Tapalqué entre buenos amigos

Última cacería de temporada en la zona de Tapalqué, a 275 km de la Capital Federal. Asado y campos bien poblados de perdices.

Por

Excelente muestra de Jeffe mientras Kelly consiente (apadrina). [ Ver fotogalería ]

La invitación estaba pendiente desde hacía tiempo. El año pasado el clima no nos dio
oportunidad: las intensas lluvias del invierno anegaron la mayoría de los campos. Este
año las condiciones se presentaron mucho más favorables para la caza menor. Un otoño benévolo, con temperaturas primaverales y un régimen de lluvias normal auguraba una buena temporada. Las salidas realizadas en el inicio mostraban una interesante cantidad de ejemplares y una pichonada precoz hablaba a las claras del número de posturas que habían realizado las perdices.

Unos amigos de España arribaban a nuestro país, atraídos por la inmensidad de nuestras llanuras, bien pobladas de perdices y liebres. Entonces llamé a mi primo Julio para confirmarle que llegábamos a Tapalqué. Elegí esta zona debido a que la mayoría de las explotaciones se limitan a la ganadería y, por consiguiente, abundan los cuadros con pasturas naturales, pajonales y algún rastrojo de escasas dimensiones, que dejan remanentes de semillas y aseguran abundancia de perdices en sus alrededores. Pero el hombre propone y Dios dispone. Nuestros hermanos ibéricos tuvieron un problema laboral y debieron adelantar su regreso.

Como ya tenía el viaje organizado, se me ocurrió llamar al amigo Luis Festa para volver a compartir una nueva aventura. Sabiendo lo mucho que hay que insistirle a Luis para hacer una salida de caza, comencé a preparar las cosas para el viaje e incluí una escopeta para él.

Llegamos alrededor de las 10 de la mañana a Tapalqué, y Julio, luego de cargar parrilla y algunos enseres, nos llevó a un campo muy próximo al pueblo. El día se presentaba soleado pero con un fuerte viento del sector suroeste. En esta oportunidad llevé a 4
ejemplares de mis caniles. Una pointer de 3 años, Kelly, y tres setters: Jeffe, Víctor y Wanda. De los cuatro, solo Jeffe y Kelly estaban ya adiestrados para la marca y el cobro de las perdices, mientras que Víctor y Wanda (ambos de menos de 1 año) estaban haciendo sus primeras salidas.

El campo presentaba zonas de paja brava bastante alta. Ello sumado al fuerte viento dificultaba el trabajo de los perros, variándoles la intensidad y dirección de las emanaciones. De todas formas hicieron unas cuantas muestras excelentes y pudimos
abatir los primeros ejemplares.

Después del mediodía 
Por la tarde, volvimos a cazar y a pocos metros de salir Jeffe quedó en muestra sobre una emanación y cambió totalmente su actitud, guiando con visible nerviosismo sin darme tiempo a llegar. No entendía lo que pasaba, ya que estábamos en un potrero de pasto muy ralo, y antes que lo pudiera llamar levantó una perdiz colorada que lo transformó totalmente, era como si hubiese visto a su peor enemigo. Comenzó una serie de cuarteos a gran velocidad y desoyendo mi llamado, como buscando el desquite. Tuve que traillarlo y guardarlo un rato en uno de los caniles para que se tranquilizara y cambiara de actitud.

Nota publicada en la edición 515 de Weekend, agosto de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

11 de agosto de 2015

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2 comentarios en esta nota

  1. er | 14/08/2015 | 12:47 PM

    Deberíamos largar a estos mamarrachos criminales a los campos y hacer lo mismo que hacen con los animales.

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