Sabores y colores de La Rioja

Entre Vichigasta y Pituil, una cabalgata ladeando viejas vías del ferrocarril hasta la “Cueva de Chacho”, comida campera incluida.

Por

Atardecer en La Puerta, sobre la sierra de Vichigasta. [ Ver fotogalería ]

La bota del Chacho logró encastrarse en la arenisca roja, a punto de desprenderse. Un paso salvador hacia las profundidades de la cueva. Otra vez, la ira del Mayor Pablo Irrazábal, y del propio Domingo Faustino Sarmiento rumiaría, inconclusa. Era sabido: les iba a costar de veras deshacerse del caudillo riojano al que el pueblo entero, y la propia naturaleza de Los Llanos, siempre protegía.

Hacia allí cabalgamos ahora, rememorando en el silencio de la sierra, entre pencas y algarrobos, la lucha de ese hombre que habitó estos suelos y fue la voz de la dignidad de tantos provincianos. Como él, nosotros tampoco estamos solos. Nos guían pobladores de
Los Colorados, el errante pueblito de durmientes convertidos en casas, con cabritos a cada rincón y que se enorgullece de su comuna y su cooperativa, nacidas a orillas del viejo ramal ferroviario, donde su agrupación gaucha rinde culto al gran Ángel Vicente Peñaloza.

Temprano nomás, esos puesteros de día completo alistaron los animales y sus mujeres desempolvaron camisas relucientes para la ocasión, aunque el traqueteo de los caballos ahora envuelva todo en una bruma que oculta al mismísimo Nevado de Famatina. El solcito, por suerte, acaricia ya los cuerpos y atenúa los -2 ºC de una mañana en la que
hubo que frotarse las manos para sentirlas allá por los callejones de olivos y vides del Valle de la Puerta. Una amplitud térmica que da vida a una de las fincas más bellas como productivas de la zona, nuestra base para esta aventura de pura cepa riojana.

Volver a los orígenes 
“Jarilla del camino, amigos, y mucha pasión, ese es el secreto de esta receta”, dice el chef Hugo Veliz, transformado ya en jinete de la tropa, mientras frenamos y acomodamos los pellones. Él también se ha sumado a la travesía, y no lo ha hecho a la ligera: vamos a
preparar una comida emblemática de estos pagos, ahumada a la jarilla y justo en la boca de la cueva de Peñaloza, una de las visitas posibles que el pueblo local ofrece a los visitantes.

Toma su machete y un changuito, hijo de Ricardo, el encargado de encender cada día el generador que da energía a los sesenta y pico de pobladores de Los Colorados, le da una mano. Los demás cargamos alforjas repletas que esta mañana Veliz llenó con cuanto yuyo y olla encontró. Ricardo se ríe, y el resto de los crianceros, ahora montoneros, no dejan de chancearlo. “Quien te dice hermano, juntamos unos pesos y compramos un aparatito de estos para controlar las cabras mientras nos quedamos mateando”, bromea
otro al ver el dron con el que hacemos algunas tomas aéreas.

Además de la Cueva del Chacho, hacia el Km 1.116 de la R74 (apenas a dos del pueblo)
se visitan Los Petroglifos, ya que mucho antes de la llegada del tren que dio vida al pueblo, esta región fue ocupada por comunidades sanavironas, que dejaron sus evidencias en el arte rupestre y labraron las rocas formando morteros para moler alimentos. Esto, junto a las casas de durmientes y vías del viejo ferrocarril General Belgrano, otorga a Los Colorados la categoría de Parque Cultural , un nuevo atractivo turístico de La Rioja.

Nota publicada en la edición 515 de Weekend, agosto de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

21 de agosto de 2015

Un comentario en esta nota

Deja un comentario