En busca del macá tobiano

Un viaje por el noroeste de Santa Cruz, a través de la desolada ruta 41 hasta este recién inaugurado Parque Nacional habitado por el extraño macá tobiano, una especie en peligro extinción.

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La ruta 41, a la altura del Lago Ghio. [ Ver fotogalería ]

Sobre el ripio, las Toyota levantan una nube de polvo. Acelerando a casi 100 km/h, las tres camionetas serpentean entre el paisaje de mesetas y lagunas que se orilla a las alturas cordilleranas en el noroeste de Santa Cruz. Hace ya un par de horas que hemos salido de Los Antiguos, una pequeña localidad situada sobre la costa austral del enorme Lago Buenos Aires que marca el comienzo de la ruta provincial 41, tal vez la más desolada de las carreteras que atraviesan la región occidental patagónica. Por allí, por ese camino casi perdido en las cartografías, viajamos hacia el Parque Nacional Patagonia, un área natural protegida creada muy recientemente para preservar la biodiversidad de la meseta del Lago Buenos Aires en cuyo corazón geográfico habita el macá tobiano, una muy extraña ave endémica de Santa Cruz que se encuentra en grave peligro de extinción.

Palabra de experto

“Actualmente quedan tan solo 800 ejemplares de macá tobiano y la mayoría de ellos viven en las lagunas de esta zona de mesetas”, explica Pablo Hernández, un naturalista abocado desde hace años al estudio de esta especie de ave. Tan apasionado como didáctico, Hernández es casi el líder espiritual de nuestro grupo formado por unos cuantos periodistas y fotógrafos curiosos que llegamos al lugar en el marco del plan de conservación de biodiversidad de Toyota. Pensando en el macá tobiano, voy preparando el mejor de mis lentes.

A poco de salir de Los Antiguos, apenas dejando atrás la zona del río Jenimeni que marca el paso fronterizo hacia Chile, la ruta 41 empieza a correr en forma paralela a la cordillera andina. En un principio, el rumbo atraviesa paisajes de bosques en los que crecen lengas y ñires. Luego, la geografía se hace más desértica, más esteparia, con enormes formaciones de roca sedimentaria que se levantan a un lado y al otro del camino como si se tratara de gigantes que custodian el paso de los pocos autos que se aventuran por este sitio en el que siempre silba el viento. “Por acá no hay casi nadie, salvo algún puestero y un par de estancias donde se crían algunas ovejas. Es un lugar en donde la soledad se te hace carne, se te prende en la piel”, grafica Pablo Hernández, habituado a esta vida de pocas compañías.

El ripio está en buen estado y las tres Toyota pueden acelerar sin problemas, pero el paisaje obliga a detenernos varias veces. Siempre hay una laguna, un río o una montaña a la que vale la pena fotografiar. Después de la enésima parada llegamos a El Portezuelo, el punto más alto de toda Santa Cruz, ubicado a 1.500 m sobre el nivel del mar. Desde allí la carretera sigue hasta Paso Robillos y comienza a desviarse hacia el oriente, alejándose de la frontera con Chile. Media hora después, ingresamos al Parque Nacional Patagonia.

Nota publicada en la edición 511 de Weekend, abril de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

31 de marzo de 2015

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