Mar Chiquita: la boca del lenguado

Pese a la inestabilidad climática, la albufera tuvo un prematuro arranque de temporada para el lenguado. Técnicas y consejos útiles.

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Una muy buena captura. FOTO: Paco y Ezequiel García. [ Ver fotogalería ]

Enterrado en el veril y camuflado en el lecho de arena del cual toma su color para desaparecer en su improvisado apostadero, el lenguado espera a metros de la boca de
la albufera de Mar Chiquita. Es un buen momento, plena bajante, y la correntada acerca incautos pejerreyes a su posición. Al fin, un juvenil de 15 cm llega derivando aguas abajo con un extraño movimiento que denota una natación poco frecuente, como a tirones. Cuando lo tiene a tiro, el lenguado golpea con la aleta caudal el fondo y en un movimiento de látigo estira su boca protráctil y muerde el cebo. A 30 metros de distancia, un pescador siente el sacudón en su caña y controla su ansiedad… sabe que el lenguado come en dos tiempos, primero ataca y luego engulle. Por eso deja pasar unos segundos y finalmente clava firme dando inicio a una fantástica batalla.

Esta escena comienza a repetirse cada vez con más frecuencia en la boca de la albufera de Mar Chiquita –sitio emblemático para esta pesca–, que tras un arranque irregular de temporada, se va afianzando en los rindes día a día. De ello dieron cuenta nuestros
amigos Paco y Ezequiel García, de Videopesca, quienes comandaron este relevamiento justo antes de una tormenta que iba a dejar el ámbito alterado varios días.

El pescador debe aprovechar al máximo los momentos más rendidores para esta pesca, que son los que van de la máxima hacia la bajante, y también en el parate de agua hacia las dos primeras horas del repunte. Es importante llevar pejerrey bien fresco, entero de unos 12 cm, o también usar filets del mismo en una sola pieza o cortado en dos tiras (2 cm de ancho por 6 de largo) para los que usan anzuelos en tándem.

Líneas y equipos 
En cuanto a los aparejos, pueden ser de línea simple de fondo, con una brazolada larga pendiendo de un esmerillón a 50 centímetros de la plomada. A dicha brazolada le pondremos en el medio una boya aceitunada o doble cono chica, que eleve la carnada, y a la que haremos jugar entre nudos corredizos y perlitas, para subirla o bajarla según convenga.

El remate de la brazolada es en un anzuelo triple que irá en la mitad del pejerrey y un anzuelo simple tensor que se hace correr sobre nudos corredizos en la misma brazolada del triple, y que irá fijado en la cabeza del pejerrey. Esto logra una presentación natural. En esta pesca también funcionó la línea de dos brazoladas, con una superior que no lleva boya y es más corta (unos 60 cm) y en cuanto a la inferior que lleva boya puede andar en 1,10 metros.

Se usan cañas de dos tramos, de 3 a 3,20 m, preferentemente de acuerdo con el largo de líneas que utilizamos, y de 15 a 35 libras (1 libra: 0,453 kilos) de resistencia, que nos darán garantías frente a una torta de más de 8 kilos que exige una buena clavada. En
cuanto al reel, un rotativo tipo 5500 o uno de perfil bajo con capacidad de 150 metros de nailon o multi del 0,20 mm andará de maravillas. Si usamos nailon, que sea del 0,35 de buena calidad.

Nota publicada en la edición 518 de Weekend, noviembre de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

12 de noviembre de 2015

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