Ciervos axis en Corrientes

Un nuevo coto en la localidad de Sauce fue el destino elegido para una cacería de ciervo axis.

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La idea de ir por ciervos axis era a todas luces atrayente, por lo que sin demora y en compañía de mis amigos Victor Murano y Norberto Villa, partimos hacia la localidad de Sauce, situada en el sur de la provincia de Corrientes y a unos 620 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. En el lugar nos aguardaba el otro integrante de la partida, Gabriel Alles Bosch, quien por vivir en Entre Ríos se nos había adelantado.
El coto al que arribamos –denominado La Porteña– cuenta con 1.500 hectáreas de campo abierto, con montes de espesura regular que permiten transitarlos con relativa comodidad, lo que no deja de ser una ventaja cuando uno carga algunas décadas de más sobre el lomo.

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Una confortable construcción destinada para los cazadores, con espacio para albergar a cuatro personas, sería nuestra vivienda por los próximos tres días.
La tradicional recorrida previa nos permitió avistar a la distancia algunas hembras de axis acompañadas por un macho volteado, como así también una apreciable cantidad de corzuelas, las que tímidamente se ocultaban a nuestro paso.
Aprovechamos la mañana para llegar a los lugares donde estaban los apostaderos, en los cuales hay instalados comederos automáticos que –alimentados con células fotoeléctricas– desparraman maíz a horas predeterminadas. La cantidad de pisadas de chanchos que pudimos apreciar fue la prueba de que ese artilugio cumplía eficazmente su función.

Detalles de la especie

Una particularidad de los ciervos axis es que –a diferencia del ciervo colorado– el volteo de su cornamenta es atemporal. Por ello es factible encontrar en una misma jornada a machos volteados, otros con su cornamenta terminada y algunos con velvet en ella.
Por lo general presentan tres puntas en cada guampa, con una luchadera en ángulo casi recto y con una punta exterior en la horquilla mucho más larga que la interior. La altura de un macho adulto es de aproximadamente 90 centímetros a la cruz, y su peso oscila entre los 75 y 95 kilogramos. Con su pelambre marrón rojizo y motas blancas en el lomo, es probablemente el más bello de todos los ciervos que habitan nuestro territorio.

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Los axis (A0xis-axis) son animales gregarios que viven en grupos formados por hembras con crías y algún que otro macho joven, aunque también pueden estar acompañadas por algún macho adulto. Muchas veces los machos viven en grupos sin hembras, hasta las épocas previas al apareamiento. No obstante, algunos ejemplares de machos viejos suelen ser solitarios. Durante la época de celo, los machos se separan del rebaño y tratan de atraer al mayor número de hembras posible hasta formar un harén. Es en ese lapso cuando se vuelven muy agresivos con los congéneres que intentan invadir su territorio para apoderarse del harén de hembras, con lo que resulta probable que tengan lugar algunas luchas entre ellos.

La cacería

Almuerzo previo y luego de un descanso, a media tarde salimos dispuestos a buscar nuestro axis, pero a pesar de recorrer una extensión importante de monte no logramos visualizar alguno con su cornamenta terminada. Sí, en cambio, tal como sucedió a la mañana, nos cruzamos con hembras acompañadas de grandes machos con su cornamenta volteada.

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A día siguiente, bien temprano y divididos en dos grupos, volvimos a recorrer el monte, esta vez con resultado positivo ya que Gabriel logró cazar un lindo macho luego de seguirlo un par de horas hasta tenerlo a tiro.
Considerando la topografía del lugar es poco factible que se realicen disparos a largas distancias, pero puede suceder que avistemos nuestra presa en una zona limpia, lo que nos dificultaría el acercamiento. Ante esa posibilidad, llevar un stick o monopie para utilizar como apoyo de nuestro rifle puede ser de gran utilidad.

El cielo dijo no

Las expectativas puestas en la cacería de chanchos salvajes a la noche se vieron frustradas por una fuerte precipitación, que terminó de anegar la superficie de por sí ya saturada –había llovido los días anteriores a nuestro arribo– que tornó intransitable las picadas y nos impidió llegar a los apostaderos.
En contrapartida, la velada se hizo propicia para una opípara cena compuesta por milanesas de axis, acompañadas con anécdotas y confraternidad. El coto La Porteña es una excelente opción, con buenas comodidades rodeadas de una geografía amigable, compuesta por montes en los que se entremezclan ejemplares de ñandubay, garabato, algarrobo, chañar, viraró y quebracho blanco, entre otras especies.

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Si usted piensa concurrir, tal vez –sólo tal vez– tenga la fortuna de que Mica le haga las mejores tortas fritas que pueda probar en su vida. Pero… no diga que yo se lo comenté.

Nota publicada en Weekend 528, septiembre de 2016, ¡buscala en tu kiosco más cercano!

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