Colonia del Sacramento: tan linda, tan cerca

Disputada por portugueses y españoles en tiempos virreinales, mantiene su fisonomía intacta y brinda sus riberas para el descanso y la práctica de deportes náuticos.

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El Portón de Campo, recuperado entre 1968 y 1971, conserva aún restos de la antigua muralla, el puente levadizo y algunos cañones. FOTO: P. D. y Cedoc Weekend. [ Ver fotogalería ]

Fundada por los portugueses y disputada por los españoles durante la época del virreinato, Colonia del Sacramento es un punto obligado de visita para los argentinos, atraídos por sus calles apacibles, la cercanía con Buenos Aires –apenas 45 km– y su
aspecto de cuento de hadas.

Esa belleza antigua que trasunta no es casualidad, ya que en 1995 su casco histórico –compuesto por 12 ha– fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: desde entonces no se pueden cambiar fachadas ni asfaltar las calles adoquinadas, perdurando cual pueblo encantado.

Así se refleja exitosamente la fusión entre los estilos arquitectónicos portugués, español y post colonial. En su trazado se mezclan calles angostas de piedra con drenaje en el centro, las que tienen veredas, adoquines y zanjas, más las asfaltadas. Las casas, algunas convertidas en restaurantes, cafés y atelieres de artistas, exhiben ese estilo tan particular de piedra a la vista y revoque liso, con ventanas enrejadas y puertas de madera gruesa.

Colonia fue creada como un bastión militar en 1680 por Manuel Lobo. Todavía se conserva la muralla de fortificación –hecha con granito traído desde la brasileña Bahía– con la cual se protegía de los embates colonialistas, aunque su historia se encargó de demostrar que no siempre tuvieron éxito. Su Basílica del Santísimo Sacramento era el lugar elegido por los portugueses para esconder la pólvora, hasta que ésta explotó por la caída de un rayo. Solo se conserva una columna original.

El faro
Se encuentra a pocas cuadras y se alza desde 1845 sobre las ruinas del Convento de San Francisco, construido en 1694 y destruido por un incendio en 1704. Se recomienda subir los dos pisos que toma el recorrido de escaleras, para llegar hasta la lámpara del faro y contemplar la fantástica vista de esta ciudad de casas bajas, tan particular que tiene cuatro iglesias católicas, todas muy sencillas, y un solo cura párroco. ¡Ah! La hora pico de tránsito es a las 17, cuando una parte de sus 30.000 habitantes (los padres) van a buscar a los chicos a la salida de la escuela.

Este sitio tiene un encanto particular, con techos de tejas hechas a mano y nombres pintorescos en la calles, como De los Suspiros –sobre la cual estaba ubicado un prostíbulo– y los vestigios del fuerte original en la Plaza Mayor del 25 de Mayo.

Náutica, pesca y delicias
Por tratarse de una localidad ribereña, muchos llegan a Colonia en sus propios barcos, como una salida de fin de semana, y aprovechan el amarre en el Club de Yatching y Pesca para permanecer por unos días. Es destino de diversas regatas y ofrece sus playas para el descanso. También se puede dar rienda a la pasión por la pesca, y practicarla embarcada (hay pejerreyes y bogas). Incursionar en el golf es otra de las posibilidades, por tratarse de una actividad que cada vez gana más adeptos y de la
cual se dan clases en la zona.

Nota publicada en la edición 509 de Weekend, febrero de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

24 de febrero de 2015

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