Nutria vs castor: invasión imperfecta

Cómo alteraron el ecosistema estas dos especies introducidas en la Argentina y los Estados Unidos.

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La nutria o coipo, natural en la Argentina e introducida en los Estados Unidos. FOTO: Cedoc Weekend. [ Ver fotogalería ]

La interacción del hombre y del medio ambiente se caracteriza porque este último constituye un sistema neutro y pasivo que se limita a proveer los recursos naturales que resultan indispensables para la subsistencia del género humano. Por su parte, el hombre
desarrolla una actividad nociva y destructora del ecosistema, provocando la desaparición progresiva de especies animales y vastas superficies boscosas, sin que para ello resulte óbice el conocimiento de la función purificadora de la atmósfera que desarrollan los árboles. No pretendo en este acotado espacio extenderme al respecto, sino referirme a un caso puntual que demuestra los dislates en que ha incurrido el hombre, que por distintas razones altera el hábitat e introduce especies animales y vegetales sin verificar el impacto que puede ocasionar.

La invasión del fin del mundo 
El castor es un gran roedor originario del Hemisferio Norte (Castor canadensis) y de Europa (Castor de Kellog). En el año 1946, la Armada Argentina introdujo 25 casales en la isla de Tierra del Fuego, que rápidamente colonizaron favorecidos por la abundancia de ríos y lagos, hasta alcanzar en la actualidad un número que se calcula en los 100.000 ejemplares. Los científicos advierten que no se encuentra lejos el día que por razones de presión demográfica o acción humana crucen la barrera natural del Estrecho de Magallanes y se extiendan por ambas laderas del bosque andino patagónico; las consecuencias serán catastróficas.

El trampeo y caza con armas de fuego no han sido suficientes para impedir su proliferación, ya que históricamente se ha demostrado que es la caza comercial la que extingue o acota las especies. Las recompensas por cuero ofrecidas por entes
oficiales, por su escaso monto representa una propuesta que no atrae a los cazadores, máxime en un clima hostil y una superficie dificultosa que no compensan el sacrificio.

El daño del ecosistema consiste en que, por un lado, roen con sus dientes incisivos y destruyen árboles como la lenga y el ñire. Después llevan la madera a los ríos y construyen diques casi perfectos, que le servirán como estrategia defensiva al estar dentro de sus madrigueras de piedras y troncos. Esos diques de madera hacen que muchas zonas –especialmente las rurales– hoy se encuentren inundadas, con los árboles cercanos podridos. Así, el bello paisaje de verdes oscuros y vivaces pasó a estar conformado por lagunas pequeñas con árboles grises a punto de morirse.

Las especies arborícolas autóctonas como el ñire y la lenga demoran muchos años en crecer y reproducirse, y por ello en las zonas invadidas la deforestación es inmediata.
Por el contrario, en el Hemisferio Norte construyen sus diques y se alimentan con especies de rápido crecimiento y, por ende, la reforestación demanda tiempos breves,
reponiéndose los ejemplares destruidos. Tampoco existen en nuestro extremo austral depredadores naturales como el lobo y el oso.

Nota publicada en la edición 511 de Weekend, abril de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

28 de abril de 2015

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