Perdices con mosquitos y pastos altos

Un comienzo de temporada con gran cantidad de obstáculos en Buenos Aires. De todas formas se augura un muy buen ciclo. Galería de imágenes.

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El inicio de la temporada 2017 presagiaba ser atípico, como lo están siendo en los últimos 5 años, con cambios climáticos y cíclicos de sequía e inundaciones con fríos tardíos, que juntos crean un combo que obliga a los cazadores a extremar conocimientos y recursos para lograr los cupos. Y este año se agregó un nuevo participante: el mosquito.

El 1° de mayo, como todos los años, salí a comenzar la temporada con mis compañeros de siempre –Daniel Callisto y Javier Trincheri– y mi inseparable ladero Folk, con quien ya llevamos seis temporadas juntos. En esta oportunidad decidimos hacer logística compartida, para alivianar tareas y costos. Como siempre aconsejo, preparar la check list: escopeta, cartucho, vestimenta, comida, bebida, repelente y botas son indispensables, al igual que los permisos. El cupo para Buenos Aires es de siete patos, diez liebres y seis perdices por jornada/cazador.

La zona elegida para la primera incursión fue Labardén, Guido y Ayacucho. Previamente chequeamos con Mario Pacheco cómo eran las condiciones de los campos y caminos de esa región. Nos informó que estaban muy encharcados y con pastos altos por la falta de fríos y heladas. Lo mismo pasaba en otras provincias como La Pampa, Santa Fe y Entre Ríos. Y sobre todo en el centro y noroeste de Buenos Aires. Pero la mayoría de los caminos estaban bien.

Decidimos salir la tarde anterior, dormir en la zona e iniciar la cacería descansados. A Mario le pedimos que trajera otro perro, ya que Folk había tenido pocas salidas y no quería exigirlo. Nuestro amigo llegó con Dora, una joven bretona de dos años que nos iba a servir para ver cómo se desenvolvía cada raza en esa geografía.

La temperatura fue de 23/25 °C, con viento de 25 km/h que variaba con gran amplitud. Los pastos estaban altos, incluso en algunas zonas todavía verdes. Lo que decidimos fue recorrer cuadros diferentes, siempre los más altos, que ya conocemos. En la mitad del campo hay una pequeña laguna que estaba totalmente crecida y desbordada, haciendo imposible pasar a los cuadros posteriores, donde en años anteriores siempre se obtuvo el mayor aporte de presas.

Nos dividimos en dos grupos. Los del frente –Mario y Javier– con escopetas calibre 12/70 y la bretona. Y por otro lado, Daniel y yo con escopetas calibre 20 y mi pointer Folk. Ambos grupos con una escopeta tiro a tiro y otra semiautomática. Cazaríamos durante dos horas y luego volveríamos a almorzar, contar piezas y comparar resultados. Antes de salir nos pusimos repelente porque la cantidad de mosquitos era muy numerosa. Al costado del alambrado, cuando lo cruzamos, el enjambre impresionaba. Tanto fue así que a pesar de la temperatura algunos decidimos ponernos un buzo para mitigar que nos picaran a través de la ropa.

Dos terrenos muy distintos

Apenas traspuesto el alambrado, nuestros compañeros fueron al cuadro del este porque el pasto era más bajo y, por lo tanto, más propicio para su perra, con viento de frente ideal. Y nosotros al oeste (ambos tienen 25 hectáreas), con viento cruzado de atrás, por lo que decidimos llevar a Folk con correa para no desgastarlo de manera temprana. A los 3 minutos ya escuchamos los primeros tiros del otro grupo. Nosotros tuvimos que llegar hasta el final del cuadro caminando y sólo levantamos una perdiz, que pisé literalmente con el pasto alto. Liebres y perdices se sentían protegidas, no salían unas y no volaban las otras.

Ya de vuelta, con el viento de frente, Folk marcó 14 perdices y 4 liebres en el mismo cuadro (y aquí una salvedad: por su tamaño sólo tiramos a menos de la mitad). En estas condiciones de temperatura, humedad y pastos altos, cazar sin perro es una tarea muy difícil, por lo que casi dudábamos de poder completar el cupo en toda una jornada. Un dato: algunos tamaños de liebres y de perdices eran muy pequeños (entre una pelota de golf y una de tenis) y otros de dimensiones normales para esta época.

Al borde de la laguna localizamos unos nidos de patos con huevos, indicio de que se está cumpliendo el viejo dicho campero: “Vaca que cambia de querencia se atrasa en la parición”. Las lluvias y la zonas inundadas hicieron que liebres, perdices y aun patos se mudaran de hábitat, lo que ha retrasado las pariciones y anidadas, con el resultado de no tener el tamaño adecuado para este inicio de temporada.

SIempre los perros

A las dos horas nos encontramos en el vehículo ambos grupos para analizar cómo nos había ido: ellos habían cazado 4 liebres de buen tamaño y 11 perdices, nosotros sólo 6 perdices y 1 liebre. Nuestros compañeros casi habían cumplido la cuota. Y aquí también vale una conclusión: la importancia de la elección de los pastizales más adecuados para cada especie. Para confirmar lo que decíamos, nuestros amigos filmaron a una pequeña liebre que se mantuvo echada a 40 cm de ellos y sólo se espantó cuando el celular estaba a 20 cm.

Otra conclusión es el trabajo de ambos perros. Fue espectacular, pero debo reconocer que favoreció al pointer ya que toma la marca con la nariz arriba y, por su tamaño, el pasto apenas lo tapaba. La bretona era más pequeña y sufrió para localizar las emanaciones, ya que las toma desde abajo. Las rosetas se pegaban a su pelaje, a pesar de darle el cuadro con pastos menos altos. Ambos perros fueron precisos con las marcas y los aportes. Sin ellos, las pérdidas de piezas hubiera sido alta por la mimetización de las presas con la vegetación. Hay que  cuidar a nuestros perros porque el agua afloja la piel y las rosetas los lastiman, sobre todo en las patas delanteras.
Nuestra efectividad en el disparo fue de un 80 %, debido a que practicamos en las pedanas de tiro a la hélice y plato. Algo muy recomendable, sobre todo si uno caza sin perro y tiene menos piezas para derribar: la sorpresa en la salida exige mayor precisión.

Conclusiones: va a ser fundamental la elección de lomadas y pastos más bajos, controlar en un golpe de vista el tamaño de las presas y visualizar a nuestras mascotas para que no se alejen en los pastos altos (el collar electrónico es una opción adecuada). A los cazadores sin perro les recomiendo que esperen la llegada de las heladas y aguarden que los pastos bajen para poder aumentar sus posibilidades, caso contrario, entre que no salen y los propios yerros, sufrirán frustraciones a granel.

Nota completa publicada en revista Weekend 537, junio 2017.

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