Un tractor que no se detiene

La pesca con mosca de carpas grandes y peleadoras en los ríos Negro y Limay. El futuro de una especie sumamente deportiva. Nota con video.

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Una carpa robustísima del Limay Inferior. FOTO: D. F. y Pablo Saracco. [ Ver fotogalería ]

¡Carpas en la Patagonia! Un tema candente por estos días, algo que sorprende teniendo en cuenta que este pez cuenta, como mínimo, con 30 años de presencia en la región. Su ingreso a la cuenca del río Colorado se dio a mediados de la década del ‘80 cuando el río Curaco, portador del sistema Desaguadero/Salado y columna hídrica de la región cuyana, desbordó a la altura de la reserva Pichi Mahuida. En la cuenca del río Negro, el primer registro científico data de 1995, y siempre se atribuyó a una siembra para combatir algas en sus canales. Hoy, biólogos de la Dirección de Medio Ambiente de Coronel Roca no descartan que pueda haberse dado como un trasvaso natural entre el Colorado/Negro, durante una creciente excepcional.

En esta última cuenca lo único que detuvo su migración aguas arriba fueron las represas: Arroyito sobre el río Limay Inferior, y el Ingeniero Ballester sobre el río Neuquén. También se habla de introducciones o fugas, muchas décadas atrás, en el Parque Nacional Nahuel Huapi. Durante la década del ‘90, mientras estudiaba Acuicultura en la Universidad del Comahue, varios profesores me hablaron sobre avistajes de carpas koi (variedad ornamental de Cyprinus carpio) asilvestradas en el lago, lo mismo que fugas accidentales de estanques o juveniles desechados por acuaristas. Las mismas no generaron poblaciones, ya que las bajas temperaturas inhiben el desarrollo de las gónadas durante el período crítico de invierno/primavera, en que necesita un mínimo de 17 ºC. En la zona de El Bolsón, cuenca del río Puelo, las autoridades de Chubut ven con preocupación la proliferación de estanques con esta especie. Daniel Wegrzyn y Silvia Ortubay, en su libro Salmónidos en Patagonia, citan una fuga sobre el río Futaleufu, aparentemente sin consecuencias.

Por su rusticidad, plasticidad y alta fecundidad, la carpa nunca pudo ser erradicada una vez que ingresó a un ambiente. La introducción de depredadores para controlarla, u onerosos programas de pesca dirigida, tuvieron resultados entre dudosos y desastrosos. Los únicos casos donde hubo éxito fue en ambientes pequeños, donde se exterminaron químicamente a todos los peces, y luego se reintrodujeron los nativos. Un mito con respecto a la carpa es que sus huevos se adhieren al plumaje de las aves, permitiendo la colonización de nuevas áreas. Esto es falso: sus huevos no son adhesivos, y resultan muy frágiles a los cambios de temperatura o la exposición al aire.

Por todo lo descripto, la carpa en Patagonia representa, por un lado, una gran oportunidad, y por otro una gran responsabilidad. Responsabilidad para articular los
medios necesarios para impedir un aumento en su distribución. Y oportunidad, porque se trata de una especie extremadamente deportiva, y en las zonas donde está instalada su pesca puede contribuir a las economías regionales sustentables. La carpa es un organismo exótico, como hay decenas en Argentina, que requiere de un debate multidimensional, sin reduccionismos o simplificaciones. Mostrar de qué se trata, como pez deportivo reconocido por el propio Reglamento Continental Patagónico, es uno de muchos y el objetivo de esta nota.

Nota publicada en la edición 512 de Weekend, mayo de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

14 de mayo de 2015

Un comentario en esta nota

  1. carlos arzubiaga | 17/05/2015 | 8:20 AM

    Realmente da gustoleer un articulo de este muchacho,combina erudicion,experiencia y profesionalismo,amen de ser un gran pescador.-Evidentemente no hace falta ser viejopara ser sabio.-

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