Cómo afecta la altura en los viajes

Cuadro comparativo para saber cómo descienden la temperatura y la presión atmosférica con la altura. Síntomas y tips básicos para el turista convencional que viaja tanto a Salta, como a Machu Picchu o a la cordillera.

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La temperatura y la presión atmosférica disminuyen con la altura; la primera en forma lineal, y la otra de manera exponencial. Según algunos estudios, la temperatura desciende 6,6º C por cada 1.000 m de desnivel o, lo que es equivalente, 1 ºC por cada 150 m. Así, si a nivel del mar la temperatura es de 20º, su valor a los 8.800 m alcanzaría los -38,5º.

Pero no es la única teoría. Otros estudios sugieren que la temperatura desciende 0,56 ºC cada 100 m, llega a la mitad de su valor a los 2.000, y a la cuarta parte a los 4.000 (siguiendo el mismo ejemplo, a los 8.800 m debería haber unos -29,5º). En ninguno de los dos casos está considerada la topografía local ni las condiciones atmosféricas. Tampoco la orientación del terreno: en las laderas sur los cambios operan más rápido que en las norte.

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En cuanto a la presión atmosférica, a nivel del mar es de 760 milímetros de mercurio (mmHg); de 410 (aprox.) a 5.000 m de altura, y de unos 250 a los 8.500. Este descenso conlleva a una disminución de la presión parcial del oxígeno contenido en el aire que respiramos. Si bien los porcentajes de la mezcla gaseosa son iguales tanto en la altura como a nivel del mar (20,9 % de oxígeno, 78,09 % de nitrógeno, y 1,01 % de argón, neón, helio y dióxido de carbono), en la altura, al haber menos presión, la cantidad de moléculas de oxígeno que ingresan a la sangre a través de la respiración es menor.

Como para la actividad física el organismo necesita la misma cantidad de oxígeno, sea en la altura o a nivel del mar, hasta que se aclimate pueden producirse: trastornos y cambios de conducta, dolores de cabeza, cansancio, fatiga, mareos, falta de apetito, disturbaciones en el sueño, y malestares generales.

Sin entrar en cuadros de tipo médico, que en general afectan al montañista por sobre los 4.000 m, la altura ocasionará en el viajero ocasional una disminución de su capacidad física, a razón del 1 % por cada 100 metros, a partir de los 1.500. Sumado a ello van: atmósfera más seca (a 2.000 m hay un 50 % menos de humedad que a nivel del mar, y a los 4.000 sólo un 25 %, lo cual marca una gran diferencia térmica entre el sol y la sombra); y mayor exposición a la radiación solar (que aumenta de 2 a 4% cada 100 m de altura hasta los 2.000, y 1% cada 100 m de ahí en más; la nieve puede determinar un incremento del 75% al 90%).

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Para contrarrestar los síntomas que se presentan al visitar ciudades de altura existen varias recomendaciones. La fundamental es la aclimatación: quedarse durante tres o más días en la altura alcanzada para permitirle al cuerpo acostumbrarse a las nuevas condiciones. Detrás de ella se ubican: no realizar excursiones que demanden ascender más de 400/500 m por día; moderar la actividad física, sobre todo durante las primeras 48 horas; aumentar en forma consciente la profundidad y frecuencia de la respiración; beber mucha agua; y no fumar, no tomar sedantes ni alcohol.

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Una máxima reza: “Sube alto, duerme bajo”, es decir, se puede ascender tan alto como el físico lo permita mientras se regrese a dormir a una altura considerablemente menos elevada que la máxima alcanzada ese día. En el caso de que los síntomas se incrementen hay que bajar o bajar, continuar subiendo empeorará los trastornos.

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