Trekking: el seismil más fácil de subir

El ascenso del Huayna Potosí, una montaña cercana a La Paz, Bolivia, que forma parte de la Cordillera Real. Los detalles de un trekking exigente.

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La Cordillera Real se levanta al este de La Paz y hacia el sudeste del lago Titicaca. Mide 125 km de largo por unos 25 de ancho. Sus montañas están compuestas mayormente de granito y pese a encontrarse sólo a una latitud de 17 grados al sur del Ecuador, tienen una notable densidad de glaciares, que se debe al aporte de las masas de aire húmedo que llegan de las cercanas tierras bajas de la Amazonia. La Cordillera Real se está convirtiendo en un destino top para los aficionados al trekking y montañistas de todo el mundo, por su gran belleza natural y porque todavía es mucho más accesible económicamente que los Alpes o la región del Himalaya. El Huayna Potosí es una montaña de 6.088 metros, la más cercana  entre las altas y emblemáticas que circundan La Paz. Eleva su mole de piedra sólo a unos 25 kilómetros hacia el norte de la ciudad. Uno puede quedarse horas observando la belleza de su singular forma piramidal. Por su proximidad a La Paz, es el destino de montaña más popular y visitado de Bolivia.

Quiénes y cómo

El primer ascenso de la Ruta Normal (o Ruta SE) fue realizado en 1919 por los alemanes Rudolf Dienst y Adolf Schulze. Por esta ruta, muchos montañistas lo consideran el seismil más fácil de subir, porque no presenta dificultades técnicas: es un trekking de altura (sólo hay que sortear una rimaya a unos 5.700 m). El desnivel a ascender desde la base es de 1.400 m, y partiendo desde La Paz (3.640 m) se puede conseguir una buena aclimatación en forma más sencilla. Pero todo esto es relativo, porque en alta montaña siempre están latentes los problemas que puede causar la exposición al clima y la altura. Y la Ruta Normal tiene unos buenos tramos de travesía glaciar, donde hay que ir encordados para evitar el peligro de las grietas. La otra cara de la montaña, la West Face o Cara Oeste, sí está considerada como un ascenso de dificultad técnica. El guía de montaña y trail runner Nicolás Olaciaregui nos relata los detalles del ascenso que realizó integrando un grupo del Club Andino Noreste Argentino (CANEA).

Los preparativos

“Lo primero es subirse a vehículos para llegar con ellos al Campo Base (CB). Desde El Alto, por un camino de ripio son unas dos horas de viaje para arribar al Paso de Zongo, a unos 4.700 metros. Llegamos a nuestro refugio del CB, al pie de la montaña y al lado de un fantástico espejo de colores turquesas: la laguna Zongo. En realidad hay varios refugios en la zona, todos privados. Acomodamos nuestras cosas y luego de comer algo nos vamos a dormir. Nos quedan largos días por delante.  “A la mañana siguiente, luego de un suculento desayuno, salimos a hacer un trekking de aclimatación. Nos dirigimos al glaciar del Charquini. El trek se desarrolla por sendas talladas en la roca para colocar canales de agua, con lo cual las cornisas son constantes e impresionantes. Con las panorámicas que tenemos del Huayna Potosí, vamos viendo poco a poco cuál será nuestra ruta de ascenso.  “En el segundo día, nuestra actividad es una caminata sobre uno de los glaciares bajos del Huayna para así conocer mejor a los guías, afirmar las cordadas y practicar con los equipos la travesía sobre glaciares. El día pasa rápido. Una vez de vuelta en el CB, y después del chequeo de salud diario que hacíamos con oxímetros y tensiómetros, dos de los chicos nos abandonaron: la altura les ha jugado una mala pasada y la decisión es que bajen, aunque no nos gusta nada dejar atrás a nuestros compañeros. Mañana salimos para el campamento de altura que se llama Campo de Rocas y está a unos 5.150 metros promedio (unos dicen 5.130, otros 5.200). En la zona hay un refugio muy básico.

“A la mañana siguiente nos calzamos las mochilas de ataque y comienza nuestro ascenso a Campo de Rocas. Es lento, pero salimos muy temprano ya que es vital que hoy descansemos lo máximo posible en el campamento de altura. En la madrugada del nuevo día estaremos intentando el ascenso final a la cumbre. “Está la opción de establecer el campo de altura en Campamento Argentino, a 5.550 metros. Nosotros no la usamos, el lugar es menos cómodo y sin refugio. “Arribamos al mediodía a Campo de Rocas y luego de almorzar nos recostamos todos para intentar dormir algo. Cada minuto parece una hora y la ansiedad se siente en el aire. El tiempo pasa y finalmente a la una de la madrugada ya estamos todos despiertos,  es hora de prepararse. Luego de desayunar, las cordadas comienzan a salir y son absorbidas por la noche. “Pierdo la noción de quién está delante y quién detrás, y me concentro en caminar mientras veo un cielo infinito de estrellas que marcan nuestro ascenso.

El esfuerzo final

“Alrededor de las seis de la mañana el sol comienza a aparecer en el horizonte y las líneas del Huayna se dejan ver. Estamos caminando sobre un gran glaciar a unos 300 metros verticales de la cumbre. El paisaje no puede ser más impresionante.
“Empieza el último tramo. Estamos en el filo cumbrero, muy expuesto y con ¡una vista no apta para cardiacos. La senda del filo es extremadamente angosta. A nuestra derecha, la pared oeste del Huayna cae verticalmente por aproximadamente 800 metros y sólo un pequeño escalón que nos llega a la rodilla nos da una leve sensación de que algo nos sostiene de no caer… Del lado izquierdo vemos por debajo las marcas sobre la nieve del camino andado.  ¡Llegamos! Son aproximadamente las 9 am y estamos en la cumbre del Huayna Potosí. Desde aquí observamos en el horizonte el lago Titicaca al oeste, al sur la ciudad de La Paz, al este las yungas que bajan hacia la selva y hacia el nor- noroeste los diversos picos de la Cordillera Real que no dejan de deslumbrarnos. Luego de aproximadamente 30 minutos en la cumbre comenzamos el descenso. En el camino nos cruzamos con algunos de nuestros amigos, a los cuales les damos ánimo.
“Después de unas horas nos reencontramos todos en el campo alto y nos preparamos para descender al base. Todo parece haber sucedido mucho tiempo atrás. Sin embargo, hace tan solo un par de horas estábamos en la cumbre, donde sentíamos que tocábamos el cielo con las manos mientras nuestro corazón latía con una felicidad absoluta.”

Nota completa publicada en revista Weekend 538, julio 2017.

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