Ruta de la Seda, con un promedio de 70 km diarios. En general, planificamos semana a semana las etapas, sin embargo, lo bueno de estos viajes es ser flexible y dejarse llevar por lo que uno siente, las recomendaciones de otros cicloviajeros o la gente local.

W: ¿Han compartido la ruta con otros viajeros?
J.C.: Hemos encontrado muchos cicloviajeros, pero no compartimos mucho camino. A veces no es posible hacer etapas juntos por las diferencias de ritmo o de planificación de rutas. La pasamos muy bien con los “Ciclópatas de la Seda”, tres catalanes que encontramos con quienes pedaleamos un par de días. Con ellos alcanzamos el fracaso de hacer un asado durante un camping libre en Turquía. Cinco personas tratando de hacer unas patas de pollo a la parrilla, que terminamos comiendo medio crudas.

W: ¿Cómo se manejan con la recarga de equipos eléctricos?
J.C.: De todos los dispositivos que traemos (notebook, iPad, camera, celulares, Gopro), sólo el celular nos parecía imprescindible de tener siempre a full ya que lo utilizamos como sistema de navegación y para estar comunicados con amigos. El dínamo que instalamos nos permite tenerlo cargado en cualquier condición climática, con un poco de esfuerzo. Para el resto, tenemos un Power Bank de 2600 mAh.

W: ¿Se aclimatan bien a las diferentes comidas?
J.C.: Para nosotros, gran parte de descubrir un país pasa por la comida, por lo que intentamos probar los platos locales. Y Ben se aclimata mejor: ya ha desayunado sopa de tripas en Bulgaria, y cenado sandwich de cerebro de cordero en Irán. Hasta ahora, yo diría que la mejor gastronomía la probamos en Italia, en Turquía y en Irán. Lo bueno de viajar en bici es que la gente que te encontrás por el camino a veces te invita a comer a su casa y podés así descubrir lo mejor de la gastronomía de cada país.

W: ¿Cuáles son los lugares más hermosos que visitaron?
J.C.: Imposible elegir solo uno: la Ruta de Cornisa, entre Frejus y Niza; las antiguos trazados ferroviarios en Italia transformados en rutas de MTB; en Croacia, la ruta La Parenzana que atraviesa pueblos de montaña son los principales…

W: ¿El momento más difícil del viaje?
J.C.: En Irán. Cruzamos un desierto con 54 ºC y kilómetros de nada donde reabastecernos. Nuestra agua se encontraba a una temperatura para hacer mate. Fue realmente todo un desafío físico, y especialmente moral y mental.
Al cierre de esta edición, Julia y Benjamín se encontraban en Turkmenistán, esperando la visa para continuar su viaje… y haciendo trekking para matizar la espera. Cuando lleguen
a Japón publicaremos la segunda parte de este maravilloso viaje.

Nota completa en revista Weekend 539, agosto 2017.

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