Perdices: Cuál es la clave del éxito esta temporada

El estado actual de los campos exige aprender a leer las señales de la naturaleza y a mejorar la percepción cinegética.

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Parece ser que las botas en la temporada 2017 son un elemento imprescindible para la caza menor. Tiempo ha las preparaba para la salida matutina, cuando por lo general hay mucho rocío, y llevaba borcegos o zapatillas un poco más cómodas y livianas para la tarde. Pero con el clima actual estos últimos son imposibles: prácticamente hay bastante agua en muchísimos partidos de la provincia de Buenos Aires. Consejo: que todos los cazadores revisen que sus botas de goma se encuentren en buen estado, y si tienen que reponerlas, que no compren por el precio sino por el uso que le van a dar. Hay que prepararse para recorrer lodazales y lagunitas dentro de algunos cuadros, como también caminar algunos caminos vecinales para realizar grandes rodeos a fin de entrar a un cuadro adecuado. Por supuesto que hay excepciones en zonas más altas, como Azul, por ejemplo. Pero las regiones que recorrimos este mes, que fueron Rauch, Ayacucho, Tapalqué, Gral. Guido y Maipú, estaban bajo agua.

Comprobación fáctica

La invitación esta vez provino de Juan Raso, que me quería mostrar cómo trabajaba su perra Greta, una kurzhaar color marrón de 2 años. Él con una escopeta Beretta superpuesta calibre 20 monogatillo, chokes 1/2 y full, y yo con mi fiel pointer Folk y 2 escopetas calibre 20: una Remington semiautomática, 4+1, choke 1/2, y otra Silma superpuesta con chokes 1/2 y full. La idea era comprobar también lo que surgió en una charla telefónica con mi amigo Oscar Santini, que había tenido su primera salida de mayo en la misma fecha que lo hice yo (ver nota Weekend de junio, página 38), pero él había rumbeado para Azul, que como es una zona alta con menos agua, los tamaños de perdices y liebres eran los habituales para la fecha. El dato comprueba que en la zonas bajas los animales se tuvieron que trasladar a lomadas o sectores secos y  atrasaron así su fecha de gestación.

Otro hecho para destacar es que después de esas fechas cayeron dos heladas y los mosquitos casi desaparecieron. Sobre la Ruta 29, la zona entre Gral. Belgrano y Ayacucho se ve con mucha agua, y recién se nota su disminución cuando uno se acerca a Balcarce. Sobre la Ruta 3 el panorama también es similar, con alguna salvedad en la zona de Azul, que es un poco más alto que sus partidos vecinos, pero que recibió 142 mm de lluvia a principio de junio.

Cuestiones meteorológicas

Otra de las circunstancias a tener en cuenta con el clima es el viento: el sábado que salimos estaba con pequeñas ráfagas de 18 km y temperatura agradable; el domingo, en cambio, bajó el calor y el viento pasó a 34 km/h con ráfagas de 48, lo que puede dificultar el venteo del perro –según la raza toma la muestra más de arriba o de abajo– ya que los pastos siguen altos.

La cantidad de perdices, liebres en lomadas o cuadros altos es abundante, y la cuota diaria se cubre sin problemas. Comenzamos el fin de semana por la zona de Rauch, seguimos por Tapalqué, pasamos por Ayacucho (que vimos con más agua que en otras oportunidades) y cerramos en Gral. Guido. Es decir, salimos por la Ruta 3 y volvimos por Ruta 2, casi en un círculo. Lo más interesante es la complejidad de caza debido al estado de los campos. Es que estas zonas son muy disímiles con clima normal, pero con este tiempo resultaron muy similares entre sí, y ahí el éxito depende del cazador que debe saber leer los campos para lograr una buena cacería.

Al descender de la camioneta en el primer campo decidimos tomar cuadros separados. Los tamaños de las perdices todavía son variados, así que hay que prestar atención a la salida, para con el golpe de ojo ver que a lo que se tira tenga el porte correcto. Ambos perros cumplieron muy bien con sus marcas, por lo que decidimos dar por terminada la cacería a las 2 horas con los cupos del día cumplidos. Teníamos preocupación de que el agua del suelo les aflojara las patas, y alguna roseta u otro elemento se las cortara y eso provocara que al otro día no pudiéramos salir con ellos. Así que fuimos con amigos a disfrutar de unas empanadas fritas, un tierno asado y después a la cama a robarle el sueño a Morfeo.

El domingo amaneció frío y ventoso, por lo que resolvimos apresurar el paso y terminar en Gral. Guido, donde se nos unió un bretón –Firulais– para la prueba final. En esta oportunidad, tanto al pointer como al kurzhaar, que toman las emanaciones de arriba, les costaba más ser precisos para localizar la distancia de la presa por las emanaciones. A Firulais, en cambio, que las toma de abajo, los pastos más altos le frenaban un poco el viento, lo que en esta oportunidad le resultó beneficioso. Sin duda, nuestra actividad es un eterno círculo de circunstancias cambiantes que debemos estar preparados para sortear, siempre aprendiendo de los perros, el clima y la correcta lectura de los campos.

Nota completa publicada en revista Weekend 538, julio 2017.

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