Cerro Aspero en cuatriciclos

Recorrido en UTVs para unir Villa General Belgrano con cerro Aspero, en Córdoba, y continuar hasta Merlo, en San Luis. 250 km ideales para poner a prueba estos vehículos.

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En los últimos años, las travesías off-road se pusieron de moda gracias a la aparición de vehículos con doble tracción o 4×4, que permiten superar casi todo tipo de superficies como arena, barro, ripio, rocas, etc.
Por supuesto, a los desarrollos mecánicos y técnicos se sumaron las fantásticas ayudas electrónicas, como son los controles de ascenso y descenso, frenos con ABS para off-road y reparto inteligente de la fuerza de tracción, entre otros. Además, se incluyeron nuevos diseños de suspensiones y amortiguadores, como la aparición de novedosos compuestos y dibujos aplicados a los neumáticos. Se trata de un conjunto que facilita llegar a lugares a los que antes sólo era posible hacerlo a pie o a lomo de mula.
De esta forma, los usuarios descubrieron las enormes posibilidades de realizar expediciones a parajes remotos, de muy difícil acceso y, en la mayoría de los casos, rodeados de paisajes soñados.

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Lugares alejados

Las arenas del Nihuil en Mendoza, los pantanales de Ibicuy en Entre Ríos, el cerro Champaquí en Córdoba, las dunas de Fiambalá o los campos de piedra pómez en Catamarca y los saltos del Moconá en Misiones, son algunos ejemplos de sitios que sólo son accesibles mediante de vehículos todo terreno (UTVs o pickups 4×4).
Uno de esos lugares difíciles, que plantea un reto no sólo para los vehículos sino también para los pilotos, es el cerro Aspero, en Córdoba, ubicado en la sierra de los Comechingones, un sistema montañoso que pertenece a las sierras pampeanas y que se extiende al noreste de San Luis y al oeste de Córdoba.

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En medio de una impresionante quebrada cortada por el río Paso del Tigre, duerme su sueño histórico un increíble lugar que varias décadas atrás fue una villa minera arrojada en la profundidad de la montaña. Se trata de Pueblo Escondido, que hoy muestra los restos de una explotación minera que por varias décadas produjo wolframio, un mineral que algunos países europeos utilizaron en aleación con otros componentes para producir aceros especiales durante las guerras del siglo pasado, y en lámparas incandescentes.
Fue descubierta por terratenientes locales pero luego pasó a manos de empresas alemanas y estadounidenses. En su época de apogeo llegó a tener instalaciones de molienda, concentración y separación de minerales por medios mecánicos, usina propia, hospital, teléfono y viviendas para más de 300 mineros llegados de Chile, Bolivia y Alemania.

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Además contaba con un cablecarril de 300 metros de longitud para bajar el mineral hasta la planta y un surtidor de combustibles, entre otras facilidades. También incluía un par de puentes colgantes (que hoy se mantienen) para cruzar el río y llegar al resto de las instalaciones.
Pero en los años 60 cerró, sus increíbles instalaciones fueron devoradas por la vegetación y las chapas de los techos de las habitaciones de los trabajadores fueron saqueadas. Desde hace unos 20 años, el sitio fue redescubierto y se convirtió en lugar de culto para los fanáticos de las travesías off-road.
El acceso a Pueblo Escondido es sumamente difícil. Está rodeado de montañas que llegan a los 2.000 msnm, por lo que se llega transitando estrechos desfiladeros que, en algunos casos, balconean sobre un interminable precipicio. Los senderos están sembrados de escalones y tapizados con piedras laja, más filosas que un cuchillo de maestro asador.

ATV vs UTV

Precisamente, este lugar fue el escenario de una travesía de UTVs (Utility Task Vehicle/Vehículo Utilitario de Trabajo) para demostrar las cualidades de estos modelos frente a sus rivales los ATV (All Terrain Vehicles) o cuatriciclos.
La expedición de 15 vehículos arrancó en Villa General Belgrano con rumbo a Amboy y desde allí hasta el camino de La Cruz que conduce a Merlo, en San Luis. A bordo de las distintas unidades viajaban familias con sus chicos y algunas mujeres al volante.
Fueron unos 40 kilómetros de tierra finita, casi polvo, que quedaba en suspensión gracias a la ausencia de viento y que a 25 m no permitía distinguir un UTV de un árbol. A unos 5 km de Pueblo Escondido se terminó la maldita tierra y empezaron las malditas piedras. Lajas, finas, gruesas, en punta, con filos de hacha, tapizaban el estrecho desfiladero flanqueado por piedras redondas a un costado y un precipicio al otro con desniveles de hasta 50 cm.
Allí hubo que colocar todas las asistencias electrónicas de los UTVs (como la tracción en 4×4 de baja), y con un manejo muy fino y técnico avanzar casi a paso de hombre para no romper el vehículo.

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Llegada y nueva partida

El arribo a destino fue una bendición… hasta que hubo que retomar el viaje hacia Merlo. Otra vez las piedras y de nuevo la tierra. Cada uno de los aventureros parecía una maceta con piernas. Por suerte, salvo un corte en una cubierta de un UTV, ninguno sufrió daños o averías mecánicas. El Aspero, sin lugar a dudas, tiene muy bien ganado su nombre. Y descubrirlo así, un atractivo especial.

Nota completa publicada en revista Weekend 531, diciembre 2016.

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