Cómo cargar la mochila

Claves para alojar cada pieza del equipo en el lugar correcto, según el volumen de carga de la mochila.

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El verano es la época de las vacaciones largas, en la cual podemos usar esa mochila grande que tenemos para una salida de varios días, con campamentos en plena naturaleza incluidos. Antes de colocarla sobre nuestros hombros es fundamental una correcta distribución del peso para llevarla con cargas elevadas sobre una senda, sin sufrir lesiones o agotamiento por un exceso de esfuerzo físico. Por supuesto, esto es importante en mochilas de gran capacidad, de las cuales podemos distinguir tres tipos básicos.

Tres capacidades

De 40 a 60 litros: su uso más habitual es para actividades en las que por lo menos se va a pasar una noche fuera, y hasta un fin de semana (2 a 3 días), donde ya es necesario llevar la bolsa de dormir, funda de vivac o una carpa liviana, provisiones, calentador…
60 a 80 litros: se utiliza para actividades de varias jornadas (3 a 6 días) o para realizar porteos en montaña.
+80 litros: son las mochilas del tipo expedición, para salidas de una semana o más, modelos realmente grandes y pesados, donde es fundamental que el sistema de carga (espaldar, hombreras, cinturón lumbar) sea de muy alta calidad para evitar lesiones en sus usuarios.

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Organizar la carga

Hay muchas formas de hacerlo, en función del tipo de terreno, actividad outdoor elegida, condiciones climáticas, duración de la salida o preferencias personales. En la infografía de la izquierda mostramos una, que no es la única, porque para todas las variantes hay un concepto, una idea de base: conseguir que el centro de gravedad de la carga se encuentre lo más cerca posible de la espalda, centrada tanto en altura como en anchura. Es decir, la mochila debe ir pegada a la espalda y sin más peso en un lado que en otro, para no provocar inercias al caminar, especialmente sobre terreno accidentado, con muchas variaciones de nivel.

Además, la carga tiene que ir fija para que tampoco nos desequilibre su movimiento, y para eso usaremos las distintas cintas de compresión. Si esto no se consigue, parecerá que llevamos más peso del que realmente cargamos, aumentará la tensión muscular haciendo más incomodo el paso, mayor el esfuerzo y el cansancio.
La norma general, para terrenos y porteos normales, o sea sendas fáciles con poco desnivel y superficie firme, es que el mayor peso tiene que ir lo más cercano a nuestro eje, lo más pegado posible a la espalda y en la zona superior de la mochila (a la altura de homoplatos y hombros). Pero cuando vayamos a progresar por terreno difícil pondremos la carga en la zona central o central-baja de la mochila, más baja pero también lo más pegada a la espalda que podamos. La razón es que nuestro torso se va a mover más hacia los lados, y si llevamos la carga demasiado alta nos va a desequilibrar más, por lo que vamos a tener un peor balance del cuerpo.

Zonas de carga

Es bueno considerar las distintas partes que usualmente tienen todas las mochilas de gran capacidad para facilitarnos el proceso de llenarlas con nuestro equipo:

Compartimiento superior: cierra el acceso principal de la mochila y puede tener varias divisiones. Es la zona perfecta para guardar elementos pequeños, relativamente livianos, y que se necesiten tener a mano, como por ejemplo: mapa del área, brújula, linterna led, anteojos, protector solar, botiquín de primeros auxilios, navaja suiza, iniciador de fuego, etc. No poner objetos pesados o voluminosos, porque desestabilizan mucho o pueden golpearnos la cabeza. La segunda parte es el cuerpo central, que es la zona de más volumen, y que implica seguir un cierto orden en su llenado. Los elementos más ligeros, como la ropa, deben ocupar las partes inferiores, laterales y superiores. Y los más pesados deben estar en la parte central más cercana al cuerpo.

Qué equipos ubicar

Estos elementos pesados pueden ser, por ejemplo: el equipo de cocina (ollas calentador, provisiones enlatadas, baterías y cargadores para electrónicos, la carpa, etc.). Si la mochila tiene compartimiento para bolsa de hidratación, está en este cuerpo central y pegado a la espalda. Por último, el compartimento inferior. La mayoría de las mochilas de más de 40 litros tienen un bolsillo inferior, con su propio cierre relámpago de acceso. Esta zona es la ideal para elementos de poco peso y mucho volumen, que ocuparían demasiado en el compartimento central, como la bolsa de dormir, o unas zapatillas o botas de trekking adicionales. En cuanto a los bolsillos exteriores cubiertos y de red, están pensados para elementos pequeños, por ejemplo: caramañolas o termos con líquido, comida de marcha, cámaras, y otros complementos del equipo. Como dijimos, es importante mantener aproximadamente el mismo peso de carga a ambos lados de la mochila. Finalmente, como regla general, en la mochila no se debe cargar más del 25 % del propio peso durante una ruta de larga distancia en condiciones medias.

Nota completa publicada en revista Weekend 532, enero 2017.

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