Fin de semana en Roque Pérez

En la provincia de Buenos Aires, un muy atractivo circuito por viejos almacenes en actividad y por antiguas joyas históricas que han sido restauradas.

Por

Ingresamos por un camino bien arbolado que conduce al centro de Roque Pérez, ciudad bonaerense y cabecera del partido homónimo. En la plaza principal nos espera Alejandra de la oficina de Turismo local para acompañarnos en la recorrida. Calles pulcras, esquinas antiguas y casonas restauradas. En el galpón del ferrocarril, reciclado con muy buen gusto, está el Museo Regional con su colección de restos fósiles, trabajos artísticos, fotos históricas y exposiciones itinerantes. De regreso a la plaza céntrica, vemos dos iglesias ubicadas frente a ella: “Es una de las pocas ciudades –comenta Alejandra– que posee dos templos principales, uno al lado del otro. El Santo Patrono es San Juan Bautista, y la primera capilla se inauguró en 1899, conservándose como símbolo histórico. Al lado, más moderno y amplio, el segundo templo en el que se ofician misas y se lleva a cabo la actividad religiosa”.

La ciudad también conserva la “casa-rancho” donde nació Juan Domingo Perón, el 7 de octubre de 1893. Ya estaba cuando el pueblo aún no tenía iglesia ni registro civil (de hecho, el nacimiento fue inscripto en Lobos). Aquí, Mario Tomás Perón y Juana Sosa vivieron con sus dos hijos: Avelino y Juancito (quien mucho tiempo después, alcanzara varias veces la presidencia del país). El lugar se mantiene casi intacto, y hay numerosos objetos, fotos y bibliografía alusiva.

Ahora vamos a compartir en caravana el Circuito de los Almacenes. Un recorrido armado por la dirección de Turismo que propone visitar boliches de campo. Llegamos a La Paz, un solitario paraje donde está el emblemático almacén de ramos generales del mismo nombre. Abrió en 1859 y jamás cerró. Su pared frontal, de rabioso amarillo y grandes letras negras, resalta desde el camino. Adentro, el legendario mostrador junto a antiquísimos estantes y cajoneras, prestigian el salón. “Detrás del boliche se encuentra la pulpería –explica Mabel, anfitriona del lugar– habilitada por Juan Manuel de Rosas en 1832, y a la que solía visitar Juan Moreira en su paso por estas regiones.” Hay un sector convertido en museo y un legendario frontón de pelota.

Ahí nomás está La Paz Chica, otro solitario y pintoresco paraje. Allí se encuentra una nueva joyita de tiempos idos: el Cine Club Colón –reabierto hace poco tiempo–, única sala rural de esta índole que funciona en la provincia. José recibe al contingente e invita a recorrer el recinto que cuenta con un vistoso escenario y pantalla de proyección, pequeño palco, coqueta boletería y paredes decoradas con afiches de películas.

Cine y más almacenes

“La idea fue recuperar estos lugares –explica José– para armar el corredor turístico. Empezamos de cero, el cine estaba cerrado y abandonado, hubo que reabrir varios almacenes y acondicionar otros, pero nos juntamos y con mucho esfuerzo hoy tenemos estos sitios abiertos a los visitantes. El Cine Club Colón es el eje central de estos parajes donde viven apenas 200 personas. Mitad cine, mitad cantina, mitad teatro y generador de reuniones y eventos festivos. Aquí almorzamos, degustando exquisitos fiambres, quesos, empanadas y sándwiches. A unas cuadras llegamos a la última parada. El almacén San Francisco, ubicado en una clásica esquina de campo desde 1930. Largo mostrador de madera, estanterías, paredes de adobe, mesas y sillas de antaño. Una verdadera reliquia que aún hoy sigue siendo punto de reunión de parroquianos.

Nos queda La Estafeta, añeja construcción de 1884 que cumplía servicios postales y telegráficos. Está en La Paz y ahora funciona como restaurante de campo. Pasamos por la puerta sin detener la marcha, ya que a la noche disfrutaremos de una cena de carnes asadas y pastas, en compañía de cantantes y guitarristas. En la jornada siguiente partimos al cercano Carlos Beguerié, también incluido en el programa de los almacenes rurales. Pequeño pueblo de más de un siglo, situado a sólo 25 km, y donde viven unos 300 habitantes. Allí está, inactiva, la estación del tren desde la década del 70. Desde su predio despuntan las anchas calles del poblado. Tranquilidad y silencio acompañan al recorrido enmarcado por antiguas construcciones, la visita a Envión (casa de dulces regionales), al Museo Badiola con sus objetos y testimonios locales, y a la pintoresca capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de 1937. Antes de retirarnos, imperdible un humeante café con leche con churros y tortas fritas (todo casero) en el almacén La Perla frente a la estación, enclavado en esquina y con viejos surtidores en sus gastadas veredas. Adentro, el tiempo se detuvo a principios del siglo pasado, y por un rato nos metimos en esta historia, disfrutando sus mesas, sus platos, sus tazas… Resalta la caja registradora y los estantes cargados de botellas…

Otras alternativas

Junto a la historia y los boliches de antaño, la naturaleza y la pesca también marcan presencia por las cercanías, brindando tentadores cauces de agua donde saben salir buenos ejemplares de pejerreyes y dentudos. Ahí está la laguna El Esparto, el arroyo Las Flores o el codiciado río Salado. “Luego de las últimas inundaciones –acota Alejandra– estos sitios se desbordaron, y hoy están volviendo a la normalidad. De todas formas, antes de venir a pescar conviene comunicarse con nosotros para confirmar el estado actual”. Ante un atardecer magnífico vamos enfilando por el mismo camino que sirvió de ingreso, pero ahora a la inversa y en dirección a la ruta para culminar el itinerario. El pórtico reza: “Pueblos de Buenas Costumbres”, y en realidad es así, porque llevamos cuantiosas imágenes de lugares y paisajes, pero también de gente solidaria, de comidas caseras, de historias que se repiten y se conservan como uno de sus más valiosos patrimonios, sigilosamente cuidado y reiterado, a través del tiempo…

Nota completa en revista Weekend 538, julio 2017.

Guardar

Temas en este artículo:

Deja un comentario