Formosa: el río Paraguay muestra lo suyo

En el río Paraguay y a la altura de Formosa, una pesca variada, divertida y con portes sumamente atractivos. Dorados, chafalotes y surubíes.

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Cuando repasamos pesqueros del país que nos resultan emblemáticos, nuestro pensamiento fluye hacia la Patagonia con sus salmónidos, el río Paraná para surubíes y dorados y algunos tramos del río Uruguay, pero quizás por desconocimiento no incluimos a la provincia de Formosa.

A través de estas líneas trataremos de desgranar algunos motivos por los que consideramos que este destino de pesca y turismo outdoor no debería faltar en nuestras agendas cuando buscamos alternativas de calidad y en un entorno natural único.

Junto a mi amigo Eduardo Falchi arribamos al aeropuerto de Formosa bajo una llovizna
intermitente. Teníamos previsto llegar al hotel, preparar equipos y salir temprano al otro día hacia El Bañado La Estrella (distante a 400 km de la ciudad de Formosa, que sería nuestra base de operaciones). Fabián (nuestro enlace en Formosa y quien nos acompañaría durante nuestra estadía) nos informó, mientras nos trasladaba al hotel, que desde El Bañado sus contactos de fauna le informaron que llovía desde el día anterior y que los caminos se volvieron intransitables. De inmediato se optó por el plan B: partir desde la laguna Herradura en dos lanchas hacia los pesqueros que el río Paraguay atesora sobre su curso.

Previamente, en charlas con Reinaldo Sapo Saporiti, conductor del programa El Anzuelo TV y baqueano del río (quien sería uno de nuestros guías en las salidas), nos comentaba que no esperáramos tamaños impresionantes, pero que dorados de seis kilos estaban
saliendo sin problemas, aun con el río alto.

La pesca 
Siete y treinta de la mañana puntual, Fabián nos pasó a buscar por el hotel acompañado de Pepe Flash, quien sería nuestro segundo guía. Pepe es otro conocedor de las aguas formoseñas y pesca en su lancha absolutamente todos los días.

Ya en la laguna de Herradura, la lancha de Saporiti se hallaba en el agua, y con José, nuestro último acompañante, estaban tomando unos mates con el motor al ralenti, esperándonos. Una vez sobre el curso del río y comprobando que un fuerte viento sur llenaba de corderitos y olas importantes el cauce principal, decidimos ir aguas arriba y probar en unas correderas que se formaban cerca de la costa.

Los primeros intentos serían en la modalidad trolling con señuelos de colores claros, tamaño de 15 a 19 cm y paleta de media agua, equipados con triples reforzados. Tal vez hubiera convenido otorgar un poco de misterio, tensión o incertidumbre a la primera pasada que hicimos, pero la realidad fue todo lo contrario. Tuvimos piques de inmediato y en la vuelta inicial, al remontar la corriente, se dio un chafalote mediano en la caña de Eduardo. El ataque del pez es tan violento al principio que hay grandes probabilidades de que venga enganchado de la cabeza, ya que por su velocidad se pasa en el intento de golpear el engaño. No iba a ser el único pirá yaguá (como también se denomina al chafalote) que subiéramos a las embarcaciones, sino que el pique fue constante y con tamaños que llegaron casi al metro de largo en algunos casos. Una dentadura intimidante, cola poderosa, cuerpo extenso y plano de un plateado brillante con un lomo tornasolado azul verdoso: un pez ultradeportivo que no se entrega en ningún momento.

Nota publicada en la edición 515 de Weekend, agosto de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

14 de agosto de 2015

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