Excelente arranque de la temporada taruchera

Pescamos en el río Gutiérrez, cerca de Villa Paranacito, donde vivimos un increíble festival de piques. Galería de imágenes.

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Con mucha alegría volvimos a los pagos de Villa Paranacito luego de que la localidad entrerriana sufriera una gran inundación debido a la crecida del río Uruguay, que causó estragos desde el camino de ingreso hasta el pueblo. Hoy por hoy podemos decir que ya se encuentra bastante recuperado en casi su totalidad y se están realizando trabajos constantes sobre los caminos para tener un buen acceso a la villa turística.

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Este hermoso lugar se encuentra a tan solo 160 km de Capital Federal, pasando los puentes de Zárate-Brazo Largo y continuando por una ruta doble mano en muy buen estado. No hace mucho habíamos estado pescando pejerreyes, especie que sigue con gran auge en estos momentos, pero ahora la idea era darle la bienvenida a la tararira que siempre dice presente para esta época, aunque en principio no sea muy sencilla su ubicación.


Para dar con ella debemos contar con la experiencia de un baqueano de la zona, o buscar en ámbitos donde el agua esté relativamente sin correntada y no haya mucha profundidad para que pueda calentarse rápidamente.

Remolonas pero peleadoras

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La tarucha es una especie muy combativa que habita casi todos los ámbitos de agua dulce y se la puede pescar tanto con carnadas naturales como con cebos artificiales, llámense señuelos rígidos, látex o bien moscas. Nuestra idea era probar con equipos livianos de baitcast y de spinning para disfrutar su enérgica pelea, aunque en este momento de la temporada aún se encuentra medio remolona. Dentro de lo malo de la inundación, la naturaleza generó nuevos pesqueros que son ideales para este tipo de pesca, como ser desbordes, lagunas y algunas aperturas de boca- zanjas que desaguan agua clara de los campos, formando lugares de concentración de especies forrajeras como son las mojarras, las boguitas, los sabalitos y hasta algunos bagres amarillos.
La idea era ir y volver en el día, pero antes íbamos a hablar con David del Valle, nuestro guía de cabecera, para que nos dijera cómo venía la cosa y con qué disponibilidad contaba para poder llevarnos a realizar el relevamiento. Todo el arreglo fue muy rápido, y junto a Gonzalo Jiménez y Gabriel Barranca Capozzi elegimos un día de semana para poder hacer los intentos con menos presión de gente en el río y de esta manera que no hubiera tanto ruido en el agua.

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Para la práctica del bait y el spinning llevamos cañas cortas de hasta 1,80 m de largo, con acción de punta y una potencia promedio de 14 libras (1 libra = 0,453592 kilo), reeles rotativos de bajo perfil y de spinning cargados con hilo multifilamento de 30 lb, algunos líderes de acero no muy largos y toda una artillería de señuelos rígidos y otro tanto de blandos y de látex.
Llegamos muy temprano a la zona de Zárate para visitar a nuestro amigo Tono Ciliberti, de La Estación del Pescador, para preguntarle algunos datos de pesca. Y desde allí derechito al camping Top Malo, donde el guía nos esperaba con su embarcación lista para comenzar el derrotero. Nuestra idea era relevar distintos escenarios sobre el río Gutiérrez y para llegar hasta allí navegaríamos todo por riachos interiores, saliendo al río Uruguay sólo para tomar un aguaje que nos depositara dentro del Gutiérrez. Para esto tuvimos que sortear varios bancos de arena y lugares de muy poca profundidad debido a lo bajo de la marea en ese momento. Sin inconvenientes comenzamos a navegar aguas arriba por el río principal buscando los arroyos Correntoso y Brasilero, entre otros, para navegar en su interior y llegar a grandes lagunas producto de las últimas crecidas.

Listo para pescar

Durante todo el trayecto fuimos armando los equipos para llegar listos a la zona de pesca. Y una vez que pudimos bajar a la costa comenzamos con los intentos. Algunos probaron con ranas de goma antienganche para poder arrojar sobre los pastos y repollitos emergentes, y otros con señuelos de superficie y subsuperficie en sectores donde teníamos aproximadamente 40 cm de agua. El día estaba muy nublado y ventoso, por lo que dificultaba algunos de los lances y las prontas respuestas, por lo cual tardaron en picar.

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En el primer lagunón relevado no tuvimos ni un solo ataque. Entonces decidimos comenzar a caminar hacia adentro del arroyo y probar sobre sus costas. En algunos casos empleábamos un señuelito que bajaba un poco más para ver si estaban en la profundidad. Bajo esta modalidad comenzaron los primeros ataques, de los cuales pudimos concretar sólo algunos, ya que las tarariras estaban lentas y tomaban sobre el final del recorrido del señuelo.

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Dejamos este primer pesquero para dirigirnos hacia nuestro segundo punto, el Brasilero. Es un arroyo de similares características pero que estaba tapado en su entrada y tuvimos que ingresar a botador rompiendo algunos camalotes. Una vez facilitado el acceso, el guía prendió el motor eléctrico y así lo navegamos para no alterar el ambiente, cosa que dio buen resultado.

Aparecieron las grandes

Veíamos a las taruchas tomar sol cerca de la orilla y hacia allí dirigíamos nuestros señuelos para tratar de molestarlas y conseguir su ataque. Sobre una costa de juncos ralos cayó el Srike Pro Hunchback de color fluo y un ataque muy poderoso se convirtió en un pique memorable de una gran tarucha que peso casi 3 kg, yendo y viniendo por el centro del arroyo para lograr su libertad que no pudo conseguir. Así logramos doblegarla hasta sacarle el anzuelo de su boca y devolverla al agua.
Volvimos a tener algunos piques más, pero queríamos pescar otra zona baja con desplayados hacia la costa. Así fuimos decididos a probar sobre el Desaguadero, que mostraba sus orillas desnudas producto de la bajante y se veían algunas espantadas de taruchas con el ruido del motor.
La idea era arrojar el señuelo bien pegado a la costa o sobre ella y traerlo bien despacito (recordemos que están lentas para atacar). Pudimos dar con algunos ejemplares más chicos que veíamos seguir el señuelo para atacar, en principio, con delicadeza. Nos movimos algunos metros hacia adelante con el motor eléctrico, pero esta vez pescando paralelo a la costa para comprobar si nos daba mejor resultado.
Uno, dos, tres intentos y volvió a explotar el agua con otro hermoso ejemplar, bien robusto y esta vez con mucha fuerza para intentar librarse del artificial. Una vez izado a bordo con el bogagrip y sacándole los anzuelos con la pinza de punta, devolvimos la última tararira de la jornada a su medio natural.
Es el comienzo de una gran temporada, prometedora y que seguro nos dará grandes satisfacciones. Después de un gran maltrato de la naturaleza, a Villa Paranacito llegó la calma para regalarnos una pesca formidable.

Nota publicada en Weekend 528, septiembre de 2016, ¡buscala en tu kiosco más cercano!

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