Misiones tierra adentro

De Andresito a Puerto Libertad, la Ruta de la Selva propone una alternativa a las clásicas cataratas, en pueblitos con
caminatas, saltos y avistaje de aves en lodges y localidades bien criollas.

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La navegación en semirrígidos hacia el salto Yasy, en Puerto Bemberg. [ Ver fotogalería ]

El  verde intenso domina, y en el silencio húmedo de sus entrañas quedamos mudos. Es la selva prodigiosa, la madre de todas las cosas aquí. Sobre la furia de su suelo rojo se recrea el ambiente que habita los ojos y las razones del misionero, sean viejos o changuitos. Una identidad prolongada a la treintena de etnias guaraníes, a criollos de piel curtida ataviados con facón, a colonos de ojos claros descendientes de europeos. Todos se reconocen en este ecosistema frágil e irrecuperable. Por eso la Ruta de la Selva se propuso enlazar varios pueblitos de exuberancia única, y revalorizar desde el turismo la conciencia de visitantes y locales descreídos sobre la naturaleza que protege la fauna en extinción, cobija ríos, saltos y vertientes, da vida a la flora autóctona y es el reparo de senderos que van más allá de las multitudinarias Cataratas del Iguazú.

Integración 

La declarativa fue tajante, y no se quedó en discurso. Misiones unió con esta ruta áreas protegidas parques nacionales y provinciales que suman más de un millón de hectáreas,
integrando seis departamentos y 30 municipios, pudiendo ser visitada desde ocho portales. Bien al norte, en el pueblo de Comandante Andresito, un lodge se levantó en medio de la jungla, respetando los sonidos urgentes de la selva, sus ríos lechosos, los cortinados de palo rosa, los animales salvajes y las comunidades nativas rodeadas de cosecheros de yerba mate y sonidos de chamamé.

Pueblo joven y de alguna manera aún en formación, llegó a la vida en los años 70, ante la necesidad de un paraje de frontera que dividiera la selva entre la Argentina y Brasil. Fueron los colonos los que a la vez permitieron la entrada de la mandioca, el maíz, los porotos y los cítricos, pero la yerba le dio el gran impulso, y tras 40 años Andresito presume ya de sus 19 mil habitantes.

Pero la historia cambió de veras en el 2000 con la creación del Corredor Verde, la franja que al norte integran los parques provinciales Yacuí, Urugua-í y el PN Iguazú; al este la Reserva de Biosfera Yabotí y los Parques Esmeralda y Moconá; y al sur las áreas de Salto Encantado y Valle del Cuña Pirú, que cubren un tercio de la provincia.

Turismo a conciencia 

“Nos sumamos a la iniciativa con el primer lodge de selva, un lugar placentero, pero protector del medioambiente. Este es uno de los últimos rincones vírgenes en manos privadas, y queríamos que fuera lo máximo, pero ceñido al concepto de sustentabilidad”, cuenta Charly Sandoval, su creador.

De inmediato llega Cielo, guardaparque y guía nacional, encargada de los senderos agrestes. No está sola. Berá (“el que brilla”, en guaraní), la acompaña. Nativo de la comunidad vecina, es uno de los guías auxiliares de Yacutinga, y ahora espera junto a la piscina a centímetros de una iguana inmensa de franjas negras y blancas.

Nota publicada en la edición 516 de Weekend, septiembre de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

14 de septiembre de 2015

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Un comentario en esta nota

  1. Echegaray , Edgardo Hernan | 15/09/2015 | 6:23 PM

    Me gusto este articulo porque se ve que no primaron los intereses comerciales en este emprendimiento. Olvidaron marcar en el mapa la ubicacion de Puerto Bemberg y el salto Yasi.

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