Matungos acá nomás

Laguna La Nueva: un ámbito exclusivo y con poca presión de pesca en el partido de Chascomús, ideal para darse el gusto con grandes pejerreyes. Nota con video.

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Es una realidad comprobable sin esfuerzo que los pesqueros de fácil acceso y próximos a los grandes centros urbanos, suelen tener una enorme presión de pesca y, en consecuencia, los rindes no siempre son los mejores. En contrapartida, en pesqueros de caminos casi inaccesibles y situados a grandes distancias que desalientan a muchos deportistas, suelen preservarse mejor sus poblaciones de peces, siempre y cuando no sean atacados por redes furtivas. Ante estos escenarios posibles, una solución para quienes no deseen hacer largos viajes y puedan pagar un poco más por cierta exclusividad, son los pesqueros de acceso controlado. Esos donde entran muy pocas embarcaciones, previa reserva, y en donde hay garantías de preservación del ámbito del furtivismo.

En esta última opción encuadra la laguna La Nueva, que en Chascomús, a poco más de 140 km de Capital Federal, nos permite dar con regios matungos en un espejo de aspecto casi virgen donde solo entran cuatro lanchas trucker con guía, unos pocos días a la semana. La única espada de Damocles de esta maravillosa laguna, donde no es raro ver carpinchos y una maravillosa avifauna, es la fumigación con agrotóxicos de campos vecinos seguida de una lluvia que los haga drenar a la laguna. Por eso, nos sorprendimos gratamente cuando Luis Lynch, del puesto de ventas de carnadas El Repollo, nos dijo que la había relevado con éxito comprobando que el ámbio se había repuesto de una mortandad sufrida en 2016 por el mencionado motivo.

Rumbo al espejo

Bastó ver las fotos enviadas por Whatsapp para ponernos en campaña y organizar la visita. El punto de encuentro, en el puesto de ventas de carnadas del Km 113, sirvió para dejar nuestro vehículo y abordar las 4×4 de los guías, única forma de sortear el camino barroso que nos permitió llegar a la laguna tras una seguidilla de días bastante lluviosos. Lo primero que maravilla al ojo del pescador es la belleza del lugar, con juncales, aguas mansas y una quietud que permite escuchar sonidos a gran distancia. Colaboramos en bajar la cómoda lancha de Luis, quien oficiaría de guía, así como Esteban Toffani llevaría clientes en otra embarcación. Serían las únicas lanchas en romper la quietud del espejo esa mañana, algo impagable en tiempos donde muchos pescadores desaprensivos arruinan rachas de pique pasando cerca de otros pescadores, cuando no poniéndose al lado al verlos pescar un par de flechas de plata.

Junto a Leo Altieri y Alberto El Pez Gordo Pontoriero, probamos boyas en diversos formatos, en una pesca al garete que nos permitió elegir colores a gusto del consumidor. Lo bueno era que –tal como nos había anticipado Lynch– el pique se dio bien arriba: brazoladas de 10 a 15 cm. Poner brazoladas más largas era sinónimo de perder la paciencia con los dientudos. Los piques eran constantes, no así las capturas. Este pejerrey es un maestro del escape y no se regala, hay que pescarlo. Esto es, entender si debemos esperar en la llevada o, por el contrario, clavar ni bien mueve la boya. Y a veces, cambiar la técnica en la misma jornada. Así de astutos son estos matunguitos “doble pechuga”, que si bien promedian de 30 a 40 cm se muestran notablemente gordos y peleadores, haciendo estallar el agua en cada clavada y entregando una lucha brava antes de ser finalmente izados.

Uso de punteros

Una clave interesante pasó por el empleo de punteros que permitieran distanciar las líneas del bote. Altieri usó uno en formato pera, mientras que yo utilicé un puntero pescador Criterio. Ambas variantes dieron mejor resultado por sobre las líneas sueltas sin peso en el extremo. El viento es otro factor con el que se debe jugar: casi nunca hay brisa, pero si la tenemos, garetear con un muerto (peso que arrastra por el fondo) regulando la deriva será clave para ir barriendo terreno y levantando piezas. También probamos pescar anclados, pero los resultados no fueron buenos y salieron los dientudos.

Hablando de dientudos, filetear uno será muy recomendable para aumentar el volumen del cebo, colgando una tirita de 1 x 5 cm debajo de una mojarra enhebrada en un anzuelo número 1. En mi caso, tenía una línea armada con flashabou encima de los anzuelos y me dio bastantes piques.

Así las cosas, cambiando líneas, poniendo o quitando punteros impulsores (esta prolongación ocasional nos obliga a usar cañas no inferiores en largo a 4,25 metros), pero sobre todo tomándole el pulso al pique de estas flechas mañeras, es posible llegar a la cuota de 20 ejemplares robustos por día y por pescador. Un desafío hermoso por tratarse de pejerreyes sobrealimentados, que tienen una energía notable y que todos merecen conocer.

Al fin y al cabo, si usted es porteño o bonaerense, haciendo números y tomando en cuenta que pescará con laguna a su disposición, lo que restamos
en largas horas de viaje y cansancio, combustible y demás, lo invertimos en pescar mejor y más cerca.

Nota completa publicada en revista Weekend 536, mayo 2017.

 

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