Corvina negra: la especie más buscada

Una pesca difícil pero apasionante: además de hacer todo bien hay que contar con el factor suerte. Claves y lugares para darse el gusto.

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Al atardecer y en creciente: las mejores condiciones para tentar a las “moritas” en Piedra de los Vidaleros. A diferencia de la boca de la albufera, aquí podemos tener los vehículos al lado y armar el campamento. FOTO: Enrique Abbate. [ Ver fotogalería ]

El éxito de una pesca depende de muchos factores: elección correcta del lugar, utilización de equipos y carnadas adecuados, buen clima y vientos, dominio de la técnica de pesca acorde a la especie buscada y muchos otros imponderables. Pero en la pesca de la corvina negra, además de todo lo antedicho, el factor suerte es fundamental. Lo vivimos en nuestro relevamiento de la zona de Mar Chiquita, pescando en dos sitios emblemáticos para esta especie como son el cruce a playas de Celpa por la boca de la albufera y la famosa Piedra de los Vidaleros, al sur de Mar Chiquita.

Basta ver la innumerable sucesión de cañas en el agua, el despliegue de vehículos
4×4, campamentos que incluyen generador de energía eléctrica, o el esfuerzo de muchos aficionados “de a pie” que llegan a los sitios clave tras largas caminatas portando los equipos al hombro para preguntarse: ¿por qué una pesca tan difícil y sin garantías cuenta con tantos adeptos? La respuesta solo llega al concretar la primera clavada, cuando la corvina baja la caña como queriendo llevarse todo y el pescador logra hincar el anzuelo y sentir que del otro lado no se la van a hacer fácil. En ese momento el pescador quedará inoculado con un veneno por esta pesca que no se le irá de por vida.

Y no necesariamente hay que apelar a la “memoria emotiva” recordando ejemplares de otros años, de esos que se lograban a tiro de caña en General Lavalle y que solían pasar los 20 kilos, sino que el simple hecho de traer una sola morita (corvina pequeña de menos de 5 kilos) desde más de 100 metros en Piedra de los Vidaleros, hará que toda excursión esté bien pagada.

Piedra de los Vidaleros 
Para llegar a este punto hay que entrar a Mar Chiquita, tomar la últ ima calle paralela al mar, y dirigirse en vehículos con doble tracción con rumbo sur hasta el médano que da inicio a la playa. La cancha de pesca se extiende desde los 800 a los 1200 metros desde el médano citado. Se trata de un playón de tosca que se encuentra a unos 180 metros de la costa, por lo que muchos aficionados fondean la línea internándola con kayaks o barrenador. En nuestra visita, efectuada con los amigos Carlos, Charly Geier y la guía de Leandro Amadeo Ponce, fuimos testigos de peligrosas maniobras en tal sentido, con
aficionados que se dieron vuelta a considerable distancia de la costa. Por ello aconsejamos contar con práctica suficiente en kayakismo antes de internarse en el mar.

Esta zona de piedra y tosca, manifestación subacuática del sistema de Tandilia, se veía desde la costa hace unas décadas, en bajamar. Pero la construcción de escolleras y su consecuente depósito de arena hizo que ya no se pueda determinar el lugar exacto viendo la piedra. Allí entra a tallar el ojo entrenado del guía de pesca o pescador habitué, que detecta el sitio donde el mar rompe distinto, con olas más seguidas que vuelcan antes que en otras zonas y nos señalan que estamos en el sector indicado. Debajo hay afloramientos rocosos que concentran gran cantidad de crustáceos y cangrejos que son las golosinas de las Pogonias cromis (nombre científico de la corvina negra). Al respecto, un punto importante: está prohibida la utilización de dos carnadas muy efectivas para su pesca como el cangrejo de panza roja y la almeja navaja, limitada entonces la oferta del pescador a los langostinos.

Nota publicada en la edición 509 de Weekend, febrero de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

29 de enero de 2015

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