Catamarca: escuela de altura para principiantes

Diferentes opciones para disfrutar de los trekkings de montaña en la región de los seismiles. Ideal para aclimatarse y soñar con la primera cumbre. Galería de imágenes.

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Si haciendo trekking de montaña llegaron hasta los 3.000 metros de altura, las botas van a querer un ascenso de 4.000, uno de 5.000 y, por qué no, para muchos el sueño se convertirá en algo muy elevado: llegar a la cima de un gigante de 6.000 metros y vivir así la verdadera odisea de la alta montaña. Y si ese es nuestro sueño, podrá llevarnos a Catamarca, porque allí hay una zona que la llaman “los seismiles”, ideal para hacerlo realidad. Esta región conocida como “los seismiles” se denomina así porque tiene más de 20 montañas por encima de los 6.000 metros sobre el nivel del mar, pero también posee una gran variedad de cerros con cotas de 3.000, 4.000 y 5.000 metros, poco frecuentados y prácticamente sin dificultades técnicas de ascenso, básicamente trekkings de altura para los cuales lo importante es conseguir una buena aclimatación.
Para empezar la aventura, lo mejor es llegar hasta Tinogasta, que está a 1.500 m de altura y a 279 km de la capital de Catamarca. Es un poblado de origen diaguita. En lengua kakana, “tino” significa reunión y “gasta”, pueblo. Hoy es uno de los centros urbanos más importantes del oeste catamarqueño.

Primera opción

Un ejemplo entre la variedad de cerros que no superan los 4.000 metros es el que cuenta el andinista Lelio Di Crocci, quien integró la Expedición Ruta del Penck, cuyo principal objetivo fue continuar el relevamiento histórico de la ruta que siguió el alemán Walter Penck para cartografiar las montañas del norte catamarqueño, una real aventura en aquel momento. Las palabras de Di Crocci son las que siguen a continuación: “Tomamos la RN 60 rumbo al Paso de San Francisco, y el primer campamento fue en el paraje Pastos Largos (3.600 msnm), que tiene un refugio de arrieros 500 metros a la derecha. Si tomáramos el desvío hacia la izquierda, nos iríamos a las zona de grandes seismiles, como el Pissis, la cara sur del Ojos del Salado o al Walter Penck. Pero nuestra primera meta era aclimatar bien, así que giramos a la derecha, una zona de acceso a un montón de cerros de 3.000 y 4.000 metros, hermosos y prácticamente inexplorados. “Así fue como nos instalamos en el refugio con paredes de adobe y techo bajo, pero igual armando las carpas adentro. Teníamos fogones para cocinar y calentar el ambiente y unas mesas de concreto para improvisar la cocina-comedor-sala de estar. Tomando como base este refugio, encaramos el ascenso de dos cerros: Aguada de los Quirquinchos (3.980 m) y Negros del Chaschuil (3.631 m).

Aguada de los Quiquinchos

“Nos dirigimos hacia el sur. Primero exploramos un poco con la 4×4 por un valle que lleva a Tambería y vimos el filo sudoeste, que se veía franco para subir y hacer el primer ascenso. Hacia el oeste del cerro descubrimos otro solitario refugio donde vivía un arriero. El ascenso es técnicamente fácil, no hacen falta piolets ni encordarse. La complicación es la piedra suelta del acarreo, que lo hace cansador. La vista hacia el este es imponente. No nos encontramos con una zona de viento constante. Fueron dos horas de subida para llegar a la cima de la Aguada de los Quirquinchos, de 3.980 msnm. El descenso nos llevó apenas unos 40 minutos.

Los Negros del Chaschuil

“Teníamos en la cartografía a este cerro que desconocíamos por completo, y salimos a explorar la zona. Tomamos hacia el sur por la RN 60, y donde la ruta tuerce hacia el este y el valle que va a Fiambalá, nos desviamos por un camino de ripio hacia el sudoeste por un valle que también lleva a Tambería y Ciénaga Grande. Al venir por el camino se ve a la izquierda la cara oeste del cerro. Nosotros lo rodeamos para encararlo por la cara este. Llegamos al puesto de una mina de plata abandonada, y ahí paramos la camioneta porque ya el terreno era muy blando. Hicimos una ruta directa: la pendiente es más suelta y con más acarreo que La Aguada, pero también nos llevó unas 2 horas llegar al punto más alto, que está a 3.631 msnm. Con buen clima, desde Los Negros del Chaschill se podía ver el Pissis. Bajar nos llevó poco más de 30 minutos”, nos relató Lelio.

Segunda opción

En este ejemplo necesitamos contar con ocho días para animarnos, prepararnos y participar de un programa organizado llamado Picos Catamarqueños, que es muy bueno porque sigue una progresión lógica para hacer escuela de altura. El desafío es llegar a la cima de tres picos: Falso Morocho o Quitapenas (4.500 m), Bertrand (5.300 m) y el San Francisco (6.016 m), un gigante bastante gentil para los que ascienden por primera vez a tales alturas. El primer día del programa hay que transitar 189 km por la RN 60 hasta llegar al paraje Las Grutas (4.100 m), para hacer base en ese lugar. Allí está instalada una delegación de Gendarmería Nacional, la Aduana, un destacamento de Vialidad Nacional y otro de Vialidad Provincial, y hay un reducto que ofrece alojamiento para los montañistas: el Refugio de Las Grutas (4.020 m), una base muy cómoda a la que le llaman usualmente “el refugio de Vialidad”. Permite poder dormir en cuchetas y tener agua caliente para bañarse. Un punto cercano muy bueno para encarar los desafíos de la región.
El primer momento de ponerse en movimiento llega con el ascenso al Falso Morocho o Quitapenas, una subida de unos 5 km que vendrá muy bien para aclimatar y seguir adaptándonos a la altitud. Puede llevar en promedio unas dos horas. El hermoso paisaje desde la cumbre permite apreciar la imponencia del Incahuasi y del San Francisco. Desde la cima siguen otros 5 km de camino para descender al refugio. En Las Grutas, la comodidad del lugar va a facilitar una mejor recuperación que un campamento en carpas, con la posibilidad de darse una ducha caliente, o hasta ir a unas termas que están a menos de 2 km.

Cerro Bertrand

Es la montaña más clásica para ascender desde Las Grutas, y así hacer una primera experiencia en una cota que llega hasta los 5.000 m de altura. La mayor dificultad, aparte de la altitud, será la extensión del recorrido, aproximadamente unos 25 km entre ida y vuelta, que va a hacer el ascenso más complicado de lo que parece a primera vista. La altitud se va ganando en forma muy progresiva, sin pendientes muy empinadas. La cumbre del Bertrand (5.275 m) se ve en todo momento y la ruta es más o menos libre, solo el último tramo, llegando bajo la cumbre, conviene encararlo por la derecha. El clima es muy seco, suele haber viento y no hay agua en todo el camino. El ascenso puede durar unas 5 o 6 horas, y el descenso algo más de 3. La recompensa llegará al alcanzar la cima, donde podremos ver un cráter espectacular, de 4,5 km de diámetro y más de 300 m de profundidad.

Cerro de San Francisco

Luego de los dos ascensos, si todo va bien, se cumple un período suficiente de adaptación a la altura para intentar el gran objetivo: el San Francisco (6.016 m). Saliendo desde Las Grutas en una camioneta 4×4, avanzamos hasta llegar al refugio del Paso de San Francisco, que es donde parte la Ruta Normal actual. El ascenso, por lo general, se hace en dos jornadas, con un campamento 1 (C1) un poco arriba de los 5.200 m, y un segundo día de ascenso por la ladera noroeste que lleva cerca de cinco horas. Pero la última tendencia es hacerlo en un día, más en estilo alpino, que resulta más agotador, pero tiene como ventaja que disminuye las posibilidades de encontrarse con tormentas que compliquen el ascenso. El acceso a la cima es inolvidable y la vista panorámica espectacular, con vistas del Pissis, Walter Penck, Ojos del Salado, El Muerto, Tres Cruces y muchas montañas más que invitan a regresar para continuar el aprendizaje de altura en esta escuela catamarqueña al aire libre.

Nota completa publicada en revista Weekend 539, agosto 2017.

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