Bike: técnica para pedalear en el polvo

Cuál es la forma correcta de enfrentar los guadales. Posición de manejo y relación de cambios apropiada. El factor velocidad.

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Grandes dudas nos surgirán cuando nos encontremos por primera vez con un camino tapado de polvo. Y no me refiero a la banquina con tierra suelta. Polvo con mayúsculas de lado a lado del camino, de ese que levanta una nube y no se asienta nunca. Por la geografía de nuestro país, creo que tenemos todas las variedades de piso polvoriento. Desde los polvos rojizos de La Rioja, los arenosos de La Pampa y el sur de Mendoza… Y ni hablar de la arena volcánica de la Patagonia andina.

Fundamental. Lo primero a tener en cuenta es que debajo  del polvo siempre puede haber un pozo o alguna piedra, con los que podemos topar a ciegas. Lo segundo, que la polvareda que levantarán nuestros compañeros nos cegará, por lo que debemos dejar una buena separación o ir paralelos a ambos lados del camino (si no hubiera tránsito). Hay que saber que la tierra suelta nos frenará y “comerá las piernas” si no tomamos recaudos, ya que la resistencia al avance es superior.

Cada maestro con su librito. Algunos prefieren llevar la bici con la transmisión pesada para ir más rápido y pasar sin llegar a enterrarse tanto, pero por esa misma velocidad puede llegar a generarse una caída. Además, podemos poner en riesgo la cadena si nos llegamos a parar sobre los pedales porque la tensión es mucha. En lo personal, prefiero desinflar muy poco las cubiertas (para tener más superficie de contacto) e ir con la transmisión liviana: plato chico y piñón grande, revoleando como le decimos los bikers. Y tirando el cuerpo para atrás, la cola casi saliendo del sillín para dejar la rueda delantera más liviana. Esta posición permite que la rueda delantera no se hunda demasiado en la capa de polvo, por no perder tanta tracción, aunque flameará un poco.

Mi truquito. Es pedalear sin parar y dar pequeños tirones hacia arriba al manillar para evitar que la rueda se vaya hundiendo. No será raro que la rueda trasera derrape también, por lo que hay que olvidarse de realizar un trayecto recto. Se hace lo que se puede… Si paramos y miramos para atrás veremos un zigzagueo constante. Y en el caso de una caída, no será muy dolorosa por la escasa velocidad.

Otra clave. Es mantener la velocidad correcta de acuerdo con el terreno. Si vamos con la bici con relaciones pesadas nos “comeremos las piernas”; si vamos muy despacio, costará llevar la bici porque navegará sumergida en esa capa.  Una cosa es pasar un guadal de 100 m, y otra pedalear durante horas en ese terreno: el consumo de energías que nos requerirá será abrumador, y la fatiga muscular también, por lo que la elongada final de toda pedaleada debe ser más completa.

Según el terreno. A 18 km/h podremos crucerear con las ruedas arriba del colchón de polvo, derrapando lindo, pero manteniendo un resto físico. Me ha sucedido de topar en La Rioja con guadales que casi llegaban al eje de la rueda. Bajando a 35 km/h la bici perdía 7 km/ en 3 m, era como ir pisando colchones. La sensación de velocidad amortiguada y, al instante, salir disparado para cualquier lado era… delicioso.

Variantes. Los lugareños siempre aportarán experiencias que no tienen precio. Si ellos nos dicen que el camino es mejor de mañana porque el rocío asienta el polvo o la arena, madrugaremos. En ocasión de una nota para Weekend en Luan Toro, La Pampa, la noche anterior diluvió y yo estaba preocupado porque la pedaleada del día siguiente iba a ser dura. Sin embargo, a la mañana ya no llovía, estaba nublado y, lejos de lo que podía haber sido un día asqueroso, un paisano nos adelantó que con la lluvia se había asentado todo el camino, con lo cual hicimos 70 km como piña.

Nota completa publicada en revista Weekend 537, junio 2017.

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