Tarariras en Nordelta

Las lagunas de la zona de Nordelta son una muy buena opción para la pesca de combativas tarariras a pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

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El día no podía ser mejor: un cielo diáfano, sin nubes y poco viento. Quizás algo fresco debido la noche anterior, por lo que decidimos entrar al agua más cerca del mediodía para pescar con temperatura de agua algún grado arriba en el termómetro.
Junto a Nicolás, que me había cursado la invitación durante la semana, procedimos a bajar mi kayak del coche ya que el suyo estaba en la guardería ya preparado. Cargamos agua, algo de comer (teníamos pensado pasar la tarde completa en el agua sin bajar a tierra), cajas de señuelos y carnada (que al final prácticamente no utilizamos).
La idea era probar en algunas cuevas que Nicolás tenía ya testeadas y ubicadas muy cerca, pero resultó que mientras estábamos en la bajada para embarcaciones prestos a salir, veíamos operar la desmalezadora flotante del barrio justamente por donde nosotros teníamos que pescar. Una verdadera pena, ya que periódicamente se destruyen los nidos que puedan generar las tarariras, tan necesarios para su estabilización y proceso reproductivo.

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Cambio de planes

Frente a este acontecimiento, no quedaba más alternativa que remar e intentar otros points, apelando a la intuición y al método de “prueba y error”. Y allá fuimos.
La laguna y canales en los que hicimos los ensayos poseen una profundidad de aproximadamente 2 metros, pero sobre el final de la tarde habíamos fondeado en zonas de casi 5 metros. Sabido es que la tararira busca lugares de poca hondura y profusa vegetación, por lo que nos concentramos exclusivamente en sectores costeros con juncos y algunos tramos de poca superficie de gambarrusa.
Aprontamos cañas para baitcasting de acción de punta lo más rígidas posible, enterizas de grafito, acción rápida y extra rápida y potencia de 8 a 17 libras (1 libra=0,4536 kg). Reeles de bajo perfil cargados con multifilamento, leaders de acero finos de 20 cm de largo con destorcedor y, muy importante, que el snap (la finalización) permitiera una rápida apertura para facilitar el cambio de engaños.
Dentro de la caja de señuelos portábamos casi todas las variantes. Para superficie (los más rendidores a la postre) paseantes, plop o poppers con y sin flecos de goma, hélices dobles y simples, mojarras del tipo fat y ranas de goma antienganche. Para media agua, distintos señuelos de paletas cortas y sin paleta, enterizos; además de variantes como spinnerbaits, con y sin hélice, con cuchara y con imitaciones de pescadito y flecos.

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En cuanto a la elección de los kayaks, considerando que íbamos a pasar cerca de ocho horas continuas en el agua, yo opté por un bote corto con tambucho interno de gran capacidad y posacañas embutidos (tengo que estibar cajas de señuelos, de líderes, cámaras fotográficas, agua y comida) y Nicolás por uno con capacidad para guardar todo el equipo y cámaras, más balde de carnada con aireador a batería incorporado.
Es importante destacar que cada palista es responsable de su propio equipo y como la pesca de tarariras con artificiales se debería intentar en silencio y alterando lo mínimo posible el ámbito, elementos tales como boga grip o pinzas, líderes de recambio, protector solar, cuchillo y demás tienen que estar presentes en cada embarcación por la imposibilidad de pedirle algo al compañero a los gritos.
A media tarde los piques fueron esporádicos y de tarariras chicas, pero a medida que caía el sol y que fuimos ajustando el tipo de señuelo que funcionaba, velocidad de recupero y movimientos, llegaron los mejores ejemplares de la jornada.

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Muy peleadoras

Sin ser peces de gran tamaño, se notaba el vigor y la agresividad, además de resistirse y muchas veces ganar la pelea frente al pescador con saltos repetidos, hasta quitarse el engaño de la boca. Un placer para la vista y el sentido de la pesca deportiva.
Igualmente recomendamos se las manipule lo menos posible cuando se las extrae del agua. Y en caso de poder desestimar el boga grip, cambiarlo por una pinza que es mucho mejor. Entendemos que hay momentos en que el pez no quiere abrir la boca: para evitar cualquier incidente con los triples de los señuelos, lo mejor en esos casos es quitarle el anzuelo al pez directamente en el agua. Creemos firmemente que de esa manera contribuimos con nuestro pequeño granito de arena a la conservación del recurso.
Con el sol cayendo y habiendo comprobado la merma de piques, fuimos poniendo proa hacia la bajada de botes para emprender el retorno. Esperamos volver cuando los nidos estén bien asentados y seguir disfrutando.

Nota completa publicada en revista Weekend 531, diciembre 2016.

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