Puro off road en el desierto peruano

El desierto de Ica presenta una gran variedad de atractivos para recorrerlos en 4×4. Restos fósiles, increíbles playas y hasta un singular oasis. Además, las Líneas de Nazca. Galería de imágenes.

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En Perú son miles las alternativas que encontramos para la práctica del 4×4. La oferta off road es realmente enorme y de gran calidad, porque en sus destinos podemos combinar la práctica del deporte con una rica cultura. Uno de los más accesibles para frecuentar, porque solo se encuentra a 300 km de Lima y la ruta Panamericana sur que se utiliza para llegar es una de las mejores vías con las que cuenta la infraestructura vial peruana, es el desierto de Ica que, junto con el de Atacama, en Chile, son los desiertos de arena y dunas más espectaculares que existen dentro del continente.

Rumbo a las dunas

En el desierto de Ica podemos encontrar enormes formaciones de dunas que van en cordilleras de este a oeste hasta el mar, grandes pampas de arena, muy poca vegetación y una enorme cantidad de restos fósiles, humanos y arqueológicos, además de sus 300 km lineales de inhóspitas e inexploradas playas, meca para los pescadores artesanales y deportivos. Maiki Nieto, conocido por los off roaders peruanos como el gran “Zorro del desierto”, es una de las personas que más sabe sobre este lugar. Nacido, criado y vivido en el desierto de Ica, es un verdadero referente y, por suerte, nuestro guía en los próximos dos días. Ingresamos a las dunas con un poco de temor, porque las formaciones de arena eran realmente enormes. Y además existen los famosos ceniceros: pozos que se producen por el viento y son muy difíciles de divisar. Generalmente se encuentran después de las cimas o de un corte. Si alguien cae a uno de ellos, si el pozo es chico probablemente rompa algo de su vehículo, pero si es grande quizá le cueste mucho salir, porque la arena dentro de los ceniceros es muy fofa y resulta muy complejo hacer traccionar al vehículo.

Durante el transcurso de este primer día subíamos y bajábamos enormes dunas, realmente increíble el paisaje. Y la conducción todo terreno era de una gran dificultad: hay que saber manejar muy bien para circular por estas dunas. A medida que avanzábamos, Maiki nos contaba que por donde estábamos circulando había pasado el Dakar en ediciones pasadas. Con razón los organizadores de la carrera más extrema del mundo morían de deseos de que el Perú volviera a formar parte del recorrido, cosa que gracias a gestiones, mucha insistencia por parte de los organizadores y presión por parte de los corredores, ocurrirá nuevamente en enero del año próximo, donde seguramente estaremos presentes.

Laguna Morón

Por la tarde tomamos la decisión de ir con rumbo sur a ver unos restos fósiles. Y al llegar nos encontramos con una ballena petrificada. Según Maiki, y de acuerdo con los arqueólogos que recorren el lugar, esta ballena, bautizada Wally por los integrantes de la expedición, tenía más de 12 millones de años. Apenas terminado el sobrevuelo, salimos con nuestras Toyotas Hilux 4×4 de alquiler rumbo al “Desierto de California”, conocido por los amantes de todo terreno peruanos por tener las dunas más caprichosas, con cortes abruptos y grandes bajadas de un color amarillo intenso. Nuestro objetivo era el oasis de la laguna Morón: increíblemente agua en medio del desierto. Allí festejaría mi cumpleaños comiendo un asado acompañado de amigos argentinos y peruanos. Fue un día corto, porque hacía mucho calor y la laguna, en la que nos bañábamos, invitaba a quedarse un rato más.

Como otro de nuestros objetivos era la confraternidad argentino- peruana, nos sumamos a un mega evento realizado por Alta Ruta 4×4 del Perú: el campamento de Semana Santa a las playas de Barlovento. Ingresamos al desierto con rumbo oeste, utilizando el viejo camino hecho por antiguos pescadores, pasamos por el Cactus, una referencia que los pescadores utilizaban para no perderse en el desierto, al que es tradición echarle un poco de agua para que se mantenga vivo. Y luego de aproximadamente 2 horas de andar en caravana siguiendo a los guías llegamos a la playa Barlovento, en pleno océano Pacífico.

Al arribar nos encontramos con un campamento súper organizado, con lugares asignados para poner los vehículos, carpas, toldos, una sector de carpa principal, un comedor que no tenía nada que envidiarle a un buffet de un hotel, baños químicos y una carpa a orillas del mar para Pilar, la masajista de la travesía: cada camioneta tenía derecho a dos masajes de media hora. Como veníamos de tres días previos de aventuras, fuimos los primeros en tomar los masajes. Lo primero que hicimos fue armar nuestro sector. Los gacebos, de colores celeste y blanco, fueron bautizados como La Embajada Argentina, lo que causó risas entre todos los participantes peruanos. Recién caída la noche vino la primera cena del campamento. ¿Qué había de entrada?: una tremenda bandeja de sushi por cada camioneta preparada especialmente por un conocido restaurante limeño. Cabe destacar que tanto los desayunos como las cenas en el campamento fueron realmente increíbles, muy abundantes, muy bien hechos y variados, prácticamente no fueron necesarios los almuerzos que cada participante llevaba por su cuenta.

A la pesca

El programa del nuevo día era la pesca del lenguado, tal vez, junto con la corvina rubia, la especie más codiciada por esta playas. Y para ello, Tomás Hiraoka, de Alta Ruta 4×4, daba una clase de pesca a todos los asistentes. El día no era el mejor para la actividad: soplaba un viento inusual en esta zona y el mar estaba bastante más movido que de costumbre. En la charla aprendimos la técnica y los secretos de la pesca del lenguado, cómo encarnar el pejerrey, cómo lanzar, reconocer los pozos donde se encuentra la especie… En fin, todos los secretos, pero el día no ayudaba y sería muy difícil poder pescar. De las más de 200 personas que había entre los participantes, sólo una pudo sacar un lenguadito, y aunque parezca mentira, ese fui yo, cosa que mereció los aplausos de todos los pescadores.

La nueva propuesta para el sábado, luego del impresionante desayuno, era hacer un poco de off road bajo el mando del experto piloto Pancho León. Unas 25 camionetas salimos en caravana rumbo al desierto, una travesía liviana y de poca dificultad, pero con grandes bajadas y subidas que la hicieron divertida. Para nosotros, la gran motivación estaba en compartir con off roaders peruanos y conocer gente de otra cultura. El domingo llegó rápido. Temprano partimos rumbo a Ica porque todos teníamos que volver a nuestras casas por la noche. El resultado de la expedición fue muy bueno: conocimos lugares increíbles, personas realmente apasionadas por lo que hacen y pudimos preparar bien las cosas para regresar en enero del año próximo a ver la largada del Dakar, algo impresionante en un desierto extremo para la carrera más extrema. Están todos invitados a sumarse.

Nota completa publicada en revista Weekend 537, junio 2017.

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