Un camino hacia lo desconocido

Sensaciones de la primera experiencia de una inmersión en aguas abiertas. Cursos necesarios para iniciarse en la actividad. Claves elementales para la elección del equipo.

Por

Fue el viaje soñado junto a 6 amigos. Y el condimento justo para cerrarlo con esta experiencia nueva para mí. [ Ver fotogalería ]

Hace ya varios años recuerdo que iba caminado desde mi casa a la escuela por las mismas cuadras de todos los días y se me cruzó por la cabeza: “¿cuántas veces habré pisado las mismas baldosas y en el mismo lugar?” Es sabido que el agua en la Tierra es un 71% de la superficie, es decir: tres cuartas partes de nuestro planeta se compone de
agua, ese espacio que jamás se podría conocer si no buceamos y ese dato me revolucionó.

Mundo subacuático 
Con un poquito de ayuda y empuje de amigos me decidí por comenzar el curso Open Water Diver de Padi, el cual da nombre a toda una serie de certificaciones que acreditan el nivel de buceo de la persona, y es el que entrena para que sea un deporte seguro. Al comienzo pensaba que bajo el agua me iba a sentir con claustrofobia, encerrado y sin aire, pero todos esos miedos desaparecieron en el primer momento que estuve dentro del agua. Recibí de esa experiencia inicial paz, tranquilidad y equilibrio. El encierro se convirtió en un nuevo mundo de espacios infinitos donde solo se podía escuchar el propio sonido de la respiración.

En la búsqueda de contar con las bases sólidas es que, por recomendaciones, me dirigí a rendir este curso en su etapa final a la ciudad de Córdoba, donde conocí a una gran persona, Gabriel Bergonzi, entusiasta y comprometido con este deporte, quien me brindó las herramientas más sólidas para empezar con el pie derecho. Él con su experiencia pudo transmitirme tranquilidad y responsabilidad para tal aventura. En Córdoba realizamos cuatro buceos en dos días. Estuve en el dique Segunda Usina que se encuentra en el valle de Calamuchita, y el segundo día en La Cascada, en el dique Piedras Moras, Río Tercero, donde pude bucear alrededor de un edificio sumergido, construido en 1914.

Seleccioné el equipo que me iba a acompañar por futuros buceos. Para contar con la luneta o máscara, tuve en cuenta las que son con vidrio templado por su resistencia a los rayones, también que sea de silicona ya que son más durables, y el ángulo del lente para contar con mejor visibilidad en la parte inferior que se torna más limitada cuando estamos con todo nuestro traje. Con las aletas me interesaba tener un mejor dominio y preferí un modelo no tan blando, ya que las más duras proporcionan generalmente mayor velocidad y eso me daba confianza. El chaleco era muy importante y seleccioné uno de mi talle que fuera cómodo y, sobre todo, liviano para los momentos de viaje, intentando que el equipo no sea ni voluminoso ni pesado.

Primera experiencia 
Pasada la certificación ya estaba programado un viaje a Orlando, Florida, en septiembre, a la feria internacional Surf Expo. Una vez llegados a los Estados Unidos, con un grupo de amigos viajamos desde Orlando a la isla de Key West, Florida, donde tendría mi primer buceo en aguas abiertas. Es un lugar paradisíaco, muy bien preparado para este deporte, ya que ofrece abundante coral y vida marina como peces loro, barracudas, pargos y pelágicos de aguas profundas.

Nota publicada en la edición 518 de Weekend, noviembre de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

20 de noviembre de 2015

Un comentario en esta nota

Deja un comentario