Pejerreyes en Laguna El Sol

Un ámbito con reglas propias que invita al pescador a trabajar pero que da buen premio: pejerreyes soñados. Nota con video.

Por

El pescador de pejerrey sueña con “ese” pescado trofeo para inmortalizar en la foto. Piensa, por lo general, en un pez de extraordinarias dimensiones que sobresalga entre el resto y que se destaque en una jornada de pesca. Pero hay una laguna donde la norma es el pescado enorme, y la excepción, pejerreyes que en cualquier otro espejo ya serían destacables. Esa laguna es Laguna Del Sol, en cercanías de La Dulce y dentro del partido de San Cayetano. Allí están las aguas de los gigantes, acaso los pejerreyes más grandes de Buenos Aires.

Es que en estas 550 hectáreas de junco cerrado y claros pequeños, pejerreyes de 700 gramos en adelante son los habituales, en tanto las piezas mayores suelen pasar el kilo y medio. Merecerá algún estudio biológico que excede estas líneas determinar por qué en este ámbito se dan pejerreyes híper desarrollados, incluso algunos con escoliosis deformantes. Lo cierto es que estos matungos abundan en Del Sol, espejo donde hay que reservar turno con bastante antelación pues su capacidad de ingreso es limitada a cuatro botes por día.

DSC_0053

Organizó el periplo Leo Altieri, pescador quilmeño de El Pez Gordo que reservó las flechas con un mes de antelación. Viajamos toda la noche por autovía 2 hasta Coronel Vidal, luego camino a Balcarce por la 55 y por ésta hasta Pieres, donde tomamos la 227 camino a Lobería hasta circunvalación (entrada a Quequén). Allí giramos a la derecha y salimos a la rotonda de Quequén donde empalmamos ruta 86. Haciendo 52 km llegamos a La Dulce a las 7 AM. En La Galesa, casa de venta de carnadas atendida por Manteca Martínez, se nucleaban los pescadores que serían de la partida, calentando el espíritu con unos mates. Partimos en caravana sorteando los 18 km hasta destino. La mano del tercer miembro de nuestro equipo, el Polaco Adán Wajszczuk, se vio al gobernar su camioneta con doble tracción por caminos barrosos con gran huella. Finalmente llegamos al ámbito, muy agreste, con juncales profusos, nutrias, cisnes y carpinchos.

Probar en cada pequeño claro

Los botes son pequeños, por lo que hay que llevar solo el equipo indispensable. Pero son ideales para meterse entre los juncos y buscar la pesca con sigilo y en pequeñas estructuras, una clave en este espejo. Es que no debe desecharse ningún clarito, pues allí puede estar el matungo de su vida. Mi compañero Ramiro picó en punta con dos pejes de 40 cm que devolvió sin siquiera dejarme hacer fotos “porque son chicos”. Luego nos movimos hacia donde estaban pescando Leo y el Polaco, quienes con una seña nos invitaron a ponernos cerca porque venían teniendo respuestas. El Polaco ya había metido un superpeje de 1,250 kg y otro de 1 kg, y Leo también había clavado excelentes piezas.

GOPR0702

A unos 30 metros, nos apostamos bajando el ancla con sigilo. En mi caso usé línea de tres boyas yo-yo Doble–T (las reforzadas para lisas que no estiran el rulito de alambre), bien separadas para poder trabajar brazoladas de hasta 1,20 m. Mi compañero utilizaba línea X-15 (símil paternóster pero con una yo-yo antes de la boya zanahoria, de modo tal que dos brazoladas actúan arriba y el resto cubre la columna de agua), trabajando en distintas profundidades. Mi primer pique fue de un ejemplar de 1 kg que me dio una pelea inolvidable, pero mucho más me sorprendió su deformidad en el lomo fruto de su columna desviada. Tras él, siguió una linda racha de capturas de pejes de 700 a 900 gramos, que preferían el lento garete de mis boyas al conjunto fijo de mi compañero.

Sueño cumplido

Cuando se corta el pique, hay que moverse. El silencio de los motores eléctricos (únicos permitidos) hace ideal este trabajo de movilización constante, para correrse unos metros y volver a intentarlo. Así, logrando una o dos capturas y corriendo el bote unos metros, fuimos pasando un día inolvidable donde cada ejemplar era un trofeo.

Por la tarde separamos las embarcaciones. Mientras Leo y el Polaco se quedaron explorando los límites del espejo (la laguna está boyada y hay un área privada que pertenece a un campo lindero), con Ramiro trabajamos unos claros a la izquierda del embarcadero. Paradójicamente, allí donde las líneas de tres boyas podían garetear mejor, fue el momento ideal de las X-15, también hechas por Leo Altieri con zanahoria y yo-yo Doble-T, que le facilitaban la tarea a un pejerrey perezoso para picar pero bravo en la pelea. Ramiro logró un ejemplar extraordinariamente gordo y yo también tuve suerte con dos ejemplares que pasaron el kilo. Uno capturado con mi X-15 a distancia, y el otro ¡debajo del bote! Es que me hallaba encarnando el anzuelo de arriba con el resto de la línea colgando al costado del bote y en eso siento un tirón fuerte hacia abajo e instintivamente, con la línea en la mano, clavé pegando un tirón. Una enorme flecha de plata salió disparada hacia el centro del claro, abrí el pick up y con estrella regulada pude disfrutar esta insólita pelea iniciada bajo mis narices e izar un matungazo de 1,200 kg con el copo. Sueño cumplido.

100_2370

El día en un ámbito así que entrega tantas emociones, se pasa volando. Al llegar al embarcadero nos reunimos con Leo y el Polaco y compartimos experiencias con aficionados de Dolores, Nicolás Lucca y Mauricio Grillo, que también habían regresado con excelentes capturas, a razón de 15 a 20 piezas por lancha, pero todas de 800 gramos en adelante. Con ellos tendríamos promesa de revancha en la segunda jornada.

Tras hacer noche en una hostería de La Dulce, amanecimos otra vez con pronóstico de lluvia, en una media jornada donde pescaríamos solo hasta el mediodía.Repetimos el circuito: mateada en La Galesa, juntada con los pescadores dolorenses, y a seguir a Peto Mikkelsen, encargado de la laguna, hasta el predio, pues él abre la tranquera. Solo dos botes pescaríamos ese día. Pero por desgracia, pese a contar con los aparejos adecuados y tener toda la laguna a disposición, los piques que tuvimos fueron solo de dientudos. Emprendimos el regreso desconcertados. ¿Cuál sería el verdadero parámetro de la laguna, el de la fiesta del día anterior o el del sapo de esta segunda jornada? En eso cavilábamos en la ruta junto a Leo y el Polaco cuando recibimos el llamado de Peto: “¡Muchachos: los chicos de Dolores metieron uno de 1,800 kg y otro de 1,600 kg!”. Pero ya era tarde, el registro quedó a manos de nuestros pescadores amigos, que lograron 12 piezas todas después de las 15 horas, cuando el peje se largó a comer.

Un espejo para cuidar

Así es Laguna Del Sol, un ámbito con reglas propias que invita al pescador a trabajar pero que da buen premio: pejerreyes soñados que justifican cualquier espera y esfuerzo. Y en un contexto de lagunas bonaerenses con tanta presión de pesca, creemos que en la medida en que sus concesionarios mantengan el celo de permitir un acceso regulado y con cupo de extracción limitado, este ámbito seguirá entregando alegrías supremas a los pescadores que tengan la fortuna de visitarlo. No es –queda claro– un espejo que resista mucho movimiento de pescadores. Su desconfiado pejerrey suele ponerse esquivo cuando el sitio está muy movido. Por eso esta pesca-cacería resulta tan apasionante. Visitarla es enamorarse. Y pensar en volver.

Nota publicada en Weekend 527, Agosto de 2016.

MERINO

Deja un comentario