Técnicas para el surubí

Estrategias y equipos para dar con uno de los peces más grandes de nuestras aguas dulces, tanto con señuelos como con carnada.

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El surubí, al igual que el dorado, es uno de los grandes objetivos de los pescadores deportivos de nuestro Litoral, especialmente de los que gustan de los desafíos fuertes.
Para este gran predador de acecho generalmente profundo, los equipos deben estar compuestos, por ejemplo, por cañas de 7 pies de 15 a 25 libras (1 libra: 0.453592 kg) con reeles rotativos medianos cargados con monofilamento del 0,40 o multifilamento del 0,24. Terminados en aparejos simples, de un solo anzuelo Nº 7/0 a 8/0 vinculado al sedal mediante un líder de acero multifilamento de 30 a 50 libras. A pesar de que la boca del surubí, por su dentición viliforme, es poco agresiva para la línea y se lo podría pescar incluso sin líder de metal, o en todo caso con uno de nailon más grueso o de fluorocarbono, la posibilidad de capturar otras especies dentadas, como el dorado, o sufrir ataques de palometas, imponen el empleo de líderes metálicos. Con sólo observar su anatomía se infiere que su zona de acción es cercana al fondo del río, donde se mueve buscando alimento pero también a resguardo de la correntada. Por eso, para tentarlo, hay que tratar de llegar ahí con cebos y señuelos.

Trolling

El trolling es una de las modalidades más utilizadas en el Alto Paraná, y consiste en arrastrar un señuelo artificial con la velocidad de avance de una embarcación a marcha lenta, con la que se pueden capturar grandes trofeos. Sólo que a veces en lugar de venir prendidos de las fauces vienen enganchados de otra parte del cuerpo, como la cola o el lomo, ya que el señuelo va barriendo grandes extensiones de fondos. Y en este asunto hay dos posiciones que no han llegado a un acuerdo: los que dicen que eso es robar el pescado y no pescarlo, y los que afirman que la captura es deportivamente válida de todas maneras y que los enganches en el cuero se deben a que el surubí también caza con la cola atontando a sus presas. Pero eso es tema para una nota específica donde desarrollaremos las dos posturas a fondo. Actuando en trolling, la clavada debe ser prácticamente simultánea al momento en que el pez toma el falso bocado, ya que si no se percata del engaño y rápidamente lo expulsa de su boca.

Cebos naturales

En la pesca con cebos, entre los encarnes más efectivos y utilizados está la morena, que cuando es mediana se la llama botellona y cuando es realmente grande mamacha. También se pueden usar anguilas, cascarudos, lombriz grande de tierra o miñoca y hasta carnada blanca como boguitas o trozos de sábalo. Con cebos naturales y para buscarlos bien a fondo, se pueden agregar plomos pasantes de 20, 30 y 40 gramos en el nailon que viene del reel, tanto para pescar fondeados como con la embarcación a la deriva o “a pindá”, como se conoce en el norte a esta forma de actuar.

Para que la carnada no se separe del lecho, una posibilidad es lastrar el líder con una o dos municiones de plomo de 10 gramos apretadas cerca del ojo del anzuelo. Otra alternativa es en el nailon que viene del reel: hacer un nudo corredizo a una distancia de no más de 80 cm y agregar una perla para que el plomo haga tope. De esta forma el encarne trabajará relativamente libre, pero acotado por el tope de la plomada, no
permitiendo que se aleje demasiado del fondo. Estos mecanismos de retención del cebo en la hondura son muy recomendables cuando se actúa con morenas grandes o mamachas que, merced a su porte, tienen mayor capacidad de natación y por sí mismas se alejan del lecho.

A diferencia de la pesca con artificiales, con cebos naturales y dependiendo del tamaño del encarne y los portes de los peces presentes en el área, hay que darle una prudencial llevada con el reel abierto, luego trabar el reel, dejar que tense y ejecutar una firme estocada.

Combate

La pelea que sobreviene luego de la clavada, sea la modalidad que sea, suele ser fuerte, más cuando se trata de uno de los grandes. Es que en su primera etapa de vida el surubí pequeño y vulnerable para sobrevivir debe escapar, esconderse, refugiarse entre la vegetación de las orillas más intrincadas, huir a la hondura barrosa de un pozo o meterse entre camalotales y carrizales. Esta conducta lo mantiene vivo en un universo plagado de predadores. A medida que el surubí crece, pasa de presa a predador, pero con una gran experiencia en orillas, pozones y recovecos del río. Y pareciera que ese reflejo de los primeros tiempos aflora a la hora de sentirse prendido de adulto. Sabiendo esto y que arremeterá hacia los obstáculos, es que debemos estar prevenidos y atentos a lo que va a ocurrir luego de la clavada. La tarea de pescador y timonel debe estar coordinada si hay que buscar mover la embarcación hasta un sector del río con menos posibilidad
de enganches o si simplemente hay que acompañar la disparada del pez para evitar que se termine la reserva de nailon.

Como dato final: en la cuenca es el segundo pez más castigado por la sobrepesca comercial, siendo superado únicamente por el sábalo. Otra de las razones para cuidarlo, preservarlo y luego de pescarlo devolverlo al río, para que en el podio de los buenos peces deportivos sigan estando por mucho tiempo los grandes surubíes que tantas y tan buenas emociones son capaces de brindarnos.

Nota completa publicada en revista Weekend 536, mayo 2017.

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