Everest: ¿Es verdad que desapareció el escalón Hillary?

Controversias, verdades y mentiras, tragedias y proezas en el monte más alto del planeta. Novedades que van desde la posible desaparición del Escalón Hilary hasta un nuevo récord.

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El Everest es una pirámide con tres caras definidas: norte, suroeste y este. Entre ellas discurren tres aristas, filos o –en inglés– ridges. Además, en las caras hay espolones (resaltes rocosos) y corredores (canaletas) por donde también existen rutas. Sobre estos rasgos geográficos (caras, filos, espolones y corredores) es donde los montañistas han trazado las rutas de ascenso hacia la cima. En 1953, por la ruta normal o arista sureste, se realizó la primera ascensión exitosa, que se divide en tres tramos: glaciar del Khumbu, pared este del Lhotse y arista sureste. Las principales dificultades son al inicio, atravesando la cascada de hielo del Khumbu, y al final, sobre los 8.800 m, donde toca pasar por un resalte rocoso de dificultad técnica conocido como Escalón Hilary (Hillary Step, en inglés). En las expediciones comerciales actuales, gracias a la instalación de cuerdas fijas que colocaban guías y sherpas, se facilita mucho el acceso a los últimos tramos que conducen a la cumbre para aquellos que no están preparados técnicamente para afrontar el Hillary Step. Y ahora, con el inicio de la nueva temporada en el Himalaya, se habla de la posible desaparición o, al menos, de grandes cambios de su obstáculo más legendario: el mencionado Hillary Step. Sería como consecuencia de los movimientos causados en la montaña por el terremoto de Nepal en 2015.

Opiniones encontradas

Tim Mosedale, un montañista británico que llegó a la cima en seis ocasiones, incluyendo su cumbre de este año, explica: “La ruta por la cara sur es razonablemente técnica y el Hillary Step ya no sigue allí. Es oficial. No estoy seguro de lo que ocurrirá cuando la arista se limpie de nieve, pero desde luego allí hay unos grandes bloques de roca que parecen haberse caído de forma aleatoria, haciendo de este tramo algo muy difícil de negociar”. Este aumento de dificultad en el paso clave hacia la cumbre podría afectar el número de ascensiones en la actual temporada del Everest. El tiempo dirá en qué medida.
Por el contrario, el gobierno de Nepal asegura que el mítico escalón Hillary se encuentra intacto y cubierto de nieve. Pero el comunicado del Ministerio de Turismo no da precisiones que sustenten su afirmación. La primera pregunta que uno se hace y deberían responder con exactitud es: si está cubierto de nieve, ¿en qué se basan para asegurar que esta allí todavía si no puede verse? Los grandes intereses económicos que afectan a la ruta más transitada del Everest pueden llevar a esta polémica, o a que no quiera admitirse el hecho (si es cierto), ya que implicaría un aumento de la dificultad del ascenso y una posible disminución de clientes para el montañismo en Nepal.

Negocio del turismo extremo

Luego del primer ascenso en 1953, y con el paso del tiempo, el Everest se ha convertido en un gran negocio para las expediciones comerciales, con mucho dinero en juego de por medio, donde las tensiones, conflictos, descuidos y desastres pueden aflorar. El triste ejemplo fue la temporada de primavera de 1996, cuando fallecieron 15 personas, convirtiéndola en la más trágica de la historia del Everest (hasta el terremoto de Nepal en 2015). Además, entre los ocho que murieron durante el descenso de cima del día 10 de mayo, se encontraban los directores y guías de montaña de las entonces más importantes compañías de guías de altitud del mundo: Rob Hall, director de Adventure Consultants; y Scott Fisher, de Mountain Madness. Se puede ver una recreación de los hechos en la película “Everest” (2015).

Pero lo que pudo haber enseñado esta tragedia, terminó cayendo bastante en saco roto… Las reglas y regulaciones en la montaña más alta del mundo, sobre todo las referentes a la seguridad, siguen siendo inciertas. Para colmo de males, en los últimos años muchas empresas locales de Katmandú, la capital de Nepal, redujeron el precio en relación a lo que solicitan las extranjeras, que tradicionalmente dominaban el mercado de las expediciones. “Las empresas de bajo presupuesto que trabajan de manera masiva cobran a partir de unos 35.000 dólares el servicio completo por 2 meses (incluyendo oxígeno), pero realmente se escuchaban muchísimas quejas del servicio de esas compañías. En cambio, otras firmas que trabajan de manera exclusiva y que brindan un servicio de excelencia en el ascenso, cobran por encima de los 60.000 dólares. A primera vista, esa diferencia de precio parece demasiada, pero estando allí pudimos observar que el incremento es absolutamente justificado y, en definitiva, no redunda sólo en servicio, sino especialmente en la seguridad sobre la montaña”, explicaba el montañista argentino Pablo Bravo, quien en 2014 trabajó como jefe del Campamento Base del Everest para “Patagonian Brothers”, la empresa de Willie y Damián Benegas.

Dudas y certezas

“En las compañías de expediciones low cost se puede ver una enorme dilución de experiencia en los empleados. La ecuación es inquietante si se incluye la notable falta de experiencia en alta montaña de los clientes”, agregó el guía británico Tim Mosedale. Desde el inicio de la temporada 2017, más de 382 alpinistas lograron alcanzar la cima por el lado sur y unos 120 lo hicieron por el lado tibetano. El número de muertes es incierto. Hay algunas confirmadas, y otras que no resultaron ciertas, como una noticia que se hizo viral acerca de cuatro montañistas encontrados muertos en su carpa. El 26 de mayo, Damián Benegas envió un correo electrónico que decía: “Escribo desde el Collado Sur. Hicimos cumbre ayer. ¡La mejor cumbre en años! Es mi quinta cima en el Everest y la 12 de Willie. Las noticias que están corriendo (sobre los cuatro alpinistas muertos) son falsas. Recorrimos todo el Collado Sur ¡Y no encontramos nada!”. El problema es complejo, no se trata de negarle a nadie el acceso a la montaña, sino de regular en mayor grado para llegar a un acceso responsable.

Otra noticia del Everest

Este año, el sueño infantil de Kilian Jornet (29 años) terminó de hacerse realidad en el Eve- rest. De niño no se cansaba de leer los relatos sobre las hazañas de Reinhold Messner o Walter Bonatti, y así nació en el joven Kilian el deseo de establecer los récords de ascenso y descenso de las montañas más emblemáticas del planeta. National Geographic lo nombró aventurero del año en 2014 tras ganar una votación popular. “Kilian Jornet ejemplifica el espíritu de la aventura en el sentido más auténtico de la palabra. Ha demostrado una y otra vez que los límites están hechos para romperlos”, afirmaba el prestigioso medio internacional. El fantástico deportista español se crió en un refugio de montaña a 2.000 metros de altitud (Cap del Rec, en la Cerdanya). Con 3 años ya escaló su primer tresmil. Desde su niñez, cada fin de semana salía a la montaña.
El 27 de mayo de este año, Kilian Jornet alcanzó la cumbre (8.848 m) por la cara norte del Everest. En solitario, sin oxígeno, sin utilizar cuerdas fijas y de una sola tirada, consiguió un fantástico récord de 17 horas para subir y bajar. Había salido desde el Advanced Base Camp, situado en 6.400 metros. Desde allí se dirigió hacia la cima pasando por los tres campos de altura donde normalmente se detienen los alpinistas que quieren escalar la montaña más alta del mundo y que tardan una media de cuatro días.
Con este ascenso, Jornet repitió la proeza de escalar la cima del mundo después de haberlo hecho seis días antes. En esa ocasión tardó 26 horas para subir y bajar, pero saliendo desde el Campo Base del Everest, en el antiguo monasterio de Rongbuk, a 5.100 m. Los dos ascensos formaron parte del proyecto “Summits of My Life”, que desde 2012 lo ha llevado a viajar por todo el mundo intentando establecer récords de ascenso a las montañas más icónicas del planeta.

Comenzó en la cordillera del Mont Blanc en 2012 y desde entonces ha escalado montañas en Europa (Mont Blanc y Cervino), en América del Norte (Denali) y en América del Sur (Aconcagua). En el gigante de nuestro país ubicado en la Cordillera de los Andes, Jornet marcó el récord de ascenso y descenso en 2014, con un tiempo de 12 horas y 49 minutos, siguiendo la ruta normal, con salida y llegada en Horcones.

Nota completa en revista Weekend 538, julio 2017.

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