Cómo protegerse de tormentas eléctricas

Cuál es el mejor lugar y posición para evitar la caída de rayos al aire libre.

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Como consecuencia del calentamiento global, hay una especie de locura metereológica en el planeta: el clima se ha vuelto extremo. Los veranos son más calurosos, los inviernos más crudos, las tormentas más fuertes, incluyendo, claro, a las tormentas eléctricas y la caída de rayos. Es una situación donde es especialmente importante el dicho: “más vale prevenir que curar”. A continuación, información útil sobre este fenómeno meteorológico.
En los últimos tiempos, gracias al desarrollo de la tecnología se incrementaron los estudios sobre estos fenómenos metereológicos. Ello es posible gracias a dos tipos de detectores ubicados en satélites: el Detector Óptico de Oscilación Transitoria (OTD, por sus siglas en inglés: Optical Transient Detector) y el Sensor de Imágenes de Relámpagos (Lightning Imaging Sensor, o LIS).
“Básicamente, estos sensores ópticos utilizan cámaras fotográficas de alta velocidad para observar cambios producidos en la parte superior de las nubes, los cuales son invisibles para los ojos”, explica Hugh Christian, director del equipo que estudia las tormentas eléctricas en el Centro Nacional de Ciencias Espaciales y Tecnología (National Space Science and Technology Center o NSSTC), con sede en el Centro Marshall para Vuelos Espaciales de la NASA. “Por primera vez hemos podido determinar la distribución global de relámpagos, señalando su variación en función de la latitud, longitud y la época del año”, agrega.

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Dónde caen más relámpagos

Los nuevos mapas muestran que, por ejemplo, un lugar de concentración de rayos son los Himalayas, donde la topografía local tan extrema produce la convergencia de las masas de aire provenientes del Océano Indico. ¿Y dónde caen los relámpagos con más frecuencia? En África Central. “Allí uno encuentran tormentas eléctricas durante todo el año”, dice Christian. Los datos satelitales revelan también los patrones de intensidad de relámpagos a través del tiempo. En el Hemisferio Norte, por ejemplo, la mayoría de los rayos se producen durante los meses de verano, mientras que en el Hemisferio Sur son más frecuentes durante el otoño y la primavera. Pero las tormentas eléctricas de verano pueden ser muy fuertes.
Mientras tanto, áreas como el Artico o la Antártida tienen muy pocas tormentas eléctricas y, por lo tanto, casi ningún rayo. Las áreas oceánicas presentan también una escasez de relámpagos.

¿Los rayos salen de la tierra?

Es una pregunta compleja que requeriría explicar muchas cosas sobre la carga de las nubes y su comportamiento. En definitiva, podemos decir que la parte baja de las nubes se carga negativamente mientras que el suelo de la tierra está cargado positivamente. Una guía no visible baja de la nube hacia la tierra en una viaje en zig-zag hasta alcanzar algún punto (los favoritos son lugares altos y en punta). Una vez alcanzado el suelo, la carga positiva sube por esa guía en zig-zag apareciendo el rayo.
Entonces, podríamos decir que los rayos salen de la tierra pero tras un proceso de formación complicado de ida y vuelta. También existe la formación de rayos dentro de la propia nube o de nube a nube (ya que es la parte baja de las nubes la que se carga negativamente mientras que la parte alta lo hace positivamente).

¿Cómo protegerse de un rayo?

Los lugares más seguros
durante una tormenta eléctrica son los autos o vehículos cerrados y con carrocería metálica, ya que conducen la electricidad al suelo por su parte exterior, no dañando a sus ocupantes. Dentro del vehículo hay que tomar las siguientes precauciones: cerrar todas las puertas y ventanillas, no tocar partes metálicas y por ningún motivo abandonar el vehículo. No usar motos, bicicletas, u otros vehículos abiertos o de carrocería no metálica bajo actividad eléctrica. Tampoco edificaciones bajas que no sean iglesias ni torres o que tengan puntos sobresalientes, refugios subterráneos, contenedores totalmente metálicos, y viviendas o edificaciones que no cuenten con sistemas de protección contra rayos.
Dentro de un edificio hay que tomar las siguientes precauciones: cerrar/alejarse de puertas y ventanas, alejarse de instalaciones eléctricas, no usar teléfonos fijos, sólo inalámbricos o móviles, cerrar las puertas al salir. Contra lo aparente, los teleféricos y aviones resultan bastante seguros contra la caída de los rayos.
En el caso de que seamos sorprendidos por la tormenta eléctrica estando al aire libre, se recomienda lo siguiente: de haber un edificio, refugio o vehículo cerca, intentar llegar a él. Buscar las áreas, los refugios y las edificaciones más bajas, evitando las aisladas o los refugios elevados. Hay que alejarse de objetos altos, sobre todo los aislados (árboles, postes, torres metálicas de comunicaciones, de alta tensión, de perforación, otras líneas de transmisión eléctrica, o cables aéreos).

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En lugares abiertos

También tratemos de evitar grandes campos abiertos o terrenos deportivos, la cercanía a vías de ferrocarril, tendederos de ropa, alambrados ganaderos o cercas. Si debemos permanecer en la zona de tormenta, en un bosque, tratemos de buscar zonas pobladas de árboles, evitando los aislados. Lejos de refugios, no hay que acostarse sobre el suelo, Intentemos agacharnos lo más posible, en la posición de cuclillas pero tocando el suelo sólo con las plantas de los pies, sin apoyar las manos (los brazos abrazando las piernas).
Las carpas ofrecen muy poca o ninguna protección contra los rayos. Las tradicionales del tipo canadiense con dos mástiles metálicos pueden ser bastante peligrosas en una tormenta si las bases de los mástiles están plastificadas, ya que impiden que el rayo se derive a tierra. Sólo si están bien hundidos en la tierra, sin aislante, existe la posibilidad de que la descarga se derive sin peligro para los ocupantes.
En las carpas tipo iglú, el armazón de varillas metálicas puede funcionar en cierta medida como una “caja de Faraday” (las cargas eléctricas se reparten sobre la superficie exterior de la caja sin afectar al espacio interior), pero no funciona bien con solo dos varillas cruzadas, y menos aún si el varillaje es de fibra de vidrio.

En la montaña

Las cumbres son especial-mente peligrosas, y las partes bajas de las laderas, más seguras.
Cualquier punto que sobresalga sobre el resto a su alrededor está muy expuesto durante las tormentas eléctricas, sobre todo cumbres, grandes bloques de roca, filos de las aristas, etc.
En un área de 15 metros próxima a cualquier punto de este tipo, el riesgo de caída de un rayo es diez veces mayor que a 100 metros de distancia.
En lo posible, no nos resguardemos en cuevas, nichos o accidentes geográficos similares como vivacs, ya que pueden acumular aire ionizado que aumenta la probabilidad de descarga. Sobre todo, evitemos permanecer en la entrada. Incluso en su interior hay que mantener suficiente espacio por arriba, al menos la mitad de la longitud del cuerpo. En los agujeros mas pequeños, tendremos que ponernos en la posición de cuclillas ya descripta anteriormente (ver dibujo).

Accidentes por rayos

Están catalogados dentro de las emergencias por factores ambientales. En caso de sufrir la caída de un rayo, según las estadísticas, la probabilidad de muerte no es tan grande como parece, ya que el porcentaje va del 10 al 20 % de los afectados. La muerte por caída de un rayo sobreviene al
paralizarse el centro respiratorio y por paro cardíaco. La respiración boca a boca y el masaje cardíaco (RCP) pueden tener resultados positivos como medida de reanimación si se llevan a la práctica inmediatamente.
No obstante, hay que tener presente que aunque el impacto no resulte mortal, hay secuelas que pueden ser de temporales
a permanentes. Algunas consecuencias pueden ser: pérdida
de la consciencia, amnesia temporal o pérdida total de la memoria, funcionamiento irregular
de órganos temporal o permanente, muerte de miembros u órganos, pérdida de la capacidad de sentir el frío, consecuencia que, aunque simple, resulta muy incómoda: es muy frecuente en personas con este problema contraer catarros, gripes, pulmonías e hipotermias, que pueden llevarlos a la muerte.
Aún teniendo la fortuna de no sufrir estas secuelas, son muchos los casos que precisan tratamiento psicológico para que la víctima olvide su accidente y el pánico que probablemente sienta por las tormentas. El tratamiento de campo para las víctimas es tratar de estabilizar y evacuar lo antes posible del lugar hacia un centro hospitalario cercano.

Nota completa publicada en revista Weekend 531, diciembre 2016.

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